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La paternidad transforma el cerebro del hombre, según nuevo estudio

Un estudio publicado en la prestigiosa revista científica Translational Psychiatry reveló que la paternidad provoca modificaciones rápidas en el cerebro de los padres primerizos durante las primeras semanas posteriores al nacimiento. Este proceso, asociado con un mayor vínculo con el bebé, podría explicar por qué la participación temprana del padre tiene efectos concretos en el desarrollo infantil, de acuerdo con información difundida por el portal científico ScienceX.

La investigación siguió de cerca a 26 padres recientes, de los cuales 25 completaron todo el protocolo. Se realizaron seis resonancias magnéticas en cada participante, programadas desde la primera semana después del parto y luego a las 3, 6, 9, 12 y 24 semanas. En cada medición, el equipo también evaluó el nivel de apego del padre hacia su hijo.

El objetivo del trabajo era esclarecer un campo donde la evidencia científica era escasa y contradictoria, según el portal especializado. Durante años, la neurociencia de la crianza se enfocó casi exclusivamente en las madres, mientras que el impacto de la llegada de un hijo en la mente de los hombres había quedado mucho menos documentado.

Caída y posterior recuperación de la materia gris

Las imágenes por resonancia magnética mostraron que, en las primeras seis semanas después del parto, los nuevos padres experimentaron una reducción acelerada de materia gris en múltiples regiones cerebrales: los lóbulos occipital, frontal, temporal y parietal, además de la ínsula y el hipocampo.

Hacia la sexta semana, ese descenso se estabilizó. Luego vino una segunda fase. Alrededor de la semana 12, el patrón se invirtió y para la semana 24, algunas áreas comenzaron a crecer nuevamente, en especial partes de la corteza frontal y del cerebelo.

Las resonancias magnéticas mostraron una reducción acelerada de materia gris en varias regiones cerebrales durante las primeras seis semanas desde el nacimiento (Imagen Ilustrativa Infobae)

El estudio también detectó cambios en la conectividad cerebral. La amígdala, una región clave en el procesamiento emocional, pasó a estar más conectada con zonas como el cíngulo anterior y el hipocampo.

Este dato fue uno de los hallazgos más relevantes: los padres que mostraron mayores aumentos en la conectividad de la amígdala también reportaron un apego más fuerte hacia su bebé. Los autores concluyeron que el período posparto temprano constituye una ventana crítica tanto para la reorganización neural paterna como para la formación del vínculo afectivo.

Antecedentes dispersos y contradictorios

Antes de este trabajo, las investigaciones disponibles eran limitadas y ofrecían resultados mixtos, indicó el portal. Un estudio de neuroimagen previo examinó a 16 padres recientes alrededor de los dos meses y entre los tres y cuatro meses después del parto, y encontró aumentos en circuitos subcorticales vinculados con la motivación, como el hipotálamo, la amígdala y el estriado, mientras que algunas áreas corticales se reducían.

Otro estudio, realizado con padres entre los dos y nueve meses después del nacimiento, observó una pérdida extendida de volumen cortical y pocos cambios en las zonas profundas del cerebro. Esta diferencia llevó a pensar que el momento de la medición era un factor clave para entender el fenómeno.

El nuevo estudio se apoya en esa hipótesis temporal y añade una secuencia más precisa de los cambios. También dialoga con otra observación ya conocida: aunque los hombres no atraviesan el embarazo, la llegada de un hijo altera su biología, con descensos de testosterona y aumentos de prolactina y cortisol que parecen favorecer el vínculo.

Entre los hallazgos clave del estudio sobre paternidad y neurociencia destaca el aumento de la conectividad cerebral entre la amígdala y el hipocampo, vinculado a mayor apego paterno (Imagen Ilustrativa Infobae)

Aplicaciones y límites del estudio

Las implicancias prácticas apuntan a las primeras semanas de vida del bebé. Si el cerebro del padre atraviesa un período de plasticidad en ese tramo inicial, los programas de acompañamiento familiar podrían reforzar conductas de apego temprano, como colocar al recién nacido sobre el pecho del padre.

Ese posible uso aplicado se apoya en un dato ya establecido: la participación activa de los padres favorece el desarrollo social y emocional de los hijos. El nuevo estudio sugiere que esa influencia podría tener una base neural identificable en los cambios observados hasta las 24 semanas posteriores al nacimiento.

Los autores reconocieron, no obstante, varias limitaciones, según el portal. El estudio no incluyó un grupo de control de hombres sin hijos ni escaneos previos al nacimiento, por lo que no puede afirmarse que todos los cambios detectados hayan sido causados exclusivamente por la crianza. La muestra también fue reducida y estuvo compuesta en su mayoría por padres primerizos.

Aun así, la cronología observada resultó lo suficientemente consistente como para plantear nuevas investigaciones que comparen padres y no padres, e incorporen mediciones hormonales o genéticas junto con las imágenes cerebrales.

Fuente: Infobae

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