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Bajo Notre Dame, el París romano emerge 2.000 años después

Mientras una larga fila de turistas espera bajo el intenso sol del verano para ascender a la catedral de Notre Dame y admirar sus emblemáticas gárgolas, a escasos metros de profundidad ocurre algo muy distinto. Un equipo de arqueólogos excava en sentido contrario: hacia abajo y hacia el pasado, buscando las huellas del París romano de hace 2.000 años.

En 2019, un devastador incendio derribó la aguja de Notre Dame ante los ojos del mundo. La catedral fue meticulosamente reconstruida y reabierta a finales de 2024. Ahora, París busca transformar la plaza, que hoy es árida y calurosa, en un espacio lleno de árboles y sombra. Sin embargo, en una ciudad con tanta historia, no se puede remover la tierra sin antes excavar lo que yace debajo, para evitar dañar el patrimonio durante las obras.

Por ello, una sección de la explanada de Notre Dame se ha convertido en un auténtico yacimiento arqueológico: un pozo abierto, rodeado de barreras y cruzado por una pasarela de madera, ubicado a solo unos pasos de la fila de visitantes que esperan para subir a la catedral.

Una oportunidad única: la “excavación del siglo”

Un fragmento con inscripciones entre los objetos hallados en las excavaciones frente a Notre Dame, París, el 1 de junio de 2026. Las marcas misteriosas pintadas en cerámicas medievales aún no han podido ser descifradas por los expertos. (AP Photo/Nicolas Garriga)

Los medios franceses han denominado a este proyecto como la “excavación del siglo”. Para los expertos, se trata de un evento sin precedentes en la historia reciente de la ciudad.

Lucie Altenburg, conservadora de la unidad de arqueología de París, declaró a The Associated Press: “Es una oportunidad única para nosotros de trabajar en algo que marcará una diferencia tangible en la historia de París”.

Entre los cientos de objetos ya recuperados destacan una moneda del siglo IV con la efigie del emperador Constantino, y fragmentos de cerámica medieval que, en su interior, tienen pintadas unas marcas que ningún experto ha logrado descifrar hasta ahora. Estos hallazgos, comparados con un moderno Código Da Vinci, mantienen viva la curiosidad científica.

Emily Carter, una turista de 34 años originaria de Manchester que esperaba en la fila con sus dos hijos, expresó su asombro: “Hace que Notre Dame vuelva a sentirse viva. Vienes a ver la catedral y luego te das cuenta de que hay otra ciudad bajo tus pies. Eso es casi más conmovedor”.

Los primeros vestigios aparecen a tan solo 50 centímetros de profundidad. A 4 metros más abajo, el equipo continúa desenterrando el pasado. En algunos días de trabajo, logran llenar 15 cajas con materiales provenientes de un suelo que había permanecido intacto durante décadas.

El pasado oculto bajo las calles de las ciudades antiguas

Trabajadores arqueológicos excavan a 4 metros de profundidad frente a la catedral de Notre Dame, en París, el 1 de junio de 2026. A esa profundidad, el equipo encuentra vestigios del París romano de los siglos IV y V. (AP Photo/Nicolas Garriga)

Esta es la realidad en cualquier urbe con siglos de historia: el pasado no siempre está encerrado en un museo; con frecuencia, se encuentra justo debajo de la calle. Las ciudades crecen y cada época se construye sobre los escombros de la anterior, elevando el nivel del suelo. En Roma, por ejemplo, el terreno ha subido aproximadamente 9 metros desde la caída del imperio en el siglo V d. C.

Cuando Atenas construyó su metro para los Juegos Olímpicos de 2004, se llevó a cabo la excavación más grande de la historia de Grecia, desenterrando decenas de miles de objetos que ahora se exhiben en las propias estaciones. París sigue una lógica similar.

Todo lo descubierto proviene de la isla en el Sena, la Île de la Cité, el lugar donde nació París. Siglos más tarde, Notre Dame se erigió en ese mismo terreno. Cuando la catedral fue fundada en 1163, la plaza actual estaba repleta de casas medievales, divididas por una sola calle, según explicó Camille Colonna, la arqueóloga que dirige la excavación.

La arqueóloga Valentine Breloux sostiene fragmentos de cerámica hallados en las excavaciones frente a Notre Dame, en París, el 1 de junio de 2026. Las antiguas letrinas medievales preservaron intactas jarras y tazas descartadas hace siglos. (AP Photo/Nicolas Garriga)

Al excavar, su equipo ha llegado a los sótanos de aquellas viviendas y, con ellos, a la época histórica que representan. Debajo de estos niveles se encuentran silos de grano merovingios y carolingios, datados entre los siglos VI y X. Más abajo, en la oscuridad, aparece un denso barrio romano de los siglos IV y V. Veinte siglos de historia se apilan en apenas 4 metros de tierra, una altura equivalente a dos Napoleones Bonaparte y medio colocados uno sobre otro.

Yasmine Benali, una estudiante de arqueología de 22 años que observaba desde detrás de las barreras, comentó: “Aquí se pueden ver las capas: el París medieval, el París romano, tal vez incluso antes de eso. Hace que la ciudad se sienta menos como una postal y más como algo que aún se está descubriendo”.

Monedas, cerámicas y marcas sin descifrar

La arqueóloga Lucie Altenburg examina bajo el microscopio una moneda hallada en las excavaciones frente a Notre Dame, en París, el 1 de junio de 2026. Bajo rayos X, las monedas corroídas revelaron el rostro del emperador romano Constantino, del siglo IV d. C. (AP Photo/Nicolas Garriga)

Los hallazgos más valiosos de esta excavación provienen del lugar más insólito: los profundos hoyos situados debajo de las casas medievales, que en su momento fueron antiguas letrinas y también vertederos de basura. De allí, el equipo ha recuperado jarras y tazas enteras, desechadas hace siglos pero aún intactas, junto a platos rotos y huesos de animales.

Valentine Breloux, arqueóloga de la unidad, explicó que “es raro encontrar cerámica completa”. En este caso, los residuos blandos amortiguaron las piezas y, siglos después, milagrosamente salieron enteras.

Sin embargo, lo que más ha desconcertado a los expertos son otros objetos. Mientras los conservadores limpiaban lo que parecía cerámica medieval común, descubrieron una tenue escritura rojiza pintada en el interior: las mismas marcas misteriosas aparecían una y otra vez en distintos fragmentos. Hasta ahora, su significado sigue siendo un enigma.

De todo lo que ha limpiado de Notre Dame, Breloux afirmó que estos son los objetos más “sorprendentes”.

Las monedas como herramienta para fechar la historia

Las monedas halladas aparecieron como discos negros, corroídos por el óxido. No obstante, al someterlas a un rayo X, reapareció un rostro: el del emperador Constantino, quien gobernó a principios del siglo IV d. C. Este tipo de descubrimientos, según Altenburg, “pueden ser de un valor incalculable para determinar la fecha de la capa subterránea”.

Los vestigios romanos son los que los arqueólogos valoran más: son los más profundos, los más antiguos y los menos comprendidos. En la época romana, la ciudad se llamaba Lutetia y su centro se encontraba al otro lado del río, en la margen izquierda.

Quimeras de la catedral de Notre Dame durante la inauguración del nuevo recorrido por las torres góticas, el 19 de septiembre de 2025. La catedral, reconstruida tras el incendio de abril de 2019, reabrió al público en diciembre de 2024 después de cinco años de obras con casi 700 millones de euros invertidos. (Ludovic Marin/Pool via REUTERS/archivo)

Cuando el Imperio Romano se derrumbó, la gente se refugió en la Île de la Cité, donde más tarde se levantaría Notre Dame, y fortificó la isla con muros de piedra extraída de edificios anteriores. El equipo de Colonna encontró una prueba de ello: un umbral romano que, originalmente, pertenecía a un edificio mucho más grande. Fue trasladado, colocado boca abajo y utilizado como pavimento en una calle.

Un almacén de tesoros para el futuro

Una persona se refugia bajo un paraguas frente a la catedral de Notre Dame. La remodelación de la explanada, prevista para 2028, incorporará 160 árboles para dar sombra a los visitantes en los cada vez más calurosos veranos parisinos. (REUTERS/Tom Nicholson)

Cada hallazgo sale de la excavación y viaja hacia el norte, al centro arqueológico de la ciudad, un lugar que Colonna describe como “un enorme almacén arqueológico” y un verdadero tesoro para París. Para los arqueólogos, trabajar en la catedral es un regalo excepcional. En Francia, al igual que en otros países, estos profesionales solo intervienen en terrenos donde están a punto de comenzar obras de construcción, un poco como los trabajadores de canteras que terminan desenterrando restos de dinosaurios.

Altenburg señaló que “esto solo ocurre porque la ciudad de París decidió que quería embellecer la zona”. La nueva plaza debería estar prácticamente terminada para 2028. El proyecto contempla un espacio similar a un claro en el bosque, con 160 árboles nuevos y una fina capa de agua que se deslizará sobre la piedra para refrescarla en verano. Esta iniciativa forma parte de los esfuerzos de París para adaptarse a los veranos cada vez más calurosos provocados por el calentamiento global.

Los turistas que hoy esperan bajo el sol abrasador junto a las gárgolas, en unos pocos veranos harán fila a la sombra. El antiguo estacionamiento subterráneo reabrirá como un centro de visitantes con vista al Sena.

Hasta entonces, el equipo de Notre Dame quiere profundizar aún más. Su objetivo es ir más allá de los romanos, hacia los que les precedieron: los galos, quienes le dieron a la ciudad su primer nombre. Altenburg concluyó: “La esperanza es que podamos retroceder en el tiempo aún más de lo que lo hemos hecho hasta ahora”.

Fuente: Infobae

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