La cinta ‘El inconveniente’ llegó a los cines en una época complicada, justo después de la pandemia, y pasó casi inadvertida para el gran público. Sin embargo, ahora disfruta de una segunda oportunidad en Netflix, donde tras su reciente estreno escaló rápidamente hasta el top 3 de la plataforma.
Dirigida por Bernabé Rico en su ópera prima, esta comedia negra explora la convivencia forzada entre dos mujeres de generaciones opuestas. La trama aborda temas como la soledad, la vejez y el acceso a la vivienda a través de una controvertida figura legal: la compra de un piso con usufructo vitalicio.
El filme adapta la obra teatral 100 metros cuadrados, escrita por Juan Carlos Rubio, que a su vez se inspiró en casos reales. En ellos, el comprador acepta que el vendedor original continúe viviendo en la propiedad hasta su fallecimiento. La historia sigue a una septuagenaria que se rebela contra una vida sana y a una treintañera obsesionada con el control, el orden y la rigidez.
El dilema de encontrar una ganga
El conflicto central surge del choque entre una anciana excéntrica, decidida a disfrutar sus últimos días fumando y bebiendo, y una joven fría y ambiciosa que cree haber hallado el negocio inmobiliario perfecto. Una frase del guion sintetiza esta tensión moral:
“No hay nada malo en esperar a que la dueña del piso se muera. En desear que se muera, sí”.
Pese a su premisa fúnebre, la película transforma la situación en materia cómica para reflexionar sobre lo superfluo, la necesidad de expresar los sentimientos, la fidelidad, la seguridad y el impacto de un pasado traumático.
El inconveniente se nutre de clásicos del cine español como El pisito (1959), de Marco Ferreri y Rafael Azcona. La similitud es clara: conseguir una vivienda a precio reducido a cambio de no ocuparla hasta la muerte de la dueña, quien conserva el usufructo. Han pasado más de seis décadas, pero la crisis de acceso a la vivienda y los dilemas que genera siguen plenamente vigentes.

Otra referencia al cine patrio aparece en la escena inicial, cuando el agente inmobiliario interpretado por Carlos Areces intenta convencer a la compradora de las ventajas del piso. La cinta también se emparenta con el universo de El inquilino (1957), de José Antonio Nieves Conde, y con la figura del actor José Luis López Vázquez.
Humor blanco sobre lo inevitable
El tono es lo que diferencia a esta producción de sus modelos. A diferencia de la crueldad cómica de aquellas, la película de Rico se presenta como una comedia más blanca y optimista, incluso cuando toca puntos oscuros —como la compra anticipada de un ataúd—, aunque en el tramo final introduce un giro dramático.
Esa suavidad no impide que el filme aborde temas profundos: la frustración de envejecer, la soledad en la tercera edad y la dificultad de mantener una coraza emocional. El encuentro entre dos personas que, en teoría, deberían repelerse se convierte en el corazón de la historia.

Un elemento clave es la actuación de Kiti Mánver. A sus 67 años, la actriz encontró uno de los papeles más importantes de su carrera, con una interpretación que brilla tanto en la comedia como en el drama. Su personaje, Lola, concentra gran parte de la fuerza del filme.
El trabajo de Mánver se apoya en su larga trayectoria dentro del cine español, con especial mención a sus colaboraciones con Pedro Almodóvar, particularmente en ¿Qué he hecho yo para merecer esto? La actriz siempre ha demostrado una enorme capacidad cómica y una energía arrolladora en pantalla, consolidándose como una de las presencias más estimulantes de la industria.
Frente a ella, Juana Acosta funciona como un contrapunto perfecto, interpretando a un personaje definido por el control. El resultado es un tándem sólido que evoca el espíritu del cine clásico español. El reparto se completa con la vis cómica de Carlos Areces y una breve pero conmovedora intervención de José Sacristán.
Fuente: Infobae