Exactriz de ‘Game of Thrones’ narra su caída en una secta y crisis psicótica

La actriz británica Hannah Murray, conocida mundialmente por interpretar a Gilly en la serie Game of Thrones y a Cassie Ainsworth en Skins, ha compartido los detalles más oscuros de su vida en un nuevo libro de memorias. A sus 36 años, Murray relata cómo una búsqueda espiritual la condujo a los 27 años al interior de una secta de bienestar, una experiencia que culminó en un episodio psicótico que requirió hospitalización.

La obra, titulada The Make-Believe: A Memoir of Magic and Madness, saldrá al mercado el 23 de junio de 2026 bajo el sello de Hutchinson Heinemann. Según se ha informado, el manuscrito fue adquirido tras una intensa puja entre 13 editoriales, y se describe como una exploración franca y con un toque de humor negro sobre cómo el hedonismo y la industria de la autoayuda pueden converger de manera peligrosa.

De la fama temprana a la búsqueda de algo más

Murray saltó a la fama siendo una adolescente con su papel en Skins, y luego alcanzó el estrellato global en Game of Thrones, donde apareció durante cinco temporadas. Su filmografía también incluye películas como Detroit (2017), sobre los disturbios raciales en Estados Unidos, y Charlie Says (2018), centrada en la familia Manson. En paralelo, logró completar una licenciatura en Literatura Inglesa en el Queen’s College de Cambridge.

Sin embargo, la vida bajo los reflectores tenía un precio alto. En declaraciones a The Guardian en mayo de 2026, Murray describió la fama como agotadora, señalando el acoso de ciertos admiradores, las constantes preguntas sobre su peso y las exigencias de los directores de casting. El alcohol, las drogas y el sexo desesperado también formaban parte de ese entorno.

“Eso era un factor importante de ser actriz: ser elegida para un papel te hace sentir increíblemente especial. Pero eso dura solo mientras dura ese proyecto. Estaba como en una rueda de hámster de: ‘¿Dónde está la cosa que me va a hacer sentir especial para siempre?’”, confesó al medio británico.

Hannah Murray como Cassie en un episodio de 'Skins' (IMDb)

El camino hacia la secta: una sanadora de energía

Fue en ese estado de vulnerabilidad que Murray acudió a una “sanadora de energía”, identificada en el artículo solo como Grace. Tras filmar Detroit, pagó 150 dólares por una sesión de “sanación” que le pareció positiva. Aquella experiencia fue la puerta de entrada a una clase mística, y de ahí a más clases y más miembros de la organización. “Quería ir más y más lejos, tan lejos como fuera posible”, le dijo Murray al diario.

Con el tiempo, conoció al líder del grupo, a quien el reportaje llama únicamente Steve. “Irradiaba poder de una manera que nunca había visto en nadie. Poder mágico… Supe que estaba en presencia de un mago”, declaró la actriz. Murray reconoce que su amor infantil por la saga de Harry Potter la predispuso a creer en lo sobrenatural. “Lo más atractivo era la idea de que podrías descubrir todo un mundo mágico justo bajo la superficie de nuestro mundo. De niña, quería desesperadamente que eso fuera verdad”, explicó.

La atmósfera dentro del grupo tenía un matiz perturbador. “Mi propia experiencia se sintió altamente erotizada, sin que ocurriera nada explícitamente físico. Había simplemente esta carga en la energía del cuarto”, señaló Murray. Cuando ella misma sugirió que el grupo era una especie de “secta sexual”, uno de los instructores le respondió: “Eso es gracioso. No, él simplemente es muy bueno para derribar tu ego, así que puede surgir mucho material sexual”.

Antes de involucrarse en la organización espiritual, la actriz ya lidiaba con las presiones de la fama, los castings y el escrutinio sobre su cuerpo. (HBO)

La noche de terror: “dar a luz por el cráneo”

El punto de quiebre ocurrió durante un curso de cinco días en un hotel de Londres. Murray hablaba “a un millón de palabras por segundo”, veía señales y símbolos en todas partes y se sentía eufórica. Una noche, comenzó a alucinar y a escuchar la voz de Steve en su cabeza. Se encerró en el baño y vivió un episodio psicótico que describió como “dar a luz por el cráneo”. Los miembros de la organización rodearon el cubículo con herramientas de bronce mientras cantaban: “Aléjate, espíritu maligno en Hannah”.

Tras años de silencio, Hannah Murray decidió contar públicamente su experiencia en el libro The Make-Believe: A Memoir of Magic and Madness. (Composición/Penguin Random House/ Sophie Davidson)

Alguien pidió ayuda desde el exterior. Murray fue inmovilizada en el suelo por un grupo de hombres uniformados y trasladada de urgencia al hospital Gordon en Bloomsbury, Londres. Allí fue internada durante 28 días bajo la Ley de Salud Mental británica, y posteriormente le diagnosticaron trastorno bipolar.

Una nueva vida lejos de los focos

Actualmente, Murray reside en una localidad de East Anglia, al este de Inglaterra. Ha dejado la actuación, no bebe ni fuma, cocina y se dedica a escribir. Al menos una vez por semana, según contó a The Guardian, le llega un pensamiento abrumador: “Gracias a Dios que ya no soy actriz”, acompañado de lo que describe como “una verdadera oleada de alegría”.

Después de ser diagnosticada con trastorno bipolar, Hannah Murray decidió hablar abiertamente sobre el estigma alrededor de las internaciones psiquiátricas.(REUTERS/Caitlin Ochs)

A través de su libro, la intérprete tiene un objetivo claro. “Escucho mucho: ‘Necesitamos hablar más sobre salud mental’. Lo que quieren decir es algo como la ansiedad y la depresión. Todos estamos felices de hablar de eso. Pero hay un tabú enorme en torno a las personas que son internadas”, explicó al diario. “Sentí que era muy importante decir: ‘Yo pasé por esto’. Mucha gente pasa por esto. Eso no significa que sean malas personas ni que estén arruinadas para siempre”.

Fuente: Infobae

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