Desde su lanzamiento, “Lazarus”, la obra final de David Bowie, ha provocado un intenso análisis entre musicólogos y seguidores. Creada durante los últimos días del artista, esta pieza destaca por mezclar elementos armónicos tradicionales con un fuerte simbolismo, logrando una atmósfera cargada de incertidumbre y despedida.
Los secretos armónicos de la composición
La base musical de “Lazarus” se sostiene en una progresión sencilla: de La menor a Fa. Aunque cualquier músico puede ejecutar estos acordes, bajo la dirección de Bowie adquieren un tono inquietante. Esto se debe al empleo del tritono —la distancia entre Si y Fa en la escala de La menor—, un intervalo que la música occidental vinculó durante siglos con lo prohibido.
La interpretación instrumental, especialmente en la guitarra de Ben Monder y el saxofón de Donny McCaslin, resalta la fricción sonora. La melodía nunca se resuelve, manteniéndose en un ciclo constante, y esa falta de cierre refuerza la impresión de estar en un territorio ambiguo. El resultado es una canción que parece no terminar, sumiendo al oyente en un estado de expectativa y desasosiego. De acuerdo con un análisis de MusicRadar, esta estructura y el uso del tritono potencian deliberadamente el aura de misterio y despedida que Bowie buscó en su etapa creativa final.
En el puente de la canción, la armonía se mueve brevemente a Do, el relativo mayor de La menor. Este movimiento sugiere un respiro, como si ofreciera una pausa, pero pronto retorna a la secuencia inicial. Así, desaparece cualquier referencia tonal clara, acentuando la sensación de desorientación. Esta estrategia musical se convierte en una metáfora de la muerte como un tránsito hacia lo desconocido, sin respuestas definitivas.
El tritono: historia y simbolismo
El tritono, conocido como cuarta aumentada o quinta disminuida, ha sido objeto de leyendas desde la Edad Media. La Iglesia lo llamó diabolus in musica y aconsejó evitarlo en la música religiosa. Aunque la creencia popular sostiene que su uso podía acarrear sanciones graves, los registros históricos no confirman prohibiciones formales ni excomuniones por esta causa.

La razón de su mala fama está en la inestabilidad que genera: cuando aparece, el oído espera una resolución que nunca llega, produciendo tensión y expectativa. Por ello, compositores de diversas épocas prefirieron evitarlo, consolidando su asociación con lo prohibido en la tradición musical occidental.
Con el tiempo, el tritono adquirió nuevos significados. Bandas como Black Sabbath lo incorporaron al rock, dándole a su sonido un matiz oscuro y enigmático. Bowie, conocedor de este legado, recurrió al tritono en “Lazarus” para envolver su despedida en una red de misterio, resignificando el adiós y abriendo la puerta a múltiples interpretaciones.
El mensaje final: entre la vida y la muerte
La decisión de David Bowie de evitar un cierre musical evidente en su última canción revela una búsqueda artística consciente. El músico optó por representar la muerte como una transición, no como un punto final. En “Lazarus”, la sensación dominante es la de estar en un lugar intermedio, sin certezas, donde las preguntas superan a las respuestas.

Para quienes se preguntan por qué “Lazarus” transmite tanta incertidumbre, la respuesta está en la combinación de recursos técnicos y simbólicos: la progresión armónica nunca culmina y el uso del tritono mantiene viva la tensión hasta el final. El tema se convierte así en un testimonio sonoro de la incertidumbre ante el final de la vida.
La unión entre el significado personal que Bowie otorgó a su despedida y el uso de herramientas musicales históricas deja una huella profunda tanto en su obra como en la cultura popular. La canción logra trascender por su capacidad de sugerir, más que de explicar, lo que significa enfrentar el misterio de la muerte.
Un legado abierto al misterio
La influencia de “Lazarus” se percibe en cómo la canción rehúye cualquier cierre definitivo. El oyente queda suspendido en un espacio de duda, invitado a buscar su propia interpretación. La composición no ofrece respuestas sino que plantea interrogantes, fiel al espíritu de Bowie en sus últimos días.

El último mensaje de David Bowie, a través de “Lazarus”, permanece abierto al misterio. La canción rechaza las certezas y convierte la despedida en un espacio para la reflexión y la interpretación individual. Así, la obra se erige como un ejemplo perdurable de cómo el arte puede abordar, sin agotar, los grandes enigmas de la existencia.
Fuente: Infobae