La búsqueda de identidad y la defensa de lo distinto se convierten en ejes centrales dentro de los universos fantásticos que construye el cineasta mexicano Guillermo del Toro. En una reciente entrevista con The Guardian, mientras evalúa la posibilidad de adquirir una casa encantada, el director repasó los momentos clave de su vida y su trayectoria profesional.
Para Del Toro, los monstruos y las viviendas misteriosas no son simples recursos del cine de horror, sino símbolos esenciales para aquellos que, como él, crecieron sintiéndose diferentes y hallaron en lo extraño un refugio. Estas criaturas representan la lucha por encontrar un lugar propio y la identidad de quienes cargan con el peso de la diferencia.
El director utiliza el horror y lo sobrenatural como un lenguaje para retratar la condición de los marginados, transformando sus propias experiencias en un discurso audiovisual que reivindica a los excluidos. Recuerda, por ejemplo, que los fantasmas de su niñez, como el suspiro que se escuchaba en la habitación de su tío fallecido, dieron vida al personaje de Santi en El espinazo del diablo.
En su día a día, Del Toro mantiene una casa separada para sus objetos y figuras de silicona, distinta a la que comparte con su familia.
“Cada mañana saludo a mis figuras de silicona, paso el día allí y regreso a casa”, relató.
Además, continúa en la búsqueda de una casa encantada en el Reino Unido, consciente de que las primeras noches serán difíciles, pero abordando la idea con un toque de humor.
Monstruos y diferencia: el origen del imaginario
Para el realizador, los monstruos siempre fueron “maravillosos y mal comprendidos, capaces de ternura y de gran violencia. Justamente como nosotros”, declaró en el diálogo con The Guardian. Del Toro sostiene que, a diferencia de los superhéroes, se identifica con estas criaturas porque reflejan la humanidad de quienes son vistos como diferentes.
Esta afinidad se consolidó en su adolescencia, cuando fundó un cineclub en Guadalajara y defendía que “el terror y la fantasía fueran lenguajes poéticos visuales, no meros géneros de evasión o sustos”. En 1992, durante el rodaje de Cronos, fue advertido de que corría el riesgo de encasillarse, pero decidió anteponer su visión personal.

Para Del Toro, el reconocimiento con el BFI fellowship tiene un significado muy especial debido a la influencia del cine británico, en particular las obras de Powell, Pressburger y Fisher. El director cita a la productora británica Hammer y a Frankenstein como inspiraciones directas. Subraya que en su propia versión, estrenada en 2025, “el monstruo se vuelve más inocente y el Barón es el auténtico villano”.
La influencia británica en la obra de Del Toro
El vínculo de Del Toro con el cine británico fue determinante para su carrera. La huella de directores como Powell, Pressburger, Ken Russell y Fisher se observa en la sensibilidad con la que trata a sus criaturas. Su fascinación por Hammer y los relatos góticos británicos converge en una filmografía donde la diferencia se traduce en resistencia y redención.
Desafíos profesionales y proyectos no realizados

El recorrido de Guillermo del Toro en Hollywood incluyó duros enfrentamientos con productores como Bob y Harvey Weinstein, quienes intentaron despedirlo durante la realización de Mimic.
“Los Weinstein casi me destruyeron. Estuve al borde de ser alguien a quien nadie quería contratar”, rememora Del Toro.
A pesar de los obstáculos, el director siempre defendió su fidelidad creativa: “Nunca hago películas que no ame por completo. Me ofrecieron muchos encargos y los rechacé”. Entre los proyectos que no aceptó se encuentran franquicias como X-Men, Los Cuatro Fantásticos, Las Crónicas de Narnia y Harry Potter. Sobre esta última, convenció a Alfonso Cuarón para que dirigiera El prisionero de Azkaban, y reconoció que solo habría aceptado hacer una película de la saga si pudiera “eliminar a uno de los niños protagonistas”.

Del Toro ha escrito más de 40 guiones, pero solo ha filmado 13 largometrajes, dejando en pausa varias adaptaciones, como versiones de Lovecraft, Dumas o un musical de El laberinto del fauno. Aún mantiene la esperanza de retomar algunos de esos proyectos en el futuro.
El arte y el refugio fantástico
El placer de crear mundos insólitos está ligado a su firme convicción sobre el rol del arte para ofrecer redención. Del Toro reitera la influencia de cineastas británicos —Powell, Pressburger, Ken Russell— y de autores como David Fincher en su sentido del asombro. Para él, el arte y el cine proporcionan pequeñas correcciones a la vida:
“Todo el dolor proviene del deseo. Si solo deseas respirar, es un lugar bueno donde estar”, afirma, aludiendo a la serenidad alcanzada tras terminar Frankenstein.

Actualmente, Del Toro trabaja en la adaptación animada de The Buried Giant, con la meta de innovar en la animación stop-motion y lograr expresividad incluso en los gestos mínimos. El arte, argumenta, transforma vidas de manera sutil, abriendo la puerta a lo desconocido.
La obra de Guillermo del Toro demuestra que los monstruos y las casas encantadas no pertenecen únicamente al terreno del terror: son refugios donde los marginados hallan pertenencia y resistencia.
Fuente: Infobae