Sam Altman: la inteligencia artificial será como el agua y la electricidad

El máximo responsable de OpenAI, Sam Altman, imagina un futuro en el que la inteligencia artificial forme parte de la rutina diaria con tanta facilidad como encender una lámpara o abrir un caño. Durante el U.S. Infrastructure Summit de BlackRock, Altman señaló que la IA podría transformarse en un servicio que los usuarios adquieran y abonen de acuerdo a su utilización, de manera análoga a la electricidad o el agua.

Esta analogía no solo esboza un esquema comercial, sino que también trae consigo retos a nivel industrial, financiero y gubernamental.

Inteligencia artificial como servicio cotidiano

Durante su intervención frente a líderes del sector, Altman describió su perspectiva de una IA abundante, accesible y cada vez más barata, capaz de “inundar el mundo con inteligencia”. Esta frase resume la noción de que la inteligencia artificial dejaría de ser un bien exclusivo para volverse una utilidad global, disponible en todo instante y lugar.

Altman sugirió que, dada la escala económica que podría alcanzar la IA, el Gobierno podría convertirse en el “asegurador de último recurso”. 
(Imagen Ilustrativa Infobae)

En los hechos, esto significaría que los usuarios no comprarían programas cerrados, sino que recurrirían a la IA cuando la necesitaran, pagando únicamente por el uso del servicio.

La propuesta de Altman trasciende un mero cambio de modelo de negocio. Según una publicación de OpenAI de noviembre de 2025, la compañía sostiene que el acceso a sistemas de inteligencia artificial podría considerarse un servicio esencial, comparable a la electricidad, el agua potable o incluso los alimentos.

El impacto de los centros de datos y la demanda energética

El anhelo de una inteligencia artificial omnipresente exige una infraestructura física de proporciones enormes. OpenAI, en enero de 2025, dio a conocer el proyecto Stargate, que contempla una inversión de 500.000 millones de dólares en cuatro años para ampliar su capacidad operativa.

Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI, visualiza un futuro donde la inteligencia artificial se integre en la vida diaria. 

REUTERS/Dado Ruvic/Illustration

Además, la empresa anunció junto a Oracle un acuerdo para incorporar 4,5 gigavatios de capacidad eléctrica adicional en Estados Unidos. Sin embargo, convertir estos planes en realidad implica desafíos logísticos y energéticos de gran envergadura.

El consumo eléctrico de los centros de datos ya constituye una porción relevante de la demanda nacional. El Departamento de Energía de Estados Unidos calculó que, en 2023, los centros de datos consumieron alrededor del 4,4% de la electricidad del país.

Las proyecciones indican que, para 2028, podrían absorber entre el 6,7% y el 12% del total. Estas cifras evidencian que la IA no es solo una aplicación digital, sino que depende de instalaciones industriales que operan sin pausa, impactando directamente el sistema eléctrico y demandando inversiones continuas para mantener su crecimiento.

La IA

El rol del Estado frente al avance de la IA

A medida que se afianza el modelo de la inteligencia artificial como servicio esencial, surgen preguntas sobre el papel de las instituciones públicas. En una entrevista con Tyler Cowen en noviembre de 2025, Sam Altman sugirió que, dada la escala económica que podría alcanzar la IA, el Gobierno podría convertirse en el “asegurador de último recurso”.

Por otro lado, Sarah Friar, directora financiera de OpenAI, mencionó la necesidad de apoyo público para facilitar la financiación de chips e infraestructuras, aunque la empresa luego aclaró que no buscaba garantías federales específicas para sus centros de datos.

La intervención estatal se perfila como una posible vía para reducir el costo de expansión y asegurar la accesibilidad del servicio. Este debate se intensifica cuando surgen obstáculos imprevistos en el desarrollo de proyectos, como ocurrió tras el anuncio de Stargate.

El sueño de una inteligencia artificial ubicua requiere una infraestructura física de dimensiones colosales. 

(Imagen Ilustrativa Infobae)

Pocos días después de la presentación, se supo que Oracle y OpenAI habían cancelado una ampliación planificada en Abilene, Texas, debido a problemas de financiación y a cambios en los requerimientos del proyecto.

La propuesta de tratar la inteligencia artificial como un servicio esencial va más allá de lo tecnológico. Plantea desafíos económicos por la magnitud de la inversión requerida y por el impacto sobre la demanda energética. Desde el punto de vista político, obliga a repensar el papel del Estado en la supervisión, regulación y, posiblemente, en la financiación de la infraestructura necesaria para sostener este nuevo modelo.

Fuente: Infobae

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