Existen genes que no solo determinan la forma en que se vive, sino también cuánto tiempo se disfruta de una vida saludable. El alelo APOE2 del gen apolipoproteína E es un claro ejemplo de ello: protege a las neuronas del daño en el ADN y frena el envejecimiento celular del cerebro.
Las personas que portan esta variante genética presentan un menor riesgo de desarrollar enfermedad de Alzheimer y evidencian signos de un envejecimiento cerebral más saludable en comparación con quienes tienen APOE3 o APOE4.
La investigación estuvo a cargo del científico mexicano Cristian Gerónimo-Olvera, junto con Lisa Ellerby y un equipo del Instituto Buck para la Investigación del Envejecimiento, en California, en colaboración con académicos de la Universidad del Sur de California y la Universidad de Washington, en Estados Unidos. Los hallazgos fueron publicados en la revista Aging Cell.
El gen que podría frenar el Alzheimer

Durante años, los científicos sabían que APOE2 estaba vinculado a una mayor longevidad y a un menor riesgo de Alzheimer, pero no lograban explicar el mecanismo a nivel celular. La interrogante era precisa: ¿qué hace esta variante dentro de las neuronas que las otras no hacen?
Las neuronas son células que no se dividen, lo que las hace especialmente vulnerables al daño acumulado con el paso del tiempo. Cuando ese daño se acumula sin ser reparado, las células entran en un estado de senescencia, un deterioro que impulsa enfermedades como el Alzheimer.
La variante APOE4 es el factor de riesgo genético más fuerte para el Alzheimer. Con una sola copia de este alelo, el riesgo se cuadruplica; con dos copias, se multiplica por catorce en comparación con la variante más común, APOE3.
Los autores del estudio publicado en Aging Cell buscaron comparar directamente los efectos de APOE2, APOE3 y APOE4 en neuronas humanas para comprender los mecanismos que explican las diferencias en longevidad y susceptibilidad al Alzheimer.
Neuronas bajo la lupa

Los investigadores utilizaron células madre pluripotentes inducidas, es decir, células reprogramadas en laboratorio para convertirse en neuronas con cada variante del gen APOE. Trabajaron con dos tipos: las GABAérgicas, que inhiben la actividad cerebral, y las glutamatérgicas, que la activan.
Para medir la resistencia celular, aplicaron radiación y doxorrubicina, un fármaco que daña el ADN. Posteriormente, midieron marcadores de senescencia celular como p16 y CRYAB, dos proteínas que actúan como señales de alerta del envejecimiento celular.
Las neuronas con APOE2 mostraron niveles más bajos de esas proteínas de alarma y una estructura nuclear mejor conservada que las neuronas con APOE4, tanto en condiciones normales como bajo estrés.

El análisis genético célula por célula reveló que las neuronas con APOE2 activan más genes de reparación del ADN, entre ellos BRCA1, CDK1, PLK1 y TOP2A, genes que coordinan la detección y corrección de roturas en el material genético.
Los experimentos con ratones de 16 meses confirmaron los resultados: los animales con APOE2 conservaron mejor la proteína Lamin A/C en el giro dentado del hipocampo, una región del cerebro vinculada a la memoria y al Alzheimer. Esta proteína mantiene el núcleo celular estable y su pérdida es una señal clásica de envejecimiento.
Un dato que abrió nuevas posibilidades fue que al agregar proteína APOE2 de laboratorio a neuronas con APOE4, el daño al ADN se redujo. Esto sugiere que la protección no es exclusiva de quienes nacen con esa variante.
Lo que falta saber y lo que ya cambió

Los investigadores advirtieron que aún se desconoce el mecanismo molecular exacto por el que APOE2 estabiliza la envoltura nuclear y protege el material genético. Futuros estudios deberán responder esa pregunta antes de trasladar estos hallazgos a tratamientos concretos.
El estudio abre la puerta a terapias que imiten el efecto de APOE2 en el cerebro, con especial atención en personas con APOE4, el grupo con mayor riesgo genético de Alzheimer.
Esta investigación estableció que APOE2 va mucho más allá del transporte de colesterol: también protege el ADN neuronal y podría ser clave para entender por qué algunas personas envejecen con el cerebro intacto.
Fuente: Infobae