En una reciente columna, el economista Martín Lousteau advirtió que la tasa de natalidad en Argentina cayó un 47% en la última década, un fenómeno que se replica a nivel global y que plantea serios desafíos económicos y demográficos de difícil reversión.
Lousteau explicó que esta caída “viene desde 2014, mucho antes de la sanción de la legalización del aborto”, y subrayó que se trata de una tendencia mundial: “Muchos economistas y hacedores de política económica están preocupados por esta transformación, que hace mucho tiempo no se preveía. Más de dos tercios de los países del mundo están por debajo de la tasa de reemplazo”.
Impacto demográfico y económico
El economista ilustró didácticamente el efecto en la estructura poblacional: “Cuando la tasa de natalidad cae por debajo de 2,1 hijos por mujer, la población empieza a achicarse. Si la tasa pasa de 2,1 a 1,1, en 50 años la población se reduce a la mitad”. Destacó que en Argentina “en 2014 hubo 777 mil nacimientos y en 2024 hubo 413 mil. Cayó 47% en 10 años”.
Lousteau proyectó las consecuencias económicas: “El primer impacto es que a medida que tenés más gente jubilada y menos gente trabajando, se produce menos por habitante y el ingreso por habitante y el estándar de vida pueden caer muy rápidamente”. Agregó que el envejecimiento de la población agrava el problema: “Coincide con una mayor esperanza de vida, lo que duplica el desafío para los sistemas previsionales y de salud”.
También advirtió sobre la presión fiscal: “Cuando baja la cantidad de trabajadores, la deuda per cápita explota y hay que mantener más jubilados con menos recursos. Además, muchas infraestructuras quedan sobredimensionadas para una población que se achica”.
Causas multicausales
La columna abordó las razones detrás de la baja natalidad. “Hay menos parejas en todo el mundo y cuesta más formar familia. La dificultad económica, el costo de la vivienda y el desarrollo profesional influyen, pero también la proliferación del smartphone y las redes sociales, que aceleran patrones globales y dificultan la socialización real”, señaló Lousteau.
Paula Guardia Bourdin mencionó el ejemplo de Noruega, donde “solucionan el tema previsional con un fondo de petróleo, pero la baja natalidad persiste”. Lousteau coincidió: “Los intentos de los países desarrollados para revertir la tendencia, como subsidios o facilidades para la crianza, no lograron frenar la caída”.

El análisis incluyó el caso de Israel, que se mantiene por encima del promedio global: “Allí la socialización obligatoria por el servicio militar y la pertenencia comunitaria parecen ser factores que sostienen la natalidad. Pero son hipótesis, porque no hay una solución clara”.
Desafíos para las políticas públicas
Lousteau remarcó que “el fenómeno es tan fuerte que en la Argentina están cerrando maternidades y jardines de infantes”. Recordó que “todo el mundo está teniendo menos hijos de los que quisiera tener” y planteó que la falta de deseo no es el principal problema: “No es que haya una falta de deseo, sino que las condiciones materiales y sociales lo dificultan”.
El economista concluyó: “Todavía no hay nadie que esté dando con la tecla para revertir la baja natalidad. La estabilidad económica, la vivienda accesible y la educación pública de calidad son obstáculos centrales. Y, por otro lado, la dificultad para formar parejas y la postergación de la paternidad complican el panorama”.
Fuente: Infobae