Ciertos momentos quedan grabados en la memoria de un profesional. Para Damián Betular, uno de esos recuerdos inolvidables ocurrió en sus inicios como pastelero, cuando trabajaba en un restaurante del barrio porteño de Bajo Belgrano. Allí, entre el ajetreo del servicio, se encontró cara a cara con una leyenda del rock: Roger Waters.
El propio Betular compartió esta anécdota en el programa radial Perros de la Calle (Urbana Play), conducido por Andy Kusnetzoff. Entre risas y recuerdos, relató cómo aquella noche, Waters, fundador de Pink Floyd y visitante frecuente de Buenos Aires, llegó al restaurante junto a su comitiva. En ese entonces, la política de propinas del local era clara: todo lo recibido se depositaba en un fondo común, que luego se repartía entre el personal. Sin embargo, la presencia de Waters trajo consigo algo fuera de lo común.
“Con la propina que dejó Roger Waters, yo me compré un teléfono celular en aquel momento”, confesó Betular, desatando la sorpresa de los conductores. Según su relato, el músico no dejó una propina colectiva, sino que se tomó el tiempo de entregar personalmente el dinero a cada uno de los empleados que lo atendieron esa noche. “Nos dio uno por uno a los que trabajaban ese día”, detalló, remarcando lo inusual del gesto y la magnitud del regalo.
La charla en el estudio derivó en un repaso de los famosos que solían frecuentar el restaurante. Kusnetzoff y su colega Harry Salvarrey preguntaron por otras anécdotas con celebridades. Betular recordó que por allí pasaron bandas como U2, aunque él no los atendió, y leyendas como Diego Maradona. “Iba un montón de gente famosa. Iba Diego, pero yo no llegué a atenderlo”, relató. También contó el origen de su tatuaje en honor a Maradona:
“Cuando llegué a Buenos Aires, en 2002, me lo hice. En ese momento era muy fanático”.
La cercanía del restaurante con el estadio de River Plate lo convertía en parada obligada para músicos internacionales y sus equipos, sobre todo en fechas de recitales. “Iban antes de la prueba de sonido al mediodía, o después de los shows”, explicó Betular, recordando la adrenalina de atender a figuras de ese calibre. La presión de servir a celebridades, según confesó, se sentía en cada rincón de la cocina. “Era un nervio impresionante”, admitió, evocando una escena en la que el encargado de risottos y pastas estuvo “al borde de la renuncia” debido al estrés.

En medio de la conversación, surgió el nombre de Donato De Santis, referente de la cocina italiana en Argentina y colega de Betular en televisión. El pastelero contó que también lo atendió como cliente, aunque esa vez la sorpresa no vino por la propina, sino por el menú. “No pidió risotto ni pasta, pidió tiraditos. A Donato le gusta mucho el pescado fresco”, explicó, desmontando el mito de que el chef italiano solo se inclina por pastas y platos tradicionales de su país.
El clima distendido del estudio permitió a Betular reflexionar sobre el detrás de escena de la gastronomía y el impacto que tiene para un trabajador recibir a personalidades de renombre. Admitió que, aunque no suele pedir postres en sus visitas a restaurantes, entiende el nerviosismo que genera en los colegas la presencia de un pastelero conocido en la sala. “Cuando vos vas a comer a un lugar, el pastelero probablemente está con los mismos nervios”, comentó, empatizando con quienes alguna vez lo recibieron como cliente.
Con el paso de los años, Damián Betular se consolidó como uno de los referentes ineludibles de la pastelería argentina y una figura querida en la televisión, pero aquella noche en el restaurante de Bajo Belgrano permanece como testimonio de una época, de los nervios y las sorpresas que depara la vida detrás de un delantal. Y, claro, de la vez que Roger Waters le regaló, con un simple gesto, una pequeña alegría que jamás olvidará.
Fuente: Infobae