Adriel C.O., un cocinero santacruceño de 27 años que reside en el barrio porteño de Recoleta, se encuentra bajo la lupa de la Justicia tras ser señalado por múltiples rescatistas como un presunto asesino serial de gatitos. Las denuncias, que surgieron tras conectar pistas dispersas en publicaciones de redes sociales, llevaron a que la Justicia porteña lo investigue por maltrato animal, además de lesiones leves, amenazas y coacción contra un menor de edad.
Todo empezó en la iglesia Nuestra Señora de las Victorias, ubicada en Paraguay al 1200. Allí, Adriel logró ganarse la confianza de una mujer. Tras un año de relación, durante un plan de salida nocturna, ella le pidió que cuidara a su hijo de 10 años. Según los testimonios, aquella noche fue aterradora para el niño y para Charly, el felino de 9 meses que vivía en el departamento. Los hechos ocurrieron el 16 de enero pasado.

“Adriel torturó al gato: lo metió en bolsas cerradas, lo golpeó y lo aplastó con la puerta del balcón. Cuando el menor intentó intervenir en auxilio del gato, Adriel lo pellizcó fuertemente y lo amenazó diciéndole que si intervenía de nuevo, lo iba a volver a pellizcar. Charly falleció horas después con un cuadro de grave hipoxia compatible con asfixia”, relató a Infobae el abogado Alexis Marrocco, quien lidera la acusación contra el cocinero.
El segundo caso registrado ocurrió pocos días después, el 24 de enero. “Me contactó para adoptar un gato negro, aunque se quedó con Rubio. Hicimos una videollamada y el perfil era 10 puntos; dijo que era amante de los animales y que tenía experiencia con gatos. Había comprado una transportadora rosa y juguetes; me pareció maravilloso el detalle. Pactamos la entrega y le dejé a Rubio. A la noche le pedí una foto para ver cómo estaba y lo que vi, no me gustó nada. Por el contrario, me inquietó”, recordó la rescatista Elisabeth Soriano.

Elisabeth, a través de la imagen, intuyó que algo no encajaba. “Rubio tenía dos meses y lo había puesto en el piso, al lado de una casilla de cartón. Le dije que no me parecía, todavía era un bebé, no podía estar en esas condiciones. Me respondió que lo hacía para que se acostumbre al olor de la casa”, contó. Soriano cerró la conversación con la idea de reclamarle otra foto al día siguiente.

Sin embargo, Adriel la contactó antes. “Pasadas las 10 de la mañana del domingo, me manda un mensaje largo escrito y me dice que Rubio había fallecido en una veterinaria por un supuesto síndrome que le da a los gatos. Era imposible, porque se había ido en buenas condiciones de acá, con atención veterinaria. No me atendía las llamadas, todo lo hacía por audio o mensaje escrito; le insistí tanto que me dio el nombre de la veterinaria a la que, supuestamente, lo había llevado. Le pregunté con qué nombre lo había anotado y me dijo: Charly”. En ese momento, Soriano desconocía la existencia del caso previo.

“Es ahí cuando me comunico enseguida con esa veterinaria y me dicen que nunca había ido Adriel. Yo les mandé la foto de Adriel y de Rubio; me dijeron que nunca se había presentado ese domingo. Ahí me dije: Él lo mató. Entonces, me enojé tanto, me puse a llorar, estaba frustrada, me sentía culpable y me sigo sintiendo culpable, porque esta basura se apareció en mi vida, en la vida de Rubio… Le mando un audio enojada y le dije: Sos un mentiroso, Adriel, vos mataste a Rubio, vos lo mataste, pero esto no se va a quedar así”. El cocinero se negó a entregar el cuerpo del animal.
La rescatista se contactó con Marrocco para formalizar la denuncia e hizo publicaciones en redes donde advertía que el joven era peligroso, aunque sin mencionar la muerte. “No tenía pruebas”, explicó.
El 25 de febrero, llegaron novedades: “Eli, hay otra víctima de este hijo de puta”. El mensaje era de Gabriela, otra rescatista. “Era tarde, me fui para el departamento de Adriel; cuando llegué, Gabriela ya había entrado, no pude impedirlo y ella terminó detenida”.
La mujer buscaba desesperadamente respuestas sobre la muerte de Salvadora, a quien le había entregado una hora antes con vida, junto a sus cinco bebés lactantes. Adriel le envió una foto de la gata rígida en el suelo. En esa oportunidad, también murió uno de sus gatitos; los otros cuatro fueron rescatados, pero fallecieron después. “Se realizó necropsia de la madre y el bebé que falleció en dicho domicilio. Ambas necropsias muestran signos pulmonares”, destacó Marrocco.

Horas antes, el santacruceño había recibido a dos gatos en tránsito (Betún y Mora). Poco después informó a la rescatista que Betún estaba mal y que respiraba lento. El gato falleció esa misma tarde y su cuerpo fue retirado por la rescatista.
Tras indagaciones en redes, los rescatistas vinculan a Adriel C.O. con otros tres casos. “Aproximadamente el 15 de febrero, le fue entregada una gata de color blanco que estaba preñada. Se cree que la golpeó y que eso produjo un parto fuera de término, ya que nacieron cuatro bebés prematuros, los cuales fallecieron todos. La gata salió de ese domicilio con un presunto traumatismo”, señaló el abogado.

Por otro lado, “el 23 de febrero le fueron entregados dos gatos atigrados de dos meses de edad. Ambos gatos desaparecieron. Se presume que los asesinó”, indicó. Por último, “se investiga también la muerte de un gato bebé lactante ocurrida en circunstancias extrañas durante la primera quincena de febrero”, detalló.
“Sumadas todas las muertes investigadas, se alcanza la cifra de 16 animales fallecidos, como mínimo. Creemos que pueden existir muchas muertes más. Ello, además de los delitos cometidos contra el menor, quien nunca podrá olvidar lo que vio esa noche”, subrayó Marrocco.
En el caso interviene la UFEMA, la unidad especializada del Ministerio Público Fiscal porteño que investiga delitos vinculados al medio ambiente, la seguridad pública, el maltrato animal y la integridad animal.
Perfil y modalidad del acusado

Adriel C.O. se presentaba como un amante de los animales, con amplia experiencia y disposición a ayudar. Se puso en contacto con numerosas ONGs y rescatistas para ofrecerse como tránsito y adoptante, solicitando gatos de corta edad (dos meses), gatas preñadas y gatas con bebés lactantes. Se ganaba la confianza de muchos, quienes de buena fe le entregaban animales en su domicilio. Esos animales morían pocas horas después de cada entrega, según Marrocco.
Tras cada muerte, de acuerdo con los rescatistas, el presunto asesino de gatitos articulaba excusas inverosímiles, mentía con descaro, culpaba al rescatista e incluso al propio animal fallecido. Por último, “se victimizaba diciendo que él es una persona cardíaca, que estaba muy mal y que tuvo que llamar a los paramédicos para que lo asistan”.
El abogado advirtió: “Esta persona presenta los rasgos propios de la Tétrada Oscura de la Personalidad (maquiavelismo, narcisismo, psicopatía y sadismo), con alta peligrosidad y riesgo de escalamiento en la violencia”.
Fuente: Infobae