Un estudio de la Universidad de Reading ha identificado un riesgo poco considerado: reducir el metano de forma aislada podría ralentizar la recuperación de la capa de ozono. Este gas, segundo en incidencia sobre el calentamiento global tras el dióxido de carbono, influye directamente en el equilibrio químico de la atmósfera.
Al disminuir el metano se reduce la velocidad del cambio climático, pero también permite que halocarbonos y óxido nitroso destruyan el ozono con mayor eficacia. Si no se reducen simultáneamente todos los gases dañinos, la restauración de la capa de ozono podría retrasarse décadas, según los investigadores.
El equipo liderado por James Weber detalló que el mecanismo radica en la interacción química entre el metano y otros contaminantes. Con menos metano, sustancias como los halocarbonos y el óxido nitroso se vuelven más agresivos contra la capa de ozono.

La investigación, publicada el 29 de mayo de 2026, utilizó simulaciones con el modelo UKESM para analizar diversos escenarios de reducción de metano durante el siglo XXI, desde recortes moderados hasta drásticos, evaluando la solidez de los resultados.
Hallazgos del estudio
Según la Universidad de Reading, si las políticas solo priorizan el metano sin reducir halocarbonos y óxido nitroso, la cantidad total de ozono podría ser 2,4% menor en 2100 en comparación con un escenario sin recorte de metano. Aunque parece limitado, impactaría directamente la protección contra rayos UV.
Las proyecciones indican que la superficie bajo radiación ultravioleta extrema, según la Organización Mundial de la Salud, podría aumentar entre 30% y 35% hacia 2070. Una mayor exposición a UV se asocia con mayor incidencia de cáncer de piel y otras enfermedades.

El estudio, realizado por Maisie Wright y otros especialistas junto a Weber, destaca que estos cálculos provienen de modelos validados y abarcan distintos escenarios, reforzando la importancia de los hallazgos para políticas ambientales.
La reducción de metano no es suficiente por sí sola
“El metano es el segundo gas de efecto invernadero más importante derivado de la actividad humana, después del dióxido de carbono, y reducirlo sigue siendo una de las formas más rápidas de frenar el cambio climático, con beneficios también para la calidad del aire”, indicó Weber, citado por la Universidad de Reading.
No obstante, los científicos advierten que la reducción de metano no puede ejecutarse de forma aislada. “La investigación muestra que mantener la reducción de emisiones de halocarbonos y óxido nitroso cobra aún más importancia si los países también disminuyen el metano”, señaló Weber.

El informe contextualiza estos resultados dentro del Protocolo de Montreal de 1987, que prohibió los halocarbonos más dañinos y permitió la recuperación paulatina del ozono estratosférico. Los autores insisten en que solo una estrategia coordinada, que no descuide ningún gas principal, consolidará los logros alcanzados y evitará retrocesos.
Si las reducciones de metano continuaran sin acompañarse de acciones integrales, los avances conquistados podrían peligrar debido al efecto amplificador del resto de contaminantes sobre la capa de ozono. La coordinación internacional y la vigilancia constante serán esenciales para no revertir décadas de progreso ambiental.
Fuente: Infobae