En el día a día, las emociones van de la mano con cada pensamiento y acción, orientando desde decisiones simples hasta respuestas frente a imprevistos. Lejos de ser impulsos sin lógica, cumplen un papel adaptativo que ayuda a superar obstáculos y darle significado a la experiencia humana.
Una idea muy difundida es que existen emociones “buenas” y “malas”, y que lo ideal sería erradicar por completo las consideradas negativas. No obstante, Ethan Kross, psicólogo de la Universidad de Michigan, afirma que todas tienen una función específica.
Por ejemplo, el enojo puede impulsar a reparar una injusticia; la tristeza invita a la reflexión; y la envidia puede motivar el crecimiento personal. Incluso el dolor, una de las sensaciones más temidas, es vital: sin esa señal de alerta, quienes nacen con insensibilidad congénita al dolor sufren daños físicos graves, al no percibir lesiones en su cuerpo.
De esta forma, el experto señala que entender que no es necesario vivir sin emociones negativas resulta liberador. La meta más realista y saludable es aprender a regular y encauzar las emociones, en lugar de reprimirlas o ignorarlas. Los profesionales coinciden en que bloquear o evitar los sentimientos puede desencadenar ansiedad, depresión y conflictos en las relaciones. Regularlas no significa apagarlas, sino hallar un equilibrio para expresarlas de manera constructiva.
Muchas personas creen que las emociones son incontrolables, lo que fomenta una actitud de derrota. Sin embargo, aunque no siempre se pueda impedir que surjan pensamientos y sentimientos automáticos, sí es posible decidir cómo reaccionar una vez que aparecen. La clave está en reconocer que existen estrategias y “herramientas” al alcance para manejar las emociones.

El proceso de dos pasos para gestionar las emociones
Cristiano Waugh, profesor de psicología en la Universidad de Wake Forest, explicó en The Conversation que hay una forma de enfrentar cualquier tipo de pensamiento, ya sea negativo o positivo. “Nos propusimos investigar si es posible iniciar el proceso de reevaluación sin contemplarlo del todo”, indicó el especialista.
La reevaluación emocional no es un acto instantáneo, sino un proceso que consta de dos etapas diferenciadas. El primer paso consiste en generar una interpretación alternativa de la situación negativa. Este ejercicio mental permite ver la experiencia desde otro ángulo. Sin embargo, esta nueva perspectiva es, en principio, frágil: debe competir con la visión negativa inicial y puede desmoronarse si no se refuerza.
El segundo paso es la implementación. En esta fase, la persona se concentra y profundiza en la nueva interpretación, fortaleciendo la perspectiva positiva hasta que se consolida. Solo cuando este proceso se completa, la ansiedad y las emociones negativas disminuyen de manera más efectiva y duradera. Un
Investigaciones recientes en psicología han precisado que, lejos de ser un acto instantáneo, implica una secuencia estructurada. El
3. Aceptar las emociones sin juzgarlas
Consiste en permitir que las emociones surjan y se manifiesten, sin tratar de suprimirlas ni restarles importancia. Validar el propio sentir, aunque resulte incómodo, ayuda a disminuir la resistencia interna y previene reacciones desproporcionadas. Una investigación relaciona la aceptación emocional con una mayor satisfacción vital y una reducción de síntomas de ansiedad y depresión.
4. Utilizar técnicas de regulación física y mental
Acciones simples como la respiración profunda, la pausa consciente o la meditación ayudan a reducir la activación fisiológica provocada por emociones intensas. Tomarse un momento para respirar desde el abdomen, sostener el aire y exhalar lentamente, o repetir una frase calmante, contribuye a distanciarse de la reacción inicial y permite actuar con mayor claridad.
5. Buscar recursos y apoyos externos
Hablar con personas de confianza, escribir un diario emocional o recurrir a actividades que generen bienestar son estrategias que favorecen el procesamiento emocional. La distracción momentánea, bien utilizada, puede ayudar a crear espacio para enfrentar la emoción más adelante, siempre que no se utilice como vía de evasión permanente.
Fuente: Infobae