Fito Páez: silbidos y pasión en un concierto inolvidable en Buenos Aires

La noche del martes 20 de mayo de 2026 quedará grabada en la historia del rock argentino. Fito Páez subió al escenario del Movistar Arena para el cuarto de cinco conciertos programados en Buenos Aires y, lejos de conformarse con un repertorio predecible, decidió arriesgar. El músico rosarino optó por interpretar íntegramente su último disco, Novela, una ópera rock gestada desde los años 80 y lanzada en 2025. El resultado fueron casi tres horas de un espectáculo que combinó lo beat y lo romano, con un público dividido entre el respeto, la indiferencia y el abucheo, mientras el artista mostraba tanto su enojo como su disfrute. El cierre, a capella, funcionó como una reconciliación simbólica o, quizás, una tregua hacia lo que vendrá.

Días antes, Fito lo había anunciado en sus redes sociales: tocaría Novela completo por primera vez en Buenos Aires, justo la víspera del lanzamiento de su nuevo álbum, Shine. “¿Y si el miércoles despido Novela en el Movistar? ¿Por qué no?”, dijo el músico en un video. Allí reveló que la decisión generó una reacción inmediata en su equipo, describiendo la situación como “de panic attack general”, aunque finalmente la idea terminó por convencer a todos. La propuesta era clara: primero, una interpretación completa de Novela y luego un largo tramo de repertorio conocido.

“Ojalá tengan ganas de escucharlo. Yo me muero de ganas de tocarlo”, cerró en el video.

La apuesta arriesgada

Apenas salió al escenario del estadio de Villa Crespo, el rosarino explicó su propuesta. Contó brevemente el argumento de la ópera rock, que solo había presentado oficialmente en marzo pasado en el Teatro El Círculo de Rosario, durante la semana Páez en la que celebró su cumpleaños. Se trataba de 25 canciones, unidas por el relato de la actriz Lorena Vega, que Fito y su banda interpretaron completas y en orden durante poco más de una hora. Y aquí empezaron los problemas.

El público siguió la primera parte del show entre la escucha atenta, excursiones al sector de comidas y las distracciones propias de quienes prefieren escuchar los clásicos o el repertorio más conocido del artista. A medida que pasaban los minutos, la situación se fue espesando. No es posible saber quiénes estaban al tanto de la decisión intempestiva del rosarino, ni mucho menos quiénes la habían avalado. Lo concreto es que, antes del último tema, en el que Vega recita el cierre de la historia, se produjo un breve silencio y brotaron algunos silbidos de las plateas frente al escenario. La banda concluyó su interpretación y dejó el escenario para el intervalo. El desconcierto entre la gente fue en aumento. Y Fito tomó nota del asunto.

La respuesta del artista

Al regresar, se lo vio hablando con su banda y, al finalizar “El amor después del amor”, invitó a su público a cantar aquello de “Nadie puede y nadie debe vivir, vivir sin amor” como en cada show. Sin embargo, su mirada estaba fija en aquella platea opuesta al escenario, de donde había distinguido el grueso de los silbidos.

“Canten más fuerte, man. No te escucho nada. Más fuerte”, desafió en modo peleador callejero, entre verso y verso, y así se fue la canción.

El clima se tensó.

Luego se sentó al piano para “Al lado del camino”, en esa suerte de autobiografía retrospectiva escrita en 1999. Y sintió que tenía algo que decir sobre lo que había pasado minutos antes: “Yo amo, no sé odiar. Y me gusta compartir todo. Todo, es todo”, dijo Fito, antes de aludir directamente a los silbidos. “Menos, muchaches, menos. Porque está bueno todo, el polvo está bueno lento también. Está bueno detenerse a escuchar al otro, porque te están haciendo un regalo.” Y dio un anticipo de lo que iba a ocurrir desde ese momento: “No va a faltar nada acá, porque yo no saco temas para poner”, afirmó.

La catarsis de los hits

A partir de ahí fue una catarata de hits. El público, rendido a los himnos que había ido a escuchar, coreó cada tema con el respaldo de una banda cada vez más ajustada. Canciones como “La rueda mágica”, “Circo Beat”, “Brillante sobre el mic”, “Ciudad de pobres corazones”, “A rodar mi vida” y “Mariposa Technicolor”, entre muchas otras, sonaron sin pausa. Fito manejó el coro como director de orquesta, haciendo cantar a unos y a otros en son de paz, y disfrutando de un hecho artístico. ¿Polémico? ¿Provocador? ¿Disruptivo? Habrá varias lecturas, pero todas acordarán que fue una noche arriesgada y diferente de un músico siempre dispuesto a ofrecer su corazón.

Un epílogo cargado de emociones

“Como te quiero Buenos Aires, sabés cómo te conozco”, vociferó cerca del final, en esa construcción entre hijo adoptivo rebelde y encantador. Y lo ratificó en un posteo una vez finalizado el concierto, poniendo en palabras y emociones eso que se desprendía desde el escenario: “¡Nunca voy a olvidar esta noche! ¡Este concierto! Me sentí más vivo que nunca”, escribió junto a fotos y videos que documentaban la velada.

Allí, el rosarino enumeró de manera urgente las sensaciones que le había dejado el show: “Amor, rabia, relajo, energía, pelea callejera, espectáculo, antropología porteña, el mundo vibrante, dopaminas y endorfinas en pugna y en abrazo perpetuo”. Y, antes de agradecer a su banda y su equipo técnico, concluyó con una frase que sintetiza su vínculo con la capital: “Me encantás Buenos Aires, porque sos reloca y zarpada”.

Queda claro que no es la primera polémica de Fito Páez ni será la última. Y a esta altura cabe pensar que el músico disfruta que sea así. Para el público, como siempre, la opinión estará dividida, entre quienes hayan valorado con aplausos o silencio respetuoso y entre quienes se hayan opuesto, desde los silbidos o la indiferencia. Unos y otros coincidirán en que no fue una noche más la del 20 de mayo de 2026 en el Movistar Arena, que desde la admiración o la bronca fueron parte de la historia. Y el tiempo, como siempre, será quien se encargue de juzgar.

Fuente: Infobae

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