IA revela dos circuitos cerebrales clave en el deterioro por alcohol

El consumo excesivo de alcohol afecta la memoria, la atención y la coordinación de movimientos de cientos de millones de personas en todo el mundo. Ahora, un estudio innovador ha logrado precisar las bases neurales de este deterioro.

Investigadores de los Estados Unidos, liderados por la Universidad de Stanford, emplearon herramientas de inteligencia artificial para descubrir dos redes cerebrales específicas que explican los déficits cognitivos y motores asociados al trastorno por consumo de alcohol (AUD).

El trabajo fue desarrollado por Yixin Wang, Eva Müller-Oehring y Kilian Pohl, en colaboración con expertos del Centro de Ciencias de la Salud de SRI International. Los hallazgos fueron publicados en la revista Translational Psychiatry.

La herramienta de inteligencia artificial desarrollada para el estudio permitió analizar más de 6.100 conexiones cerebrales relacionadas con déficits cognitivos y motores (Imagen Ilustrativa Infobae)

La inteligencia artificial diseñada para este estudio analizó simultáneamente miles de conexiones cerebrales junto con pruebas cognitivas y motoras, una capacidad que los métodos tradicionales no poseen. Este enfoque permitió localizar con precisión los circuitos afectados y, según los autores, podría guiar en el futuro tratamientos más personalizados para quienes padecen esta condición.

El médico Francisco Dadic, presidente de la Fundación Argentina de Toxicología, comentó a Infobae que “el nuevo estudio representa una muestra de que la investigación científica avanza en la determinación de las causas del deterioro neurológico generado por el consumo problemático de alcohol”. El especialista, ajeno al estudio, añadió que “estos hallazgos podrían ofrecer herramientas para desarrollar estrategias orientadas a revertir esos efectos durante el tratamiento del trastorno por consumo”.

Cuando el alcohol altera los circuitos del cerebro

Más de 400 millones de personas sufren trastornos por consumo de alcohol en el mundo, según datos de la OMS y el NIAAA/ Freepik

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), aproximadamente 400 millones de personas en el mundo viven con trastornos por consumo de alcohol, de las cuales 209 millones presentan dependencia. Los efectos sobre el cerebro son amplios e incluyen deterioro de la atención, la memoria de trabajo y la coordinación motora, aunque los mecanismos exactos detrás de estos daños no estaban del todo claros hasta ahora.

Estudios previos habían detectado alteraciones en la conectividad entre distintas regiones cerebrales, pero solían analizar pocas redes a la vez. Ante esa limitación, el equipo de Stanford optó por un enfoque novedoso: combinar la actividad cerebral medida por resonancia magnética con el rendimiento en pruebas cognitivas y motoras.

Lo que la IA detectó en el cerebro

Los investigadores identificaron la Red de Atención Temporal y la Red Sensorimotora como claves en los problemas de atención y control motor asociados al trastorno por consumo de alcohol/ Freepik

Los investigadores trabajaron con 67 personas diagnosticadas con AUD y 48 controles sanos. A todos se les realizó una resonancia magnética funcional en estado de reposo y 16 pruebas de memoria, atención y coordinación.

El sistema de inteligencia artificial analizó más de 6.105 conexiones entre regiones cerebrales de forma simultánea. Esto le permitió identificar patrones que antes pasaban desapercibidos. El modelo distinguió 16 redes cerebrales, las agrupó en 14 unidades funcionales y logró diferenciar a las personas con AUD de los controles con una precisión del 71,58%, un resultado estadísticamente superior al azar y a los enfoques convencionales.

Dos redes cerebrales resultaron clave: la Red de Atención Temporal, que conecta zonas frontales y temporales del cerebro responsables de la atención y el procesamiento de información; y la Red Sensorimotora, que enlaza las áreas que controlan el movimiento y la percepción sensorial.

Los investigadores escanearon el cerebro de 67 personas con el trastorno y 48 sin él, y luego entrenaron una inteligencia artificial para analizar simultáneamente más de 6.000 conexiones cerebrales junto con los resultados de 16 pruebas de memoria, atención y coordinación. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El análisis mostró que la Red de Atención Temporal explicó completamente los problemas de memoria visual y de atención en personas con AUD, así como las dificultades en el “cambio de set” —la capacidad de pasar de una tarea mental a otra— y el peor rendimiento en pruebas motoras. Por su parte, la Red Sensorimotora actuó como mediadora paralela en las pruebas de control motor. Las personas con AUD mostraron mayor conectividad en esa red que los controles, lo que paradójicamente se asoció con peor rendimiento.

Los investigadores plantean que ese aumento de conectividad podría ser un mecanismo de compensación del cerebro: ante el daño en otras redes, esta trabajaría con más intensidad para suplirlas, pero ese esfuerzo adicional terminaría siendo contraproducente. Para validar los resultados, replicaron el análisis en una muestra independiente de personas con VIH, con y sin AUD. El modelo mantuvo su capacidad de distinción, lo que sugiere que las alteraciones cerebrales identificadas son propias del trastorno y no de otras condiciones asociadas.

Hacia tratamientos más precisos

Las alteraciones cerebrales registradas por inteligencia artificial podrían guiar tratamientos personalizados, incluyendo estimulación magnética y neurofeedback (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los investigadores proponen que estas dos redes alteradas podrían convertirse en objetivos concretos para futuros tratamientos. Si los resultados se confirman con muestras más grandes, las firmas cerebrales individuales podrían indicar qué pacientes con AUD tienen más probabilidades de responder a terapias específicas.

Entre las opciones mencionadas en el estudio figuran la estimulación magnética transcraneal, una técnica no invasiva que usa campos magnéticos para activar o inhibir zonas del cerebro, y el neurofeedback, que entrena a la persona para regular su propia actividad cerebral en tiempo real.

No obstante, los autores reconocen limitaciones: la muestra fue pequeña y se basó en una sola medición en el tiempo, lo que impidió analizar la evolución de estas alteraciones a lo largo de meses o años. Los científicos creen que, en el futuro, sus resultados podrían ayudar a elegir el tratamiento más adecuado para cada persona según el funcionamiento de su propio cerebro. “Queda camino por recorrer, pero saber exactamente qué circuitos fallan es el primer paso para repararlos”, concluyen.

La actual recomendación médica incluye combinar terapia psicológica, medicamentos como naltrexona y acamprosato, y grupos de apoyo mutuo como parte integral del abordaje del trastorno por consumo de alcohol (Imagen Ilustrativa Infobae)

Actualmente, según el Instituto Nacional sobre el Abuso de Alcohol y Alcoholismo de Estados Unidos (NIAAA) y la OMS, se recomienda combinar terapia psicológica —como la terapia cognitivo-conductual— con medicamentos aprobados como la naltrexona o el acamprosato, que ayudan a reducir el deseo de beber y a mantener la abstinencia. Los grupos de apoyo mutuo, como Alcohólicos Anónimos, también son una herramienta reconocida que complementa el tratamiento profesional.

Fuente: Infobae

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