El ícono del skateboarding, Tony Hawk, ofreció una entrevista reveladora a la revista Vanity Fair, donde exploró las motivaciones que han guiado su trayectoria. Desde la búsqueda de serenidad en medio del desorden hasta la historia detrás de su emblemática rampa valorada en USD 1 millón, Hawk compartió reflexiones sinceras y, con su característico humor, dejó ver la esencia de su personalidad creativa e inquieta.
Durante la conversación, el deportista profundizó en temas como la felicidad, la perseverancia y su inversión más notoria. Para Hawk, hallar satisfacción incluso en el caos resulta fundamental para vivir una vida plena.
Admitió que la obstinación ha sido un factor determinante en su carrera, y defendió el costo de su famosa rampa. Subrayó que, más allá de los bienes materiales, su familia y la salud ocupan los primeros lugares en su lista de prioridades.
Serenidad en medio del desorden

Desde el arranque de la charla con Vanity Fair, Tony Hawk fue directo sobre su idea de la felicidad: “Encontrar satisfacción en medio del caos”. Explicó que esta noción atraviesa tanto su faceta deportiva como su día a día.
Al ser consultado sobre las virtudes clásicas, el patinador opinó que el idealismo está sobrevalorado. Entre risas, reconoció que, aunque repite la frase ‘¡Viviendo el sueño!’, esa vida conlleva pocas horas de descanso.
La aceptación de sus propias fallas fue otro punto abordado. Le dijo a Vanity Fair: “Perdí mis cejas tras varias heridas y puntos. Si alguien las encuentra en el fondo de un bowl de skate, agradecería que las devuelva”, bromeó.
La obstinación como combustible

Uno de los ejes centrales de la entrevista fue la autocrítica de Hawk respecto a su terquedad. “Mi terquedad. Pero logré canalizarla principalmente hacia el skate”, confesó al medio.
Narró cómo esa persistencia fue vital para superar obstáculos: “Todavía creo que puedo patinar como hace 20 años”, admitió, agregando que esa cabezonería, lejos de ser una debilidad, terminó fortaleciendo su carrera sobre la tabla.
También mencionó su deseo de aprender a tocar varios instrumentos y hablar francés con fluidez como talentos pendientes. Cuando le preguntaron qué le gustaría cambiar de sí mismo, bromeó sobre su incapacidad para patinar en ‘switch’ (postura invertida) y sus ronquidos: “Lo siento, Cathy”.
La autoexigencia y el sentido del humor han sido constantes en su trayectoria.
Familia, salud y una rampa millonaria

Al hablar de sus mayores logros y posesiones, Tony Hawk puso la salud en primer lugar: “Mi salud y mi paladar”, enfatizó. Situó el bienestar y los pequeños placeres de la vida por encima de cualquier trofeo.
La familia ocupa un espacio central en su corazón. “Mi querida Catherine y nuestra numerosa familia” encabezan la lista, junto a sus hijos, nietos y su perra Lola. Contó que sus mejores viajes son aquellos que comparte con sus seres queridos, ya sea dando la vuelta al mundo o en su propio jardín.
Sobre su mayor derroche, respondió sin titubear: “Mi rampa de USD 1 millón. Valió cada centavo”, afirmó ante Vanity Fair. Este desembolso representa, para el deportista, un espacio dedicado a la creatividad y al reto personal.

Reconoció que la impuntualidad y las lesiones por trucos simples le resultan especialmente irritantes. Su rasgo más característico, según describió, es la fiabilidad, y aspira a envejecer sin perder la movilidad.
La conversación con Vanity Fair mostró la faceta más accesible y honesta de Hawk, desde la broma sobre reencarnar en un ave rapaz —“sería justo, después de compartir el mismo nombre toda mi vida”— hasta su anhelo de perpetuar la pasión por el skate y aportar al desarrollo social.
Asimismo, Hawk expresó que la curiosidad y el aprendizaje continuo siguen siendo motores fundamentales en su vida, tanto dentro como fuera del skatepark, impulsando su búsqueda de nuevos desafíos personales.
Fuente: Infobae