El nombre de Antoni Gaudí evoca de inmediato la grandeza arquitectónica de Barcelona. Genio creador de la imponente Sagrada Familia y del colorido Park Güell, el artista catalán no solo dejó un legado de obras maestras, sino también una profunda huella espiritual que lo acerca cada vez más a los altares. Un grupo de fieles en la capital catalana lleva décadas impulsando su beatificación, un sueño que ahora cobra fuerza con un gesto histórico del Vaticano.
La basílica de la Sagrada Familia, el monumento de pago más visitado de España, recibió a casi cinco millones de personas el año pasado. Otras creaciones de Gaudí, como la Casa Batlló, también figuran entre los principales atractivos turísticos de Barcelona. Para Xavier Villanueva, arquitecto director de la Casa Batlló, el catalán fue «un genio» que supo conectar con las emociones del público. «Sabía llegar a la piel de la gente. Entrar en una obra de Gaudí nunca te dejará indiferente», asegura.
Fallecido el 10 de junio de 1926 a los 73 años, tras ser atropellado por un tranvía cuando se dirigía a una iglesia, Gaudí dedicó sus últimos años a su gran obra. Exactamente un siglo después, el papa León XIV celebrará una misa el próximo miércoles en la monumental basílica, que supera ya los 140 años de construcción. Este acto supone un nuevo reconocimiento al arquitecto modernista, declarado «venerable» por el Vaticano el año pasado, paso previo a la beatificación.

Una fe forjada entre crisis
Nacido en 1852 en el seno de una familia católica de caldereros del sur de Cataluña, Gaudí se convirtió en uno de los arquitectos más codiciados de la Barcelona de su tiempo. Prósperos burgueses y empresarios le confiaban proyectos fascinados por aquel joven de temperamento fuerte y amor por la naturaleza.
Sin embargo, una serie de pérdidas familiares lo sumergieron en una crisis profunda. En 1894, el arquitecto, conocido por su entrega al trabajo, la fe y el catalanismo, realizó un ayuno extremo. El sacerdote y teólogo Armand Puig Tàrrech, quien participó en el documento de 1.700 páginas presentado ante el Vaticano para solicitar la beatificación, explica que «no es que Gaudí fuera un ‘bon vivant’, pero vivía interiormente todavía ligado a cosas tan humanas como son la vanidad, la ambición. Y entonces, en ese momento, él empieza (…) a poner su yo después de Dios».
De aquella crisis, su fe salió fortalecida. Adoptó un estilo de vida austero, casi místico, que sus seguidores interpretaron como propio de un santo. José Manuel Almuzara, quien fundó la Asociación Pro-Beatificación Antoni Gaudí en 1992 junto a otros cuatro compañeros, afirma: «Si ves su trayectoria, ves que es un hombre de Dios».
Desde entonces, el grupo se ha dedicado a difundir su vida y obra, y a recolectar testimonios de personas que afirman haber recurrido a él en momentos de dificultad. La comisión médica del Vaticano estudia actualmente la curación de un niño enfermo, cuya familia invocó al arquitecto como posible milagro necesario para declararlo beato. «Nuestra misión no era tener socios, sino tener personas que rezaran a Gaudí (…), que descubrieran a Gaudí: no solamente el arquitecto genial, sino un cristiano con virtudes», señala Almuzara.

Un carácter difícil y un milagro moderno
Los biógrafos lo describen como un hombre de mal genio que nunca logró controlar, soltero, que detestaba a los aduladores y que rehusaba posar para fotografías. Un enorme contraste con los millones de turistas que cada año visitan sus obras y han convertido su nombre en un reclamo del turismo masivo en Barcelona.
Galdric Santana, profesor de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Cataluña y comisario del Año Gaudí, advierte que «cuando hay una marca siempre hay usos oficiales y luego usos no oficiales que quieren aprovecharla. Y (…) también genera mucha distorsión».
El próximo 10 de junio, todos los reflectores volverán a apuntar a su obra más famosa. Ese día, el papa León XIV bendecirá la torre de Jesucristo, que con sus 172,5 metros de altura convirtió a la Sagrada Familia en la iglesia más alta del mundo.
Para Gijs van Hensbergen, biógrafo del artista, el milagro más evidente es que «hizo un edificio que todo el mundo quiere conocer». Y añade: «Ateos, budistas, gente de todo el mundo, vienen a Barcelona para ver este milagro de edificio».
Fuente: Infobae