La NASA finalizó el pasado 21 de mayo la fase de recolección de datos del instrumento AWE (Atmospheric Waves Experiment), después de 30 meses de observaciones continuas desde la Estación Espacial Internacional. Durante este tiempo, la agencia espacial investigó cómo los fenómenos meteorológicos terrestres pueden modificar el clima espacial, un factor que interfiere con satélites y señales de navegación y comunicación.

A lo largo de ese período, AWE capturó cuatro imágenes infrarrojas por segundo, logrando reunir más de 80 millones de imágenes nocturnas, momento en que la luminiscencia atmosférica es visible. La NASA destacó que el instrumento superó su vida útil prevista de dos años antes de ser desactivado para dar paso a otro experimento científico en el exterior del laboratorio orbital.
Instalado desde noviembre de 2023, AWE fue diseñado para estudiar las ondas gravitatorias atmosféricas: ondulaciones gigantescas en la atmósfera causadas por vientos intensos sobre grandes cordilleras o por eventos meteorológicos violentos como tornados, tormentas eléctricas y huracanes. La misión buscó esas ondas en bandas de luz de colores de la atmósfera terrestre y analizó cómo ascienden hacia el espacio, contribuyendo al clima espacial.
AWE detectó tormentas y huracanes alterando la atmósfera superior
Joe Westlake, director de la División de Heliofísica de la NASA en la sede de la agencia en Washington, explicó el alcance de los resultados con una metáfora contundente: “La misión AWE ha demostrado que nuestra atmósfera no es un techo, sino un océano vivo y palpitante en el cielo”. Westlake añadió que, “por primera vez, podemos observar cómo una tormenta eléctrica en el Medio Oeste, un huracán sobre Florida o una ráfaga de viento sobre los Andes generan ondas invisibles —ondas gravitatorias atmosféricas— que impactan contra el borde del espacio como olas que rompen en la orilla”.
El funcionario también señaló que, al cartografiar esas ondas desde la estación, la misión demostró que el clima terrestre se extiende más allá de las nubes y da forma al clima espacial que afecta a la economía orbital. Esta relación es clave para entender cómo una perturbación generada en la atmósfera baja puede modificar las condiciones que repercuten en las operaciones satelitales.
AWE observó ondas gravitatorias atmosféricas asociadas a un brote de tornados en el centro de Estados Unidos en mayo de 2024 y al huracán Helene, que golpeó la costa del Golfo de Florida en septiembre de 2024. Ludger Scherliess, investigador principal de AWE en la Universidad Estatal de Utah en Logan, afirmó: “hemos observado señales de ondas atmosféricas asociadas a importantes fenómenos terrestres, lo que proporciona un claro ejemplo de cómo los sistemas meteorológicos intensos pueden generar respuestas medibles en la atmósfera superior”.

Los datos también revelaron diferencias entre las ondas generadas por distintas tormentas. Cuando AWE observó las ondas producidas por una tormenta eléctrica en el norte de Texas el 26 de mayo de 2024, detectó estructuras más pequeñas e irregulares y una asimetría marcada de norte a sur, en comparación con las ondas creadas por tormentas en la misma región a comienzos de ese mismo mes.
Una de las imágenes divulgadas por la misión mostró ondas gravitatorias atmosféricas concéntricas provocadas por un fenómeno meteorológico grave que incluyó un tornado cerca de la frontera entre Estados Unidos y México el 3 de mayo de 2024. Según la NASA, la captura, obtenida durante la órbita 2529 de la permanencia de AWE en la estación, exhibió ondas que se extendían por Texas y México en círculos casi perfectos, una vista que rara vez se había observado con tanta claridad antes de esta misión.
Ondas pequeñas que afectan señales y sistemas de navegación
Comprender cómo esas ondas alteran la densidad del plasma en la atmósfera superior es relevante porque esas variaciones pueden interrumpir las señales de radio entre satélites y la Tierra, así como entre satélites. Este efecto puede degradar la precisión y fiabilidad de los sistemas utilizados para navegación, sincronización y comunicaciones.

En un estudio reciente publicado en el Journal of Geophysical Research: Atmospheres, las mediciones de AWE revelaron que las ondas de gravedad con mayor influencia en la atmósfera superior tienen longitudes de onda horizontales pequeñas, de entre 30 y 300 kilómetros, precisamente el rango para el que fue diseñado el instrumento.
Concluida la fase de observación, AWE fue apagado para permitir la instalación de CLARREO Pathfinder, el experimento que lo reemplazará en el exterior de la estación espacial. Este nuevo instrumento medirá la luz solar reflejada por la Tierra y la Luna con una precisión entre cinco y diez veces superior a la de los sensores actuales.
En los próximos días, el brazo robótico Canadarm2 retirará AWE de su ubicación en la estación. Posteriormente, el instrumento será cargado en una sección de la nave de carga SpaceX Dragon, que abandonará la órbita y se desintegrará al reingresar en la atmósfera.
Scherliess indicó que los datos seguirán disponibles una vez terminada la operación física del instrumento. “Los datos de AWE seguirán haciéndose públicos tanto para investigadores profesionales como para científicos ciudadanos”, concluyó.
Fuente: Infobae