El escritor Hernán Casciari y el ilustrador Liniers, dos de las figuras más influyentes de la cultura argentina contemporánea, se unieron para dar vida a Dibu Martínez: El pibe que ataja el tiempo, una película documental que combina realidad y ficción. En una charla exclusiva, ambos creadores compartieron los detalles de este ambicioso proyecto que narra la historia del arquero de la selección argentina.
«Hace un gol Messi y me dan ganas de contárselo a mi viejo. No me pasa eso todos los días», confiesa Casciari, mientras Liniers asiente desde el otro lado de la pantalla. La producción explora el viaje de Emiliano «Dibu» Martínez, desde sus inicios en Mar del Plata, su paso por Independiente, hasta su consagración en el Arsenal de Londres y su papel clave en el Mundial de Qatar 2022.
Para Liniers, la conexión del Dibu con el público es única: «El penal de Montiel… Imaginate en Estados Unidos que los que votaron a Trump y los que votaron en contra de Trump estén todos abrazados en un segundo mágico. Así lo vivimos nosotros». Casciari agrega una reflexión del humorista Sebastián Wainraich: «El fútbol es lo que es porque no sirve para nada. Y hay muy pocas cosas hoy que no sirven para nada, que nos emocionan sin sentido».
El fútbol como fenómeno emocional
Consultados sobre por qué un partido puede cambiar el ánimo de adultos con responsabilidades, Liniers cita al Negro Fontanarrosa: «El día más feliz de mi vida fue cuando nació mi hijo Franco. Pero hace un gol Rosario Central y me abrazo al primer gordo que tengo al lado». Casciari añade que el fútbol, como el rock o la religión, une clases sociales: «Si viviéramos en Canadá, sería el hockey sobre patines».
Liniers recuerda una experiencia personal: cuando Argentina le metió cuatro goles a Brasil, su hija Matilda dormía sobre él: «Tuve que gritar los goles en silencio, abriendo la boca para un grito sordo… El doctor te mantiene vivo, pero estas son las cosas para las que estás vivo».
Sobre qué distingue a Dibu de otros arqueros como Fillol o Goycochea, Casciari señala: «Ni Fillol ni Pumpido ni Goycochea bailaban, para empezar. Lo que no había era un arquero decisivo en una final. Y con una actitud loca, desquiciada, hermosa. Aprovechó la pandemia para que escucháramos lo que les dice a los pateadores. Se generó una ley de fútbol para evitar sus tácticas. Muy pocos deportistas cambian las reglas».
Liniers explica por qué conecta con los niños: «El arquero es el superhéroe de la cancha. Tiene poderes especiales, se viste diferente, vuela… Y encima le dicen Dibu, por un dibujito animado. Lo lindo del documental es que subraya el sacrificio: lo separaron de su familia a los diez años».

El proyecto nació como una serie animada de seis capítulos, pero el presupuesto de ochocientos mil dólares resultó insuficiente. Casciari buscó socios y encontró a Pegsa, la productora de Agustín Pichot, que había hecho documentales como el de Di María. «Nació como un matrimonio por conveniencia», dice Casciari. La fusión combinó animación y testimonios reales.
En la ficción, un pequeño Dibu descubre un interruptor en el ombligo que detiene el tiempo, una trampa que le permite ver la trayectoria del balón. Liniers detalla: «Es un ensayo sobre si el don es talento o trampa». La integración con testimonios reales fue clave: Casciari propuso que la familia y el propio Dibu supieran del secreto, negándose a revelarlo ante los periodistas. «Terminó siendo algo maravilloso».
Liniers destaca el trabajo de los animadores: «Yo hice los diseños, las acuarelas, las rayitas… Ellos se doblaron en computadora durante dos años. Hay algo que me dijo Art Spiegelman: ‘Cuando sos el primero en hacer algo, nadie te puede decir que lo estás haciendo mal’. Este documental tiene algo único».
Fuente: Infobae