Piense en una pareja donde cada desacuerdo termina con la amenaza de separación. O en alguien que evita definir el vínculo y prefiere fluir sin compromisos. También está quien, después de una ruptura, teme involucrarse de nuevo para no sufrir. Y aquel que decide marcharse cuando la pasión inicial se desvanece, creyendo que la “magia” ha terminado. Estas situaciones son más comunes de lo imaginado y, según el psicólogo Fran Sánchez, reflejan una posible falta de preparación emocional para construir una relación estable.
En una reciente publicación en TikTok, Sánchez detalla tres conductas que, a su criterio, evidencian una falta de madurez emocional para mantener una relación saludable. El primer indicio está vinculado a la manera de manejar los conflictos. “Quien piensa que una relación sana es una relación donde no existen conflictos o desencuentros”, sostiene. No obstante, considera que esta visión parte de una expectativa irreal, pues “todas las parejas van a tener momentos de tensión, diferencias de opinión o formas distintas de entender algunas cosas y es normal”.
El terapeuta recalca que la dificultad no radica en los desacuerdos, sino en cómo se gestionan. “Las parejas sanas no son las que nunca discuten, son las que saben reponerse del conflicto y volver a conectar tras él”, afirma. Por ello, advierte que quienes no toleran el mínimo roce o ven cualquier dificultad como una señal de fracaso “probablemente no están preparados emocionalmente para una relación”.

El segundo comportamiento identificado es el miedo al compromiso. Aquí, Sánchez distingue dos patrones frecuentes. Por un lado, quienes evitan etiquetar la relación con excusas como: “¿Para qué poner etiquetas? Con lo bien que estamos así, ¿qué necesidad hay de concretar nada?”. Por otro, quienes guardan distancia emocional justificándose con experiencias pasadas: “Me hicieron mucho daño en mi última relación” o “todavía no estoy preparado”.
El especialista aclara que tomar tiempo para sanar tras una ruptura es válido, pero alerta sobre una tendencia creciente: “El problema es empezar a construir vínculos ambiguos con personas que sí están preparadas y que esperan avanzar emocionalmente contigo sin haber cerrado bien etapas anteriores”. En su opinión, si existe miedo al compromiso o heridas no resueltas, “no estás preparado para construir una relación sana”.
Cuando el amor va más allá de la intensidad
El tercer comportamiento, que el psicólogo considera el más importante y el menos valorado, se relaciona con la confusión entre amor y enamoramiento. “Hay muchas personas que creen que amar y una relación debe ser sentir siempre mariposas en el estómago, euforia, intensidad”, señala.

Sin embargo, explica que esa fase inicial es temporal. “Después de la fase de enamoramiento, aparece una etapa muy distinta, más tranquila, más estable, más serena”, indica. En ese nuevo momento surgen elementos como “la paz, el equipo, la seguridad, el proyecto compartido, la calma emocional”.
La dificultad, según Sánchez, surge cuando se malinterpreta la falta de esa pasión inicial como el fin del amor: “Quien interpreta que el amor se ha acabado simplemente porque ya no siente esa hiperintensidad del principio, probablemente todavía no entiende lo que realmente implica construir una relación a largo plazo”. “Son adictos a los comienzos”, concluye.
Con estas ideas, el psicólogo invita a reflexionar sobre las expectativas emocionales que muchas personas proyectan en sus relaciones y cómo estas pueden afectar su capacidad para crear vínculos perdurables, especialmente cuando se confunde la chispa inicial con la estabilidad necesaria para mantener un proyecto de pareja a largo plazo.
Fuente: Infobae