La administración encabezada por el presidente Donald Trump ha decidido recortar el número de brigadas de combate estadounidenses estacionadas en Europa, un movimiento que representa un cambio notable en la presencia militar de Washington en el continente.
De acuerdo con lo informado por el Departamento de Guerra, la medida reduce de cuatro a tres las Brigadas de Combate (BCT) asignadas al teatro europeo. Esta decisión se produce después de que a principios de mayo la Casa Blanca ya hubiera anticipado una disminución en el despliegue de efectivos en Alemania.
El comunicado oficial del Pentágono detalla que cada BCT está compuesta por un contingente de entre 4.000 y 4.700 soldados, según un informe del Congreso estadounidense. El texto también señala que este ajuste ha provocado un “retraso temporal” en el envío de tropas a Polonia.
Esta decisión se enmarca en la presión constante que ejerce el inquilino de la Casa Blanca para que los aliados europeos aumenten su gasto en defensa.
El vicepresidente JD Vance confirmó que la movilización de 4.000 soldados hacia Polonia está “demorada”, pero aclaró que no se ha cancelado de forma definitiva.

“El Departamento (de Guerra) determinará la disposición final de estas y otras fuerzas estadounidenses en Europa, sobre la base de un análisis adicional de los requisitos estratégicos y operacionales de Estados Unidos, así como de la propia habilidad de nuestros aliados para contribuir en la defensa de Europa”, indicó el Pentágono en su comunicado.
La reducción en el número de equipos de combate pone fin a semanas de especulaciones sobre una posible retirada de efectivos estadounidenses del continente. Esta movida coincide con la insistencia de Washington en que los socios europeos incrementen su aporte a la defensa colectiva de los miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).
El propio Trump ya había manifestado su malestar con aquellos aliados que, a su juicio, no respaldaron la operación militar estadounidense contra Irán ni contribuyeron a formar una fuerza de paz en el estratégico estrecho de Ormuz, actualmente bloqueado por el régimen persa.
Por su parte, la OTAN aseguró que la salida de soldados estadounidenses de Alemania no pone en riesgo la capacidad defensiva de la Alianza. El general Alexus Grynkewich, comandante supremo aliado en Europa (SACEUR), declaró tras la reunión del Comité Militar en Bruselas: “Esta decisión no afecta a la viabilidad de nuestros planes regionales”.

Grynkewich añadió que se siente “muy cómodo con la situación actual” y que continuará trabajando para garantizar “la cobertura adecuada en los lugares adecuados”. El alto mando explicó que la reducción se inscribe en la Estrategia de Defensa Nacional de Estados Unidos y en el concepto conocido como “OTAN 3.0”.
En esa línea, detalló que a medida que el pilar europeo de la Alianza se fortalezca, Washington podrá disminuir su presencia en el continente y concentrarse en aportar únicamente aquellas capacidades que los aliados aún no puedan proporcionar de forma autónoma.
Los 5.000 efectivos que dejarán Alemania incluyen una parte importante del equipo de combate de una brigada blindada y de un batallón de fuego de largo alcance, cuyo despliegue estaba previsto pero ya no se llevará a cabo. Además, Trump canceló el envío de misiles Tomahawk de largo alcance a Europa.
La alta representante de la Unión Europea (UE) para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, afirmó ante el Parlamento Europeo que la disuasión de la Alianza “permanece intacta” y calificó la retirada de tropas como un “cambio de enfoque hacia el Indopacífico” que ya estaba contemplado en los planes estratégicos.

Kallas instó a los países europeos a “asumir una mayor responsabilidad en su propia defensa”, lo que implica aumentar el gasto militar, reducir las brechas de capacidad y ampliar la producción militar propia.
Actualmente, el ejército estadounidense mantiene más de 36.000 soldados en Alemania, distribuidos en instalaciones como la base aérea de Ramstein, el cuartel general en Wiesbaden, las zonas de entrenamiento de Grafenwöhr y Hohenfels en Baviera, la base aérea de Spangdahlem y el complejo militar de Stuttgart.
Según funcionarios y analistas, la OTAN sigue dependiendo de Washington para capacidades que los aliados europeos no pueden igualar en el corto plazo, entre ellas sistemas de mando y control, inteligencia, comunicaciones por satélite, bombarderos estratégicos y el paraguas nuclear.
(Con información de AFP)
Fuente: Infobae