La inseguridad en el sistema de transporte público de Bogotá, TransMilenio, sigue siendo una de las principales preocupaciones de los usuarios. Un reciente video publicado por el creador de contenido José Ramírez expone, de primera mano, la forma de operar de los delincuentes que se dedican al hurto de teléfonos móviles en este medio de transporte.
En la conversación, el entrevistado, un ladrón de celulares, reveló detalles sobre sus motivaciones, los métodos que emplea y las ganancias que obtiene a diario cometiendo el delito bajo la modalidad conocida como ‘raponazo’.
El sujeto no mostró arrepentimiento alguno al hablar de su actividad ilícita. “A mí me han llegado a dar hasta 700.000 pesos por un iPhone, un iPhone 14. Yo soy una de las personas que he robado a mi familia. Entonces, de momento, ¿qué me va a importar robar a un extraño que yo no conozco?”, confesó el delincuente, evidenciando una total desensibilización hacia sus víctimas y una vida marcada por el crimen desde la adolescencia.
En cuanto a la valoración de los dispositivos robados, explicó que el precio depende del estado del equipo. “Primero, que no esté partido, sobre todo la pantalla, no se baja por ahí de 80 – 100.000 pesos. Gama alta, si es de noche, no lo pagan más de 200 – 300.000 (pesos). Un iPhone 13 que esté en buen estado, por ahí 200.000 pesos en el día. En la noche, $150.000”, detalló.
Las ganancias diarias pueden ser significativas. El ladrón aseguró que lo máximo que ha conseguido en una sola jornada, trabajando con varios cómplices, ha sido “como dos palos”, es decir, dos millones de pesos colombianos. Ese dinero, según relató, lo gasta en ropa, tenis y en salir a divertirse. “Me pulí, me compré ropa, los tenis, todo eso. Me llevé a la niña a dar la vuelta. Aquí estamos, gracias a Dios, otra vez, en la calle”, manifestó, dejando claro que lo obtenido rara vez se destina a necesidades básicas o a un cambio de vida.
El modus operandi: la oportunidad hace al ladrón
El método para seleccionar a las víctimas es sencillo pero efectivo. El delincuente explicó que identifican a quienes “dan papaya”, es decir, a los pasajeros que se distraen usando el celular cerca de las ventanas del bus. “Uno va andando en cualquier lado sin querer y pum, preciso, ve la oportunidad. ¿Qué más? Pues uno aguantando hambre o ganarse… unos zapatos, una ropita o sacar la vecina a pasear. Pues toca hacerlo, qué más”, argumentó.
El ratero también reconoció que el delito es una herencia familiar. “Esto viene de generación, así me enseñaron a mí, así me criaron. Mi padre me enseñó este tipo de trabajo, a mi padre le enseñó el abuelo. Entonces, esto ha sido como una tradición familiar, el hurtar”, describió.
¿Dónde se comercializan los celulares robados?
Los dispositivos hurtados tienen un canal de venta definido. El entrevistado señaló que se comercializan en puntos específicos de la ciudad, como la calle 13 y Chapinero. El valor de venta depende de la posibilidad de desbloquear el equipo. “Cuando se puede liberar, el pago es nítido porque es un teléfono que se puede trabajar limpiamente. Lo que son algunos Motorolas, no los pagan muy bien, porque son muy difíciles de desbloquear”, explicó.
A pesar de los ingresos, el delincuente no es ajeno a los riesgos. Ha sufrido “paloterapia” (golpizas) y ha estado en la cárcel, pero lo asume como parte del oficio. “A mí me han dado la paloterapia también, y sí, he pagado también cana y todo, pero entonces, como le digo, gracias a Dios aquí estoy, mi hermanito. Todos los días le doy gracias a Dios”, expresó con una mezcla de resignación y cinismo que generó repudio entre los internautas.
Al final de la charla, el ladrón ofreció un consejo a los usuarios de TransMilenio: “No dé papaya, que guarde bien las cosas, sobre todo en el sitio, sobre todo en las ventanas, donde más fácil uno lo ve”. Para él, la falta de cuidado de los pasajeros es lo que facilita el delito y hace que la oportunidad se presente.
Fuente: Infobae