El pez guitarra se encuentra en una situación límite en las costas del Atlántico Sudoccidental. Esta criatura, que habita en los fondos marinos, puede alcanzar hasta 138 centímetros de longitud y se desliza sigilosamente sobre la arena, como una sombra de otro tiempo.
De acuerdo con la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, sus poblaciones están clasificadas como “en peligro crítico”. Históricamente, la principal amenaza ha sido la pesca, tanto accidental como dirigida, en sus modalidades industrial, artesanal y deportiva.
En la actualidad, una iniciativa en las costas de la provincia de Buenos Aires está uniendo a científicos y pescadores con el objetivo de recuperar el estado poblacional de esta especie, también conocida como melgacho o pez violín.

Los hallazgos de este trabajo están documentados en el filme Pescadores & Guitarras, que se estrena este jueves 4 de junio y es dirigido por Mariano Fernández. Dos biólogos marinos, Andrés Jaureguizar y Sebastián Gómez, lideraron la labor de campo: organizaron charlas en las playas y participaron en competencias de pesca deportiva y artesanal para promover la protección de la especie.
Este proceso logró un cambio concreto: se modificaron las reglas de dos concursos de pesca. Uno de ellos, considerado entre los más importantes de Sudamérica, ahora obliga a los participantes a devolver al agua todos los ejemplares de pez guitarra que capturen.
Un híbrido de tiburón y raya en riesgo
El pez guitarra presenta una apariencia que combina rasgos de tiburón y raya, y puede superar el metro de longitud. Es una especie vivípara: las crías se desarrollan en el vientre de la madre, que puede tener entre cuatro y doce ejemplares por camada. Durante la primavera y el verano, los adultos se acercan a la orilla para parir y luego regresan a aguas profundas. En esas épocas, su presencia en zonas costeras aumenta, y con ella, su exposición a las actividades humanas en el litoral.
Para alimentarse, el pez guitarra excava en la arena en busca de pequeños crustáceos y peces, que captura con su boca plana. Debido a sus hábitos discretos, suele pasar inadvertido para la mayoría de las personas. Solo los pescadores lo conocen bien. Su forma de vida lo convierte en un animal difícil de detectar: permanece cerca del fondo, se camufla con el entorno y se desplaza a poca profundidad cuando las condiciones le son favorables.

Las poblaciones de esta especie se han reducido drásticamente debido a la pesca sin regulación y a la falta de áreas marinas protegidas. El exceso de capturas y la presión pesquera han provocado que se pierda más del 80% de los individuos en un período relativamente corto. Esta presión, sumada a su bajo ritmo reproductivo, dificulta enormemente la recuperación de la especie y mantiene en alerta a los especialistas que monitorean su situación en el Atlántico Sudoccidental.
Diálogo entre ciencia y tradición
En declaraciones a este medio, Andrés Jaureguizar, doctor en Biología e investigador de la Comisión de Investigaciones Científicas (CIC) y miembro del grupo Ecosistemas Costeros del Sudoeste Bonaerense de la Universidad Provincial del Sudoeste, explicó:
“El primer desafío de la iniciativa que empezó hace dos años fue cambiar el chip del vocabulario para poder comunicarnos mejor con los pescadores y explicarles la situación crítica en la que se encuentran las poblaciones del pez guitarra”.
Jaureguizar añadió: “Eso hizo que los pescadores confiaran en nosotros y se empezaran a hacer cambios como lo que ocurrió en dos concursos de pesca, donde ya no se considera la captura de la especie”.
El experto confirmó que ya están realizando un seguimiento a largo plazo de las poblaciones para observar signos de recuperación.

“Como se trata de una especie con maduración tardía y pocas crías, la recuperación llevará mucho tiempo. No se verá en dos años ni en tres años. Pero creemos que, si logramos que se liberen más peces guitarra, las poblaciones van a tender a estar mejor”, afirmó Jaureguizar.
El documental tiene un objetivo que trasciende la pantalla. Sus realizadores señalaron que el trabajo no termina con el estreno, sino que continúa con su difusión, el diálogo con diversos actores y el impulso de cambios en las políticas públicas para mejorar el manejo de la especie.
La presentación del filme, respaldada por organizaciones de conservación, busca ampliar el alcance del problema, sumar nuevas audiencias y promover la protección de la biodiversidad marina en la región.
Fuente: Infobae