Hay historias que logran trascender generaciones porque saben reinventarse. La casa de los espíritus es un claro ejemplo: primero fue una novela, luego una película y ahora una serie, producida por Prime Video, que apuesta por narrativas latinoamericanas con alcance global. En el reparto de esta ambiciosa producción, una joven actriz argentina ha logrado captar la atención del público y la crítica: Rochi Hernández, quien da vida a Alba, la nieta del personaje interpretado por Dolores Fonzi. Su presente, marcado por el éxito de la serie y la ilusión de sus inicios, la encontró compartiendo su historia en una entrevista en Infobae a las 9 (Infobae en Vivo).
Rochi vive con entusiasmo este momento de su carrera. “Estoy contenta con la repercusión que está teniendo. La está viendo mucha gente y que la repercusión sea amorosa y que les guste y que genere cosas es espectacular”, confiesa, con humildad. En sus redes sociales y en cada entrevista, deja claro que la actuación siempre fue algo innato para ella. “Siempre desde muy, muy pequeña me interesó la actuación. Me divertía actuar, porque siempre me gustó”, recuerda sobre sus primeros pasos en San Isidro, la localidad bonaerense donde creció.
El camino hacia una superproducción internacional no fue sencillo. Entre risas, Rochi admite que durante los últimos años del colegio surgieron las dudas sobre su futuro. “Dije ‘creo que es por acá’, que voy a probar y si no sucede, siempre soy chica, tengo tiempo para cambiar de rumbo. Y empecé a estudiar Actuación en la UNA”. Además, se formó en teatro musical, canto, baile y participó en todos los talleres que le permitieran sumar experiencia y seguridad.
La posibilidad de comenzar a presentarse a castings llegó de la mano de Javier Furgang, su representante, a quien conoció gracias a una recomendación de Nicolás Repetto. “Yo iba al colegio con la hija de Nico, Renata. Ella era un año más chica que yo, pero hacíamos la obra juntas, la obra de teatro del colegio. Y él la fue a ver a Renata y yo estaba ahí con ella y le dijo a Javi como: ‘Tomala a Rocío’”. Ese gesto sencillo resultó clave: “Le dije gracias porque gracias a estar con Javi llegué a un montón de castings que si no, por ahí no hubiera llegado”.
Sus primeros trabajos fueron pequeños: un bolo, un unitario, una obra. Pero con el tiempo, la actuación se volvió su día a día. “Hace más o menos cinco años, mi trabajo full es como actriz, por suerte”, comparte. “Tuve la suerte de actuar con personas a quienes admiro, pero hay algo también de cuando llegás ahí y vos pasás a humanizar al otro ser humano, que es una persona. Pilar Gamboa hizo de mi mamá en 30 noches con mi ex, es la peli con Adrián Suar, ellos eran mis padres. Entonces, muy rápidamente me conecté con personas que yo genuinamente admiraba mucho y muy rápido las humanicé”.

Rochi destaca que el relevo generacional en la industria es evidente. Su generación, señala, creció viendo a actrices como Gamboa y Mercedes Morán, y ahora se nutre de ese legado pero busca su propio estilo. “Algo de eso me interpela a mí… Un anhelo o una aspiración a algún día, no ser como vos, pero sí ser ese tipo de artista”.
El salto internacional llegó con Night Sky, una serie de Prime Video donde compartió elenco con Sissy Spacek y JK Simmons. “Era el momento de mayor cholulaje que estaría posible. Estábamos en el último día de rodaje y con Julieta Zylberberg hicimos: ‘¿Nos sacamos una foto?’. Dijimos: ‘No, no’. Porque ella está trabajando ahí también. Tenemos una foto entre todos, pero mano a mano, medio selfie, no, no, está bien. Ya lo viví con ella, hice una escena con ella. Ya está, hice la escena”, relata. Esa experiencia la preparó para lo que vendría después, en el set de La casa de los espíritus.
La dinámica de las plataformas y la globalización del contenido audiovisual marcan una diferencia notable con generaciones previas. “Empecé a trabajar en la industria en un momento de recambio. Lo primero que filmé fue un Pol-ka, un bolo en Las Estrellas, y estaban moviéndose de Chacarita a Torcuato. Como un momento de la tele a la plataforma. Entonces, empecé a trabajar más en plataformas más que como la otra generación. Por ahí puede ser en Argentina, pero de repente viene alguien chileno o viene alguien de Colombia. Y está buenísimo, a mí me encanta eso”.
El presente de Hernández es agitado, aunque reconoce que la estabilidad no siempre está asegurada. “En este momento no”, responde sobre la demanda constante de trabajo, pero reconoce que desde 2021, el trabajo no ha faltado: “Pospandemia, fue un año muy de muchos frutos para mí, como de un trabajo atrás del otro. Y esta serie, de Prime, Night Sky, me abrió muchas puertas”.
Más allá de lo audiovisual, el teatro sigue siendo su gran amor. “Siempre creí que iba a ser por ahí. Después se me dio como más con lo audiovisual el trabajo. Pero amo hacer teatro y, bueno, me gustan los musicales también, hago musicales”, explica, con pasión.
Sobre La casa de los espíritus, Rochi no tiene dudas: “Estoy muy orgullosa de la serie que hicimos. Me parece que está buenísimo todos los temas que trata. Me parece que está buenísimo que sea para este momento. Es un libro que se escribió en 1982 y de repente es actual. Es muy loco eso, cómo se reactualiza”. El hecho de que la historia pueda leerse hoy con una mirada fresca y que siga generando conversación la entusiasma y motiva a seguir creciendo.

La serie estrenó sus ocho episodios de manera semanal y ya es tema de debate en redes y medios. “Es tan fuerte la serie, pasan muchas cosas. Hay muchas tragedias en la serie y, para mí, cada una te da un respiro”, explica al respecto. Para Rochi, el formato maratón ayuda a procesar la intensidad de la trama y permite que cada espectador elija su propio ritmo. “Hay algo en las plataformas que permiten eso. Primero, que te conozcan en países a los que tal vez uno no se imaginaba llegar. Y una combinación, un interactuar con actores que de otra forma era medio difícil”, sentencia ante la cámara.
Entre anécdotas de rodaje, recuerdos de sus primeros castings y una perspectiva fresca sobre el cambio generacional, Rochi encarna la energía de una generación que avanza con fuerza y busca nuevos horizontes. Su trayectoria, que comenzó casi como un juego infantil en San Isidro, y que hoy la sitúa en el centro de una historia que vuelve a hablar del presente, es prueba de que las verdaderas narrativas nunca dejan de contarse.
Fuente: Infobae