El hallazgo de tres nuevas especies de mamíferos árticos que poblaron la región hace 73 millones de años en lo que hoy es Alaska ha revolucionado el entendimiento científico sobre la vida durante el Cretácico polar. Los fósiles, extraídos de la Prince Creek Formation, demuestran cómo estos pequeños vertebrados lograron prosperar en condiciones de oscuridad prolongada y temperaturas extremas, compartiendo su hábitat con dinosaurios en un ecosistema mucho más variado de lo que se creía hasta ahora.

El descubrimiento de estos tres multituberculados evidencia que la evolución de los mamíferos en el Ártico fue más flexible y compleja de lo que los científicos anticipaban. Al analizar dientes fosilizados con 73 millones de años de antigüedad, los investigadores identificaron adaptaciones clave que permitieron a estos animales soportar meses de oscuridad y frío. Este estudio resalta su notable capacidad de diversificación y amplía el conocimiento sobre las migraciones entre continentes en la prehistoria.
En el extremo norte de Alaska, cerca del círculo polar ártico, los científicos localizaron tres conjuntos de dientes fósiles en la Prince Creek Formation. La investigación fue liderada por Sarah L. Shelley, de la Universidad de Lincoln, en colaboración con Jaelyn J. Eberle, Gregory M. Erickson y Patrick S. Druckenmiller. Los resultados fueron publicados en una prestigiosa revista científica.
Estas criaturas compartían su entorno con hadrosáuridos, rapaces y otros reptiles de gran tamaño, bajo un clima caracterizado por largas noches invernales y bajas temperaturas. El estudio subraya que, incluso en esas condiciones extremas, el sitio se convirtió en un refugio para una asombrosa variedad de mamíferos árticos.
Adaptaciones y diversidad de los mamíferos árticos
Los tres nuevos mamíferos descritos Camurodon borealis, Qayaqgruk peregrinus y Kaniqsiqcosmodon polaris pertenecen al grupo de los multituberculados, conocidos por los múltiples tubérculos de su dentición. Estos dientes especializados les otorgaban una ventaja para procesar una amplia gama de alimentos.
El análisis detallado de los dientes permitió no solo diferenciar las especies, sino también reconstruir sus hábitos alimenticios y su rol en el ecosistema. Camurodon borealis poseía una dentición aplanada, ideal para triturar plantas, y su hallazgo representa el registro más cercano al polo para la familia Cimolomyidae, según la publicación científica.
Por su parte, Qayaqgruk peregrinus contaba con una dentición adaptable, lo que sugiere un comportamiento omnívoro. Los investigadores dedujeron que se alimentaba tanto de insectos como de vegetales, mostrando una gran flexibilidad ante la escasez estacional de recursos.
El tercer mamífero, Kaniqsiqcosmodon polaris, también era omnívoro, aunque con una mayor tendencia hacia recursos vegetales y una dentadura ornamentada. Esto lo define como el miembro más antiguo conocido de la familia Microcosmodontidae.

El corredor ártico: migraciones prehistóricas
El linaje de Qayaqgruk peregrinus resulta particularmente relevante porque establece una conexión directa con especies halladas en Mongolia, situadas a miles de kilómetros de distancia. Se trata de la primera evidencia de un cruce de multituberculados desde Asia hacia América del Norte a través de un corredor terrestre ártico.
El equipo científico, mediante pruebas biogeográficas, calcula que este paso ocurrió hace aproximadamente 91,82 millones de años, una fecha mucho más temprana de lo que los modelos previos estimaban. “Esto significa que había un corredor de tierra entre Asia y América del Norte por el que podían pasar estos pequeños mamíferos”, explicó Eberle al medio especializado.
El Ártico cretácico, lejos de ser una frontera aislada, funcionó como una vía de dispersión y como origen de especies únicas adaptadas al polo. Este estudio cambia la visión tradicional del Ártico como una simple barrera, mostrándolo como un nodo activo de distribución biológica.

“Estas tres nuevas especies aportan pruebas al creciente conjunto de evidencias de que esa antigua región ártica albergaba especies únicas adaptadas al polo”, señaló Druckenmiller.
Un linaje resistente: legado más allá de los dinosaurios
El papel de Kaniqsiqcosmodon polaris trasciende su ubicación geográfica. Como el Microcosmodontidae más antiguo conocido, sugiere que este linaje no surgió en zonas templadas, sino directamente en latitudes polares.
El estudio indica que este grupo sobrevivió a la extinción masiva que eliminó a los dinosaurios no aviares hace 66 millones de años y posteriormente se diversificó en el hemisferio norte durante el Paleoceno. La longevidad de los multituberculados, estimada en más de 100 millones de años, está directamente vinculada a su habilidad para colonizar hábitats extremos y aprovechar recursos en entornos difíciles.
La documentación de estas especies ilustra cómo la ocupación del Ártico fue clave para la supervivencia y expansión posterior de estos mamíferos tras las grandes crisis globales.

Preguntas abiertas sobre la vida en el Ártico prehistórico
Pese a estos avances, continúan las incógnitas sobre la biología de esos antiguos habitantes de las latitudes polares. La evidencia disponible se limita a dientes fósiles, por lo que aún no se conocen los mecanismos fisiológicos que les permitían soportar largos meses de oscuridad y frío.
Siguen abiertas las cuestiones sobre cómo regulaban su metabolismo o se reproducían bajo condiciones extremas. Los científicos admiten que el registro dental no ofrece respuestas sobre esas estrategias, lo que impide comprender plenamente su adaptación al entorno.
Futuros descubrimientos en el Ártico podrían revelar más sobre el comportamiento, la fisiología y la vida de estos pequeños mamíferos, cuyas historias permanecen ocultas bajo los hielos de Alaska.
En los estratos congelados de la Prince Creek Formation quedan restos fósiles por descubrir que, algún día, podrán esclarecer cómo era la vida de los primeros mamíferos que lograron habitar y perdurar en el Ártico durante la era de los dinosaurios.
Fuente: Infobae