En junio de 2005, el fundador de Apple, Steve Jobs, pronunció ante los graduados de la Universidad de Stanford una de las conferencias más emblemáticas del ámbito tecnológico y empresarial. Durante su intervención, compartió tres relatos personales que no solo ilustraron su trayectoria hacia el éxito, sino que también modificaron la manera en que se perciben el fracaso, la intuición y el propósito existencial.
En aquel escenario, Jobs propuso una mirada donde los momentos de incertidumbre, las derrotas y las decisiones complicadas se convierten en elementos esenciales para el crecimiento profesional y personal. A través de sus vivencias, invitó a la audiencia a encarar el futuro con menor temor al error y mayor confianza en la intuición y en las lecciones que dejan las experiencias.
El paso de Jobs por la universidad

La primera anécdota de Steve Jobs se centró en su salida de la universidad. Criado por padres adoptivos, creció con la promesa de cursar estudios superiores. Sin embargo, a los seis meses de haber ingresado al Reed College, decidió abandonar la carrera formal.
“Decidí dejarlo y confiar en que todo iba a salir bien. Ese momento fue aterrador, pero mirando hacia atrás fue una de las mejores decisiones que he tomado nunca”, recordó.
El tiempo libre que le quedó lo aprovechó para asistir a materias que realmente le apasionaban, como caligrafía. Aunque en ese instante parecía una destreza sin aplicación práctica, años después se transformó en un pilar fundamental para el diseño del primer Macintosh. Jobs insistió en que
“no puedes conectar los puntos mirando hacia adelante; solo puedes conectarlos mirando hacia atrás”.
Subrayó la relevancia de confiar en algo: “el destino, el karma, el instinto, lo que sea”.
Perderlo todo como punto de partida
La segunda historia giró en torno al despido de Jobs de su propia compañía. Luego de fundar Apple junto a Steve Wozniak y convertirla en una corporación con miles de empleados, fue separado tras discrepancias con el consejo directivo.
“¿Cómo te pueden despedir de tu propia empresa?”, preguntó. “Había desaparecido aquello que había ocupado el centro de toda mi vida adulta. Fue devastador”.
Pese a la desilusión, Jobs descubrió que su pasión por el trabajo seguía intacta.
“El revés ocurrido con Apple no había cambiado en absoluto esa sensación. Había sido rechazado, pero seguía enamorado”.
En los años siguientes fundó NeXT, impulsó Pixar y formó una familia.
“Estoy bastante seguro de que nada de esto habría sucedido si no me hubiesen despedido de Apple. Fue una medicina amarga, pero supongo que el paciente la necesitaba”.
Para él, la clave fue no rendirse y continuar adelante a pesar del fracaso.
El amor por el trabajo como motor
Jobs resaltó que la única forma de hacer un gran trabajo es amar lo que se hace. La salida de Apple le brindó la oportunidad de reiniciar y explorar nuevas ideas. “La pesadez de tener éxito fue reemplazada por la ligereza de ser un novato de nuevo. Esto me liberó y entré en una de las etapas más creativas de mi vida”. A quienes aún no hayan encontrado esa pasión, Jobs sugirió buscarla con determinación.
“Si aún no lo han encontrado, sigan buscando. No se rindan. Como con los asuntos del corazón, sabrán cuándo lo han encontrado. Y, al igual que las grandes relaciones, mejora con el paso de los años”, afirmó.
Enfrentar el miedo al fracaso y a la muerte
La tercera historia relatada por Jobs tuvo como centro la mortalidad. Desde los 17 años, una frase lo marcó: “Si vives cada día como si fuera el último, es muy probable que algún día hagas lo correcto”.
Cada mañana, se preguntaba si deseaba hacer lo que tenía planeado ese día. Cuando la respuesta era “no” varios días seguidos, sabía que debía cambiar algo. En su relato, compartió la experiencia del diagnóstico de cáncer de páncreas. “Significa intentar decir a tus hijos todo lo que pensabas decirles en los próximos diez años, pero comprimido en unos pocos meses”. Tras una operación, los médicos descubrieron que el cáncer era curable.
“Recordar que vas a morir es la mejor manera que conozco para evitar la trampa de pensar que tienes algo que perder. Ya estás desnudo. No hay ninguna razón para no seguir lo que dicta tu corazón”.
Fuente: Infobae