El ecosistema emprendedor español registró en 2023 su mejor desempeño desde hace más de una década, aunque el avance se ve limitado por tres obstáculos estructurales: la creación de compañías se mantiene por debajo del promedio de la Unión Europea, una proporción significativa de los nuevos negocios no sobrevive a sus primeros años, y la actividad emprendedora se concentra en pocas regiones y en sectores con baja productividad.
De acuerdo con el estudio de CaixaBank Research, la tasa de natalidad empresarial alcanzó el 9,1% en 2023, mientras que en transporte y almacenamiento trepó al 11,8%, más de cinco puntos porcentuales por encima del nivel registrado hace una década. Este repunte confirma una tendencia al alza desde 2021, aunque todavía no se alcanzan los picos de 2014-2018, cuando la creación de empresas superaba el 10%.
El comportamiento del emprendimiento en los últimos quince años ha estado fuertemente ligado al ciclo económico. Después de la crisis financiera de 2008-2013, predominó un emprendimiento impulsado por la necesidad: la tasa de actividad emprendedora, que mide el porcentaje de adultos entre 18 y 64 años involucrados en iniciativas nacientes o nuevas, alcanzó su punto máximo con un 5,7% en 2012.
Con la mejora del empleo asalariado, ese ímpetu se moderó hasta situarse alrededor del 5,2% en 2016. Entre 2017 y 2019 volvió a crecer, con niveles de entre 6% y 6,5%, en una etapa más vinculada a la detección de oportunidades de mercado y al surgimiento de una cultura de startups en las grandes urbes.
La pandemia de 2020 interrumpió abruptamente la apertura de nuevos negocios. Sin embargo, el colapso no fue mayor porque muchas empresas se adaptaron mediante la digitalización y porque medidas de apoyo como los avales ICO suavizaron el impacto. Desde 2021, la creación de empresas ha retomado una senda ascendente. Aun así, el patrón sectorial revela una economía dominada por los servicios, con diferencias muy marcadas entre las distintas ramas de actividad.
Los sectores con más emprendimiento
Los signos más alentadores se observan en los sectores vinculados a la digitalización y a la economía 4.0. Información y comunicaciones, actividades tecnológicas e investigación y desarrollo presentan altas tasas de creación y, además, abren más empresas de las que cierran, lo que indica una expansión neta del tejido productivo en estas áreas.
El caso más destacado es el de la logística. Transporte y almacenamiento se ha consolidado como uno de los grandes motores del nuevo emprendimiento, impulsado por el comercio electrónico y la reorganización de las cadenas de suministro. Este dinamismo contrasta con la pérdida de peso del comercio mayorista y minorista en la creación de nuevas empresas. El desplazamiento del esfuerzo emprendedor desde la distribución comercial tradicional hacia actividades logísticas refleja un cambio estructural en la economía española.
El mapa territorial del emprendimiento

Las disparidades entre las comunidades autónomas dibujan un panorama muy desigual. En 2023, Baleares, la Comunidad Valenciana y Canarias encabezaron la creación empresarial, con tasas de entre el 10% y el 11%, casi el doble que las registradas en las regiones menos activas. Ese liderazgo responde al peso de los servicios de consumo y del turismo, actividades con bajas barreras de entrada y gran capacidad para generar pequeños negocios en fases expansivas. Andalucía, Madrid, Murcia y Cataluña también se sitúan por encima de la media nacional.
En el extremo opuesto se encuentran La Rioja, Navarra, Castilla y León y Galicia, con tasas entre el 6% y el 7%. Son territorios con estructuras productivas más estables y más dependientes de sectores tradicionales. La brecha territorial implica que algunas comunidades crean empresas a un ritmo casi dos veces superior al de otras. En Baleares o Canarias, el boom turístico de 2022 y 2023 se tradujo en una oleada de aperturas en hostelería, comercio y transporte, mientras buena parte del interior peninsular apenas generó nuevas sociedades debido a su menor demanda y población.
También existen diferencias en la capacidad de consolidación. Baleares, Comunidad Valenciana, Madrid, Andalucía, Canarias y Cataluña combinan un mayor empuje emprendedor con tasas de mortalidad relativamente más contenidas, lo que se traduce en un crecimiento neto más favorable del tejido empresarial. La otra cara de la moneda está en la hostelería y el ocio. Son sectores con una creación muy alta, pero también con cierres muy numerosos, lo que produce una rotación empresarial intensa: se abren muchas empresas y desaparecen muchas otras, con un saldo neto modesto pese al dinamismo inicial.
Ese patrón resume el desafío fundamental del emprendimiento en España. El problema no es solo crear más empresas, sino conseguir que sobrevivan, se consoliden y se orienten hacia actividades de mayor valor añadido, en especial fuera de los polos tradicionales y más allá de los negocios de baja barrera de entrada.
Fuente: Infobae