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Truco con rayas en aerogeneradores reduce en más de 70% muertes de aves

Un estudio reciente, publicado por la revista científica Journal of the Royal Society Interface y difundido por el portal ScienceX, propone un método innovador para reducir las colisiones de aves en parques eólicos. La clave está en modificar el diseño de los aerogeneradores con patrones de rayas que alteren el conocido como “flujo óptico” que perciben las aves en pleno vuelo. Esta técnica busca aumentar la visibilidad de las turbinas y, potencialmente, salvar millones de aves sin frenar el desarrollo de la energía eólica.

Uno de los hallazgos más significativos de esta investigación se dio en el parque eólico Smøla, en Noruega. Al pintar una de las palas del rotor de color negro, las muertes decesos de aves, en su mayoría rapaces, se redujeron en más de un 70%. Un segundo experimento en el mismo lugar demostró que pintar de negro las partes inferiores de los aerogeneradores logró disminuir la mortalidad de lagópodos alpinos a la mitad. Sin embargo, los autores advierten que la efectividad varió según la temporada y que los resultados provienen de un número limitado de turbinas, lo que resaltando la necesidad de desarrollar estrategias más robustas y adaptables a diferentes entornos.

El punto ciego evolutivo de las aves

La propuesta de los científicos parte de una premisa crucial: los sentidos de las aves no han evolucionado para detectar objetos grandes y en movimiento como las palas de los aerogeneradores. Aunque son. A pesar de que son hábiles esquivando obstáculos naturales, a menudo chocan con las turbinas porque no las perciben como amenazas o porque, al verlas demasiado tarde, no pueden cambiar su trayectoria a tiempo.

La visión de las aves se caracteriza por tener cuatro tipos de conos sensibles al color y la capacidad de ver luz ultravioleta. No obstante, en especies de mayor tamaño, el cristalino y la córnea reducen esa sensibilidad a los rayos UV. Esto explica por eso las soluciones basadas en pintura ultravioleta apenas lograron reducir los impactos.

Las aves suelen no detectar a tiempo las turbinas porque su visión no ha evolucionado para sortear objetos grandes y móviles como aerogeneradores - REUTERS/Maxim Shemetov

La retina aviar destaca por su alta densidad celular, lo que les otorga una agudeza visual notable. En su cerebro, ciertas neuronas se activan al detectar aumentos —llamadas “células ON”— y disminuciones —“células OFF”— de luz, especializándose en encontrar contornos claros y oscuros, información vital para evitar obstáculos. Otro concepto fundamental es el flujo óptico: el patrón de movimiento que la retina percibe mientras el ave se desplaza entre objetos, ayudándole a estimar distancias y esquivar y sortear amenazas en movimiento.

El contraste que las aves sí perciben

Para entender por qué estos diseños funcionarían, los autores se basaron en estudios de laboratorio con cernícalos y halcones de cola roja utilizando imágenes computarizadas. En esas pruebas, las aves identificaban con mayor claridad las palas que tenían dos franjas negras anchas sobre fondo blanco; los patrones con rayas finas o menos contraste resultaban menos efectivos.

Los experimentos revelaron que añadir franjas diagonales en ángulos variables a lo largo de la pala potencia la combinación de señales visuales de expansión y rotación que las aves perciben al acercarse a la turbina.

“El objetivo último es aumentar la visibilidad general de las turbinas en distintas condiciones naturales, asegurando que las aves detecten la estructura con tiempo suficiente para evitar la colisión”, señalaron los investigadores.

Otros patrones más complejos, como diseños radiales o fractales, podrían ofrecer referencias ópticas a diferentes distancias, permitiendo que diversas especies adviertan el peligro con mayor antelación. Además, resaltar los bordes de la pala parece fundamental, ya que las aves tienden a enfocar su mirada en los límites de los obstáculos mientras vuelan.

El diseño óptimo de palas, con franjas negras diagonales y bordes resaltados, mejora el flujo óptico detectado por aves como halcones y cernícalos (Imagen Ilustrativa Infobae)

La evidencia aún es escasa

A pesar de los resultados prometedores en laboratorio y en ensayos de campo limitados, hasta ahora solo existen dos estudios experimentales completos y uno piloto con pintura ultravioleta, todos realizados en el mismo parque eólico noruego de Smøla.

El consenso entre los expertos apunta a que las franjas oblicuas de diferente ángulo y los patrones no uniformes ofrecen señales visuales más confiables que los colores sólidos. Sin embargo, la comunidad científica advierte que es indispensable ampliar la escala y la diversidad geográfica de los experimentos antes de considerar esta técnica como una herramienta consolidada en la protección de la fauna aviar.

“Al analizar el entorno a través de los ojos de las aves, se exploran nuevas formas de prevenir colisiones fatales con turbinas. El planteamiento busca combina ecología sensorial y estrategias naturales de vuelo para rediseñar el aspecto de las palas”, concluyó el equipo responsable del estudio.

Fuente: Infobae

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