En la Patagonia argentina, dentro del Parque Nacional Los Alerces (Chubut), se encuentra un ejemplar de alerce (Fitzroya cupressoides) que está entre los más longevos registrados en el país. Esta especie es fundamental para la dendrocronología, ya que sus anillos han permitido reconstruir el clima de miles de años y respaldan parte de la evidencia científica sobre la historia térmica del sur de Sudamérica.
Según los datos difundidos por la Gymnosperm Database (Conifers.org), una base botánica de referencia sobre coníferas, el mayor ejemplar oficialmente documentado en Argentina cuenta con 2.600 años, 57 metros de altura y 220 cm de diámetro a la altura del pecho. Se ubica cerca de Puerto Sagrario, sobre el brazo norte del lago Menéndez, en el Parque Nacional Los Alerces, donde se organizan visitas periódicas al bosque de alerces.
La cifra de 2.630 años que aparece en algunas publicaciones está relacionada, en general, con estimaciones y comunicados turísticos sobre el “Abuelo”, nombre con el que se popularizó el árbol más conocido del circuito, según el portal oficial del Gobierno argentino.
Sin embargo, lo que asombra a la ciencia no es solo la edad. El alerce patagónico es un archivo natural: cada anillo de crecimiento registra las condiciones ambientales de un año específico. Por ello, los equipos de investigación lo utilizan para reconstruir el clima, los incendios y la variabilidad natural del sistema andino-patagónico con una precisión anual difícil de alcanzar con otras fuentes.
Un gigante protegido en Los Alerces

El alerce, también conocido como lahuán en la zona, crece en áreas de alta humedad, con veranos frescos e inviernos fríos, en los bosques templados del sur de Chile y Argentina. En el Parque Nacional Los Alerces, su presencia no es un simple detalle del paisaje: es parte del motivo de conservación del área y una de las razones por las que el destino se ha convertido en un referente del turismo de naturaleza en la región.
La protección del alerce no es simbólica. La presión histórica sobre la especie, principalmente por el valor de su madera, llevó a restricciones severas en su aprovechamiento. Por ejemplo, en Chile, Conifers.org señala que la tala fue detenida oficialmente en 1976.
Por qué sus anillos cambiaron la forma de estudiar el clima
La relevancia científica del alerce se consolidó por una razón concreta: puede vivir milenios y sus anillos de crecimiento funcionan como un registro continuo. Esa combinación hace de Fitzroya cupressoides una especie clave para construir series largas de reconstrucción ambiental en el hemisferio sur.
Un estudio publicado en Science por Antonio Lara y Ricardo Villalba utilizó anillos de alerce para elaborar una reconstrucción de temperaturas estivales con resolución anual de 3.622 años en el sur de Sudamérica. Ese trabajo es una referencia recurrente para explicar por qué esta especie aporta señales climáticas comparables entre años y útiles para análisis de largo plazo.
Fuente: Infobae