¿Fallo en la Fuerza? Crítica a ‘The Mandalorian and Grogu’

Han transcurrido cerca de siete años desde que una película de Star Wars llegó a la gran pantalla. Ahora, Star Wars: The Mandalorian and Grogu aterriza con una propuesta que muchos consideran inconexa y sin la magnitud de sus antecesoras. Para los seguidores de la cultura mandaloriana, este no es el camino correcto.

El director y creador Jon Favreau logró que su serie de Disney+ —centrada en un personaje secundario del universo galáctico— se convirtiera en un fenómeno de audiencia. Sin embargo, al saltar al cine, la historia se desmorona bajo el peso de las expectativas. El Mandalorian termina pareciéndose a un John Wick desenfrenado, sin conseguir aprovechar el potencial de una de las criaturas más queridas de Hollywood: el popularmente conocido como Baby Yoda.

La actriz Sigourney Weaver interpreta a una coronela de la Nueva República que reprende al protagonista tras una misión violenta.

“Un desastre. Un desastre total”,

dice su personaje. Una frase que bien podría aplicarse a este episodio cinematográfico, considerado por la crítica como excesivamente largo, repleto de violencia y con efectos visuales que, en formato IMAX, se vuelven torpes y evidencian las limitaciones de la animación con marionetas.

La Coronel Ward, interpretada por Sigourney Weaver, junto al Mandalorian

Uno de los problemas centrales de The Mandalorian and Grogu es la ausencia de riesgos. No hay un destino crítico para la Resistencia, ni planetas o sistemas estelares en peligro. Tampoco se ve a los Jedi en apuros o en ascenso. La trama se limita a seguir a un cazarrecompensas en el Borde Exterior.

Los seguidores de la franquicia encontrarán elementos familiares: los X-wings, los AT-AT, los Stormtroopers, los pequeños mecánicos Anzellans y la familia de Jabba el Hutt (aunque no el original, sino sus parientes). Hay un homenaje a la escena del compactador de basura de la Estrella de la Muerte de Una Nueva Esperanza, y se ve a Grogu recogiendo un bastón en un pantano, lo que remite a los entrañables recuerdos de Yoda. Sin embargo, escasean los duelos con sables de luz y abundan las picanas eléctricas.

El actor Pedro Pascal vuelve a ponerse el casco del Mandalorian, sin que se haga mención alguna a su pasado, religión o planeta de origen. Su personaje salta de una batalla a otra como una máquina de matar despiadada, utilizando su bláster y múltiples técnicas marciales. La crítica lo describe como un Iron Man sin carisma. Cuando el personaje es silenciado en la segunda mitad del filme, Grogu toma el protagonismo y la película cambia a un tono más tranquilo y conmovedor. Algunos analistas sugieren que quizás debieron haber prescindido del adulto y centrarse únicamente en el pequeño.

Pedro Pascal, un hombre peligroso en 'Star Wars: The Mandalorian and Grogu'

La dupla ha sido siempre intrigante. Pedro Pascal, con su casco y armadura metálica, suelta diálogos forzados como “Parece que vamos a tener que hacerlo por las malas”, moviéndose como un robot humanoide. Su pequeño aprendiz verde, por el contrario, adora los bocadillos y emite arrullos que derriten corazones. Con su diminuta nariz arrugada, sus ojos expresivos y sus largas orejas, Grogu se convierte en el personaje más humano de todo el universo de Star Wars, a pesar de no ser humano.

La historia sigue el molde clásico de las películas de acción: un trabajo peligroso para un hombre peligroso. El Mandalorian acepta localizar y capturar a un misterioso excomandante imperial, pero para ello debe desviarse y rescatar al hijo de Jabba el Hutt. Sí, el mismo jefe criminal con aspecto de babosa que congeló a Han Solo en carbonita. El hijo, con problemas con su padre y un estilo emo, tiene la voz de Jeremy Allen White. ¡Incluso presume de abdominales! ¿Alguien tenía en su cartón de bingo de 2026 a Jeremy Allen White interpretando a un Hutt atractivo?

Jon Favreau, director, y Pedro Pascal, protagonista, en el set de filmación de 'Star Wars: The Mandalorian and Grogu'

La cinta ofrece persecuciones por un bullicioso paisaje urbano, combates aéreos en el espacio, una lucha a muerte entre gladiadores en un coliseo de ciencia ficción —con la multitud gritando “¡Maten! ¡Maten! ¡Maten!”—, criaturas terroríficas como un dragón-serpiente gigantesco y otra que parece salida de Stranger Things. Además, Martin Scorsese presta su voz a un vendedor de comida con aspecto de mono y múltiples brazos.

La saga de Star Wars solía marcar la pauta en la cultura popular con su imaginación, estilo y audacia. Sin embargo, esta entrega es vista como un retroceso: predecible y con influencias de Top Gun, Blade Runner, Transformers y Hombres de Negro. Incluso la banda sonora de Ludwig Göransson ha sido criticada por incluir chirridos sintéticos ochenteros de baja calidad y lo que parecen ser canciones folclóricas yiddish.

La duración del filme resulta agotadora y los créditos finales, con todos los efectos especiales, se extienden por cinco minutos completos. Antes, el público solía salir maravillado de la sala de cine tras ver una nueva entrega de Star Wars. En esta ocasión, esa galaxia queda muy, muy lejos.

Fuente: Infobae

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