El cineasta argentino Federico Luis se alzó con la Palma de Oro al mejor cortometraje en la 79ª edición del Festival de Cannes por su obra Para los contrincantes, un retrato del boxeo infantil en México. Al recibir el galardón, otorgado por un jurado presidido por la directora española Carla Simón durante la ceremonia de clausura, el realizador declaró:
“Es maravilloso estar aquí y también un poco agridulce, cuando sabemos tantas cosas crueles están pasando en el mundo”.
Este no es su primer reconocimiento en el prestigioso certamen francés: en 2024 ya había ganado la sección paralela de la Semana de la Crítica con su ópera prima, Simón de la montaña.

Nacido en Buenos Aires en 1990, Luis dedicó el premio a sus amigos y seres queridos, con una mención especial para Tepito, el emblemático barrio popular de la Ciudad de México, cuna de los boxeadores más bravos de la capital y escenario donde filmó el cortometraje. En Para los contrincantes, el director ofrece un conmovedor acercamiento al mundo del boxeo infantil mexicano, un universo que conoció gracias al escritor mexicano Mario Bellatin. La idea de esta pieza, que fusiona ficción y documental, surgió casi por casualidad mientras preparaba su próximo largometraje de ficción, centrado en un entrenador de perros y basado en un personaje literario de Bellatin.
“La emoción de las expectativas de los adultos sobre los niños es algo que se puede ver mucho en el boxeo, pero es algo que cualquiera siente y que te hace acordar de muchas cosas de cuando eras niño”, explicó en una entrevista días antes de viajar a Cannes, donde presentó Para los contrincantes.
El impacto que Luis sintió al ver a los niños pelear fue inmediato y abrumador. “Vi eso y, como pocas veces me ha pasado en mi vida, entré como en un ‘shock’ muy fuerte (…) Me pareció una cosa muy increíble porque se condensaban muchas cosas de la tradición, de los deportes, de ser un niño y de responder a las expectativas de los adultos. Y todas esas cosas me hicieron pensar que me encantaría filmar”, recuerda. Los permisos se gestionaron con rapidez y uno de los jóvenes boxeadores capturó especialmente su atención: Damián, el niño alrededor del cual terminó girando el proyecto.
El equipo organizó para él un combate real contra su mejor rival, con la condición de que el director respetaría el resultado del enfrentamiento sin intervenir. “Quería que estuviese en una pelea que, más allá de ganar o perder, fuese una pelea importante para poder ver todas esas emociones que vi ese primer día”, detalló el cineasta porteño. La ficción se limitó a algunos detalles que surgieron sobre la marcha.
Fuente: Infobae