Un equipo de paleontólogos del Museo de Historia Natural del Condado de Los Ángeles, en Estados Unidos, ha dado a conocer el hallazgo de una criatura que desafía la imagen tradicional de los cocodrilos. Durante el período Triásico, cuando los linajes de los animales modernos comenzaban a experimentar con formas corporales diversas, existió el Labrujasuchus expectatus, un pariente lejano de los cocodrilos actuales que, sin embargo, tenía poco que ver con ellos en apariencia.
Un arcosaurio con estilo de avestruz
El estudio, publicado en la revista Journal of Vertebrate Paleontology, revela que el Labrujasuchus guardaba un sorprendente parecido con los ornitomimosaurios, esos dinosaurios bípedos del Cretácico que evocan a los avestruces modernos. Pero aquí está la clave: este animal no pertenece al linaje de los dinosaurios, sino a la rama de los arcosaurios que eventualmente daría origen a los cocodrilos. A diferencia de estos, que son cuadrúpedos y poseen una dentadura temible, el Labrujasuchus se desplazaba sobre sus dos patas traseras, tenía brazos diminutos y una boca completamente desdentada que terminaba en un pico.
El ecosistema del Triásico estaba poblado por seres igualmente peculiares. Entre ellos se encontraban los lagerpétidos, primos bípedos de los dinosaurios cuyos parientes evolucionarían hasta convertirse en los pterosaurios; el Drepanosaurus, un habitante de los árboles con una garra similar a la de un perezoso y una cola prensil; y el Vancleavea, una especie de tanque reptiliano acuático. En este contexto de rarezas evolutivas, el Labrujasuchus expectatus emerge como el miembro más reciente de los Shuvosauridae, un grupo de antiguos parientes de cocodrilos que adoptaron planes corporales típicos de los dinosaurios terópodos bípedos de brazos pequeños.
Evolución convergente y un nombre con historia
Alan Turner, autor principal del artículo, explicó la relevancia del hallazgo:
“Vemos que muchas de las estrategias exitosas de los animales modernos y los dinosaurios no aviares surgen por primera vez en el Triásico, y los shuvosaurios son un gran ejemplo de esa evolución convergente. El bipedismo es sin duda una estrategia singular para los parientes de los cocodrilos, pero es una estrategia muy utilizada por los dinosaurios y, posteriormente, por las aves. Evidentemente, funcionó para estos animales”.
El Labrujasuchus expectatus se suma a una lista de apenas cinco especies identificadas de shuvosaurios. Este espécimen llena un vacío evolutivo que los científicos sabían que existía entre dos fósiles descubiertos previamente en la misma región de Ghost Ranch, en Nuevo México. El nombre específico, ‘expectatus’, hace alusión a que el descubrimiento era “lo esperado inesperadamente”. Por su parte, el nombre del género, Labrujasuchus, es una combinación del español ‘Ranchos de los Brujos’ —nombre antiguo del sitio— y la palabra griega para cocodrilo, suchus.
La denominación del yacimiento tiene una curiosa historia: según la tradición local, los rancheros lo bautizaron como ‘Ranchos de Los Brujos’ para ahuyentar a la gente y encubrir las operaciones de robo de ganado de los hermanos Archuleta. Los investigadores señalaron al respecto:
“Queríamos rendir homenaje a esa fascinante historia y honrar el papel fundamental que Ghost Ranch ha desempeñado en la ampliación de nuestra comprensión del Triásico. También queríamos destacar cómo funciona el registro fósil: encontrar un shuvosaurio de principios del Triásico y otro de finales significaba que los paleontólogos sabíamos que probablemente existían muchos más entretanto, esperando ser descubiertos y descritos”.
Fuente: Infobae