Salud mental y deporte de élite: la ópera prima que rompe el silencio

Desde su cortometraje Tormenta de verano, presentado en 2022, la directora Laura García Alonso ya exploraba los límites de la salud mental. En aquella historia, un hijo interpretado por Àlex Monner (galardonado en el Festival de Málaga por ese trabajo) cuidaba a su madre, Lola Dueñas, tras un brote psicótico. La cercanía con un familiar que atravesó una situación similar la impulsó a buscar una narrativa que empatizara sin generar rechazo, pues considera que nadie está exento de enfrentar un episodio así.

Ahora, con su ópera prima en largometraje, Corredora, presentada en el pasado Festival de Málaga, García Alonso da un paso adelante. Si antes se enfocaba en la figura del acompañante, esta vez el reflector apunta directamente a la persona que atraviesa el trastorno. Para darle mayor potencia visual, situó a la protagonista en un entorno de competición extrema: el deportivo. “Todos pueden ver una lesión física, pero ¿cómo gestionas una lesión invisible?”, reflexiona la cineasta.

Una atleta al límite que sufre un brote psicótico

Alba Sáez da vida a Cristina, una atleta de élite atrapada en una rutina despiadada de entrenamientos, alimentación controlada y estudios dentro de un Centro de Alto Rendimiento. Convencida de que es una ganadora, su obsesión la lleva a desarrollar pensamientos paranoicos: imagina que sus compañeras envenenan su comida, le roban las zapatillas y sabotean sus avances. La acumulación de estrés mental desencadena un brote psicótico que la empuja incluso a lanzarse por una ventana.

“Cuando ocurre un brote psicótico te separas de la realidad, inventas una ‘ultrarealidad’. Es algo que va mucho más allá de un trastorno anímico, como podría ser una depresión o la ansiedad. Quería explorar los trastornos que más miedo dan, las esquizofrenias, las paranoias, las psicosis, que son las que constituyen un mayor tabú en nuestra sociedad”, explica la directora.

Tras el brote, los médicos aconsejan a Cristina que abandone la competición, tome medicación y reconsidere su vida. Se muda con su hermana (Marina Salas) y recibe el apoyo de su padre (Àlex Brendemühl), aunque su obsesión por volver a correr persiste. Así comienza una cadena de crisis, retos y, finalmente, atisbos de autoconocimiento.

“Creo que, hasta el momento, los deportistas tenían que demostrar que eran como rocas y eso está empezando a cambiar. Muchos se han abierto a la hora de contar las dolencias mentales que han ido sufriendo, fruto de la presión de su profesión. Pero no quería que el problema de la protagonista fuera solo una cuestión de ‘burnout’, sino algo más complejo que ya estaba latente”, agrega García Alonso.

Marina Salas y Alba Sáez son hermanas en la película 'Corredora' (Elastica Films)

El filme pone en entredicho los discursos de éxito que elevan la exigencia extrema a virtud. Una conversación con el antiguo entrenador de Cristina sintetiza esa mirada cuando admite que ya no podrá tutelarla tras el ataque porque “no podrá exigirle tanto”.

Lejos de construir una moraleja convencional, Corredora evita la redención fácil y el paternalismo. Sitúa a la protagonista en zonas morales grises, donde ganar deja de ser una meta limpia y se convierte en parte del problema.

En vez de correr, hay que parar

En un mundo frenético, donde las jornadas laborales se alargan y el agotamiento es moneda corriente, la película se inscribe en un marco más amplio sobre un problema de salud endémico. “Vivimos en una sociedad desquiciante, que deja muy poco espacio al descanso, a la reflexión, a la introspección, a frenar, que son palabras muy asociadas a la salud mental”, señala García Alonso. “A vivir tranquilo e, incluso, a aceptarse. Y es que el estilo de vida que llevamos es insano. Cuantas veces hemos escuchado en el contexto laboral: ‘Este ya se ha vuelto a pedir la baja por depresión’. La cuestión es que estamos hartos, no podemos más, pero está esta cosa de que si no produces, no eres, y eso nos obliga a rompernos, a provocarnos crisis.

Alba Sáez solo quiere ganar en la película 'Corredora' (Elastica Films)

Estas reflexiones conectan con el ensayo JOMO. El gusto de perder (Anagrama) del filósofo Juan Evaristo Valls Boix. La obra propone una revolución frente al FOMO, esa necesidad de estar en todas partes, abogando por frenar, descansar y resistir el ritmo capitalista.

Tanto el ensayo como Corredora tienen un punto de encuentro en la cinta La soledad del corredor de fondo. Valls Boix articula parte de su texto en torno a ese filme de Toni Richardson, y la directora confiesa que fue su mayor inspiración. “Hay que aprender a decir que no, ‘esto no me sienta bien, esto no lo voy a hacer’, o ponerle límites a tus jefes. Pero nos da miedo, porque estamos en un sistema que no nos lo permite, hasta que llegamos a un límite”, concluye García Alonso.

Fuente: Infobae

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