El uso de pesticidas en América Latina se ha disparado en las últimas décadas y Ecuador no es la excepción. Organizaciones ambientales y defensoras de los derechos de la naturaleza advierten que varios químicos utilizados en la agricultura están afectando gravemente a las abejas y otros polinizadores, especies fundamentales para la producción de alimentos y el equilibrio de los ecosistemas.
La investigadora agroalimentaria y coordinadora del colectivo en Defensa de los Polinizadores, Valeria Recalde, alertó sobre el incremento del uso de agrotóxicos en la región y las consecuencias que esto ya está provocando.
La especialista señaló que dos insecticidas generan especial preocupación: el imidacloprid, perteneciente a la familia de los neonicotinoides, y el fipronil. Ambos han sido restringidos o prohibidos en varios países debido a sus efectos nocivos sobre las abejas y otros insectos polinizadores.
Según Recalde, el fipronil está prohibido en la Unión Europea desde 2013 y tiene restricciones en países como Colombia, Costa Rica, Uruguay e incluso Brasil. Sin embargo, en Ecuador estos productos todavía no enfrentan limitaciones.
El impacto sobre las abejas y la alimentación
La coordinadora del colectivo explicó que los neonicotinoides están vinculados al denominado “colapso de colonias”, un fenómeno que ha provocado la desaparición masiva de abejas en distintas partes del mundo.
Aunque muchas personas podrían pensar que se trata únicamente de un problema ambiental, Recalde advirtió que el impacto también alcanza directamente a la salud humana y a la seguridad alimentaria.
Además, aseguró que estos químicos han sido detectados en sangre, leche materna y orina, y que diversas investigaciones los relacionan con enfermedades como cáncer y alteraciones hormonales.
Recalde cuestionó que Ecuador aún no restrinja estos productos pese a la evidencia científica internacional. Indicó que, según explicaciones recibidas por parte del Ministerio del Ambiente, no existirían suficientes estudios a nivel nacional.
Frente a ello, el colectivo ha comenzado a recopilar información y testimonios de apicultores afectados. Uno de los casos más graves corresponde a un productor de Bolívar, quien habría perdido cerca de 300 colmenas desde 2023.
Para la investigadora, esperar evidencias locales antes de actuar contradice el principio de precaución y pone en riesgo tanto a los ecosistemas como a las personas.
El colectivo participó también en la construcción de la ordenanza de arbolado urbano y biodiversidad asociada de Quito, aprobada en 2022. Esta normativa prohíbe el uso de insecticidas, herbicidas y pesticidas que puedan afectar a los polinizadores y a la salud humana en áreas verdes de la capital.
A raíz de esta ordenanza, el Municipio de Quito se comprometió a dejar de utilizar pesticidas en el manejo de áreas verdes y a implementar alternativas menos tóxicas.
Ahora, el colectivo busca que estas restricciones se amplíen a escala nacional mediante un proceso de eliminación progresiva de los insecticidas más peligrosos.
Agricultura limpia y consumo responsable
La investigadora reconoció que actualmente existe una alta dependencia de los insumos químicos en la agricultura ecuatoriana, incluso incentivada desde el propio Estado. No obstante, señaló que la tendencia mundial apunta hacia sistemas de producción más limpios y sostenibles.
Como parte de las acciones ciudadanas, invitó a consumir productos agroecológicos, apoyar ferias locales y sembrar flores nativas para crear hábitats seguros para los polinizadores.
Además, el colectivo impulsa una campaña denominada “Abeja, yo te elijo”, con la que busca recolectar firmas para exigir la prohibición del imidacloprid y el fipronil en el país.