Una nueva versión de la novela más emblemática del Premio Nobel de Literatura William Golding llega a la pantalla. Se trata de El señor de las moscas, una obra que en su momento fue rechazada pero que con el tiempo se transformó en un pilar de la cultura popular.
La miniserie forma parte de las ‘relecturas’ modernas de los grandes clásicos, pero en esta ocasión está elaborada con un respeto tan profundo que vale la pena explorar el mundo que construye. Es obra de Jack Thorne, el creador de Adolescencia, para la BBC, dejando claro que los conflictos juveniles y su faceta más oscura son temas que le apasionan especialmente.
La novela de Golding fue publicada en 1954 y generó un intenso debate, aunque rápidamente fue catalogada como un clásico de culto instantáneo del que han surgido innumerables ficciones actuales.
La obra de William Golding y la cinta de Peter Brook
Un grupo de adolescentes sufre un accidente aéreo en el que fallecen todos los adultos y despiertan en una isla paradisíaca que, poco a poco, se transformará en un infierno. Entre ellos surgen personajes que encarnan personalidades específicas. Ralph se convierte en el líder y se distingue por la razón en medio del caos. Jack es el tirano con ansias de poder, ególatra y violento. Piggy, el más débil y blanco de burlas, resulta ser el más sensato y quien aporta las soluciones prácticas. Simon, por su parte, representa la bondad.
Desde su publicación, El señor de las moscas se perfiló como una fábula política y social que admitía múltiples interpretaciones, entre ellas el origen del nazismo, el enfrentamiento entre la democracia y las ideas autoritarias, y la deshumanización del ser humano en condiciones extremas.
En 1963, el dramaturgo Peter Brook dirigió una poderosa primera adaptación cinematográfica, impregnada de un brutal realismo en blanco y negro, con una técnica cercana al ‘cinema verité’. Sus imágenes quedaron grabadas en la memoria cinéfila por su crudeza, conectando a la perfección con el espíritu de la novela y con el cine experimental de la época.
Lo que aporta la nueva adaptación de Jack Thorne
En los años noventa se realizó una versión mucho más liviana que recibió críticas muy negativas. Ahora, por primera vez, la historia se cuenta en formato miniserie desde un ángulo fascinante: cada capítulo se narra desde el punto de vista de uno de los personajes principales, mientras la acción avanza tal como la conocemos.

Esta particularidad narrativa otorga una profundidad psicológica a los protagonistas, cuyas personalidades ya estaban esbozadas en la película original. Aquí se busca explorar las motivaciones detrás de sus actos (algo que puede gustar o no).
De cualquier forma, esto permite adentrarse en la mente de Ralph, Jack, Piggy y Simon, interpretados de manera prodigiosa por Winston Sawyers, Lox Pratt (una estrella en ascenso que dará vida a Draco Malfoy en la nueva Harry Potter), David McKenna e Ike Talbout. Sin un reparto juvenil de este calibre, esta nueva versión (como ocurrió con el talento de Owen Cooper en Adolescencia) no habría sido la misma.
En cuanto a puesta en escena y dirección, El señor de las moscas es una auténtica viguería visual. Está repleta de planos subjetivos, contrapicados, cenitales, frontales y generales, que cambian según las circunstancias para generar un estímulo distinto. Cada escena está calculada al milímetro para provocar inquietud, miedo, violencia, pero también compañerismo, empatía, compasión, rabia y brutalidad.

Todo un cóctel de sensaciones que se combina con el espíritu atávico y la exuberante naturaleza llena de matices (a veces el verde de las hojas se torna rojo de manera simbólica) para representar la eterna lucha entre la civilización y la barbarie en la piel de unos niños que, definitivamente, pierden la inocencia en ese espacio sin reglas donde prima la supervivencia y la ley del más fuerte.
Es probable que a la serie de Thorne le falte el terror absoluto que impregnaba el original y la película de 1963. Es demasiado plástica y recurre a la música como un elemento dependiente para crear atmósferas. En ocasiones puede resultar efectista, pero es efectiva y ambiciosa a la hora de adaptar un clásico como El señor de las moscas a los nuevos tiempos, que son más acomodaticios, pero no por ello menos exigentes.
Fuente: Infobae