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Leandro Erlich: el argentino que desafía la realidad en el Grand Palais

El reconocido artista Leandro Erlich, originario de Argentina, es famoso por difuminar los límites entre lo real y la ilusión visual. Ahora, el Grand Palais de París le dedica una exposición retrospectiva que estará abierta al público desde el 2 de junio hasta el 9 de septiembre.

Con la firme intención de “patear el tablero” de la percepción habitual, el creador de las icónicas obras The Swimming Pool y Bâtiment transformará el emblemático recinto parisino en un escenario para sus instalaciones interactivas de gran escala. Estas piezas desafían las leyes de la física y convierten al espectador en el auténtico protagonista de una vivencia sin igual.

“Este conjunto de obras es tan espontáneo como el encuentro de dos músicos”, explicó Erlich (nacido en 1973 en Buenos Aires).

Tras tres semanas de montaje, en las que participaron 30 colaboradores, la retrospectiva de Erlich —quien reside entre su ciudad natal Buenos Aires, Montevideo y París— impacta por la imponencia de algunas de sus creaciones, donde destacan elementos como ascensores, escaleras y cabinas de avión.

Sorprende por la monumentalidad de algunas de sus creaciones, en las que están muy presentes ascensores, escaleras y cabinas de avión

Entre las obras más llamativas se encuentran Port of Reflections, una estructura metálica con barcos que parecen estar navegando; Changing Rooms, un desconcertante juego de espejos que invita al público a adentrarse en él; y Window and Ladder, compuesta por una gran escalera metálica que conduce a una ventana suspendida en el aire.

Sin embargo, también hay espacio para la delicadeza, como la maqueta de un proyecto que nunca se concretó y que el propio artista califica como “una utopía”. A los 21 años, Erlich participó en un concurso para construir una réplica del obelisco de la Avenida 9 de Julio de Buenos Aires, pero en el barrio obrero de Boca.

“¿Te imaginas que en París hubiera un proyecto para construir una Torre Eiffel en la periferia ‘roja’ parisina? Así es de transgresor Erlich”, señaló el curador de la muestra, Fabrice Bousteau.

Esa transgresión lleva consigo un mensaje implícito. En el caso del obelisco, se trata de una crítica social: cuestiona por qué los grandes monumentos solo pueden situarse en las zonas urbanas más favorecidas.

Le Centquatre, París, 2011 (Crédito: grandpalais.fr)

Un compromiso de tipo político y moral que se manifiesta en varias de sus obras. Algunas de ellas no pudieron ser montadas en la retrospectiva debido a su complejidad, pero se exhiben maquetas y fotografías de las mismas.

Una de esas piezas es Maison fond (La casa que se funde), una obra temporal instalada a finales de 2015 frente a la Gare du Nord, la estación de tren con mayor afluencia de pasajeros en Europa.

La instalación representa una vivienda de aproximadamente seis metros de altura cuyos cimientos parecen derretirse. El responsable de ese fenómeno: el cambio climático.

“Cuando emerge en mi obra algo que tiene que ver con lo social, con lo político o con lo ecológico, no viene de la militancia y sí de una necesidad personal de expresar algo, y de que eventualmente esto tenga la posibilidad de ser compartido”, detalló Erlich.

Para Bousteau, el arte del argentino es “muy democrático porque le llega a todo el mundo”.

“Tengan la edad que tengan, tanto a un niño como a una persona de muy avanzada edad. Y también da igual la cultura. Me llama mucho la atención ver que la reacción ante las obras de Leandro es la misma en Japón, en Argentina o en París”, indicó el curador.

Ese carácter universal y popular se manifiesta de la manera más inesperada. El hueco de las escaleras que conecta el primer piso con el segundo de la exposición en el Grand Palais es, en sí mismo, una obra de arte.

En ese espacio, Erlich busca sumergir al visitante en un recorrido por un bloque de viviendas a través del sonido: música, transmisiones de partidos de fútbol y conversaciones.

Una espontaneidad que pretende romper esquemas, similar a la que han logrado artistas como Manu Chao, según concedió el argentino. “Es también un tipo de creación muy libre, donde uno se despoja y busca patear el tablero respecto a su propia disciplina”, concluyó.

Fuente: Infobae

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