Más de 64.000 efectivos y un amplio arsenal militar participan en los ejercicios nucleares que Rusia y Bielorrusia realizan estos días. El Ministerio de Defensa del Kremlin confirmó que durante esta semana desarrollarían, junto a su principal aliado, unas maniobras cuyo objetivo es poner en práctica sus equipos militares y mantener una “alerta máxima”.
La movilización impacta a las Fuerzas de Misiles Estratégicos y al Comando de Aviación de Largo Alcance. Entre los ejercicios previstos destacan lanzamientos de misiles balísticos y de crucero en campos de pruebas rusos. El despliegue incluye más de 7.800 unidades de equipo militar, más de 200 lanzadores de misiles, más de 140 aeronaves, 73 buques de superficie y 13 submarinos, de los cuales 8 son submarinos de misiles estratégicos.
Ensayos con bombardeos reales
El despliegue ruso cuenta con la cooperación directa de fuerzas bielorrusas, que han ocupado áreas asignadas para el emplazamiento de misiles Iskander-M. El personal bielorruso completó tareas de protección y defensa de posiciones estratégicas, además de prepararse para recibir y cargar municiones especiales en los sistemas de lanzamiento.
Una vez trasladados y cargados los misiles en los lanzadores y vehículos de recarga, las unidades realizaron simulaciones de lanzamiento contra objetivos seleccionados. La aviación sumó vuelos de entrenamiento y combate, con tripulaciones equipadas con armamento especial que simularon bombardeos sobre objetivos ficticios antes de regresar a sus bases.
El Ministerio de Defensa de Rusia informó que la aviación operacional-táctica, los drones de ataque, las tropas de misiles y la artillería participaron en operaciones donde destruyeron un sistema antiaéreo autopropulsado Gepard de fabricación alemana. El objetivo principal de estos ejercicios prácticos es evaluar la capacidad de las fuerzas rusas para ejecutar tareas complejas en condiciones de combate simulado.
Según la información oficial, se busca poner a prueba la interacción entre distintas ramas militares y comprobar la eficacia de los órganos de mando y control ante escenarios de alta exigencia operativa. Además, estos ejercicios permiten observar la integración de nuevas tecnologías en el campo de batalla y el uso coordinado de medios aéreos, terrestres y artillería pesada.
Preparación para una “máxima alerta”
Según el Ministerio de Defensa de Rusia, todas estas acciones buscan comprobar el nivel de preparación y la capacidad de respuesta de las fuerzas nucleares ante situaciones de máxima tensión. El ejercicio, además, coincide con el aniversario de la toma completa de Mariúpol, un hecho que aporta un elemento simbólico al desarrollo de estas maniobras militares.
En la práctica, supone una demostración de capacidad y un mensaje hacia Ucrania y Europa. Al realizar los ejercicios en Bielorrusia, lo hace cerca del flanco oriental de la OTAN. Por ello, el Kremlin habla de preparación ante una “máxima alerta”. Si la Alianza realizara algún tipo de amenaza, las fuerzas rusas estarían listas y en posición de responder. El alcance de estas maniobras refleja el interés de Moscú en mantener la iniciativa militar y perfeccionar la coordinación con Bielorrusia. La magnitud del dispositivo, así como la variedad de escenarios simulados, subrayan la intención de mostrar capacidad de disuasión nuclear.
Fuente: Infobae