Vivimos en la era de la información, pero nos enfrentamos a una contradicción alarmante: el rápido abandono de la lectura y, con ello, el debilitamiento del conocimiento y la ciencia. En un artículo publicado en el diario The Times, el periodista británico Rod Liddle bautiza a este proceso como “Desilustración”, una tendencia marcada por la desaparición gradual de hábitos que durante siglos impulsaron el desarrollo intelectual y social en Occidente.
De acuerdo con Liddle, la transición hacia la llamada “era post-alfabeta” ya se nota en las costumbres diarias de la población. De forma irónica, el autor felicita a quienes logran leer las primeras líneas de su texto: “Usted posee una habilidad arcaica y rara: el arte de leer”. Para él, la lectura de libros está en vías de extinción y, en el futuro, esta práctica resultará tan desconocida para las nuevas generaciones como lo es hoy encontrar un fósil prehistórico por casualidad.
No obstante, para Liddle la “Desilustración” va más allá de la simple decadencia de la lectura. Se trata de un fenómeno en el que el conocimiento, el debate democrático y los principios científicos pierden su lugar central. El autor sostiene que, en este nuevo contexto, la expresión de emociones prevalece sobre la adquisición de información, y afirma que “parece que ya no es necesario comprender las cosas”.
El columnista apunta que la inmediatez tecnológica y el dominio de las redes sociales han transformado profundamente la relación con la palabra escrita. Según las cifras que cita en su artículo, el 47% de los adultos no lee libros por elección, lo que equivale a unos 27 millones de personas. Además, el 61% de los jóvenes de entre 16 y 24 años se consideran “no lectores” o “lectores caídos”. La proporción de niños y adolescentes de 8 a 18 años que leen se ha reducido a la mitad en los últimos 20 años.
Liddle vincula parte de esta tendencia a los cambios en la enseñanza escolar. En su opinión, los sistemas educativos actuales priorizan evitar el aburrimiento de los alumnos, dejando de lado actividades que exigen disciplina y esfuerzo, como leer textos largos o el aprendizaje por repetición. “Lo complicado es que, una vez que hemos dejado de leer, no volveremos a empezar. Uno no nace sabiendo leer: es una habilidad que requiere tiempo y paciencia para adquirirla. No tenemos tiempo y menos aún paciencia”, señala.

La cultura digital ha profundizado este fenómeno. El artículo indica que las nuevas formas de comunicación, como la mensajería instantánea y las plataformas sociales, fomentan el uso de frases cortas y la transmisión de emociones mediante imágenes o emojis, en detrimento de la reflexión y el vocabulario. “El lenguaje se ha convertido en una suerte de gruñido bestial”, describe el periodista, quien sostiene que la inmediatez tecnológica ha reducido la paciencia y la capacidad de concentración necesarias para leer un libro.
El análisis también advierte que la caída de la lectura tiene efectos directos sobre el conocimiento colectivo y la vida democrática. Liddle argumenta que la ausencia de lectura dificulta la adquisición de información contextual y la exposición a opiniones diversas, elementos esenciales para el debate público y una ciudadanía informada. Sin estos insumos, las respuestas y opiniones tienden a carecer de contexto y fundamento, convirtiéndose en “experiencias vividas” individuales sin peso en el plano colectivo.
El artículo menciona el descenso de los resultados en exámenes de lengua, como el GCSE de inglés en el Reino Unido, y la eventual eliminación de los exámenes de recuperación, como ejemplos de las consecuencias de este retroceso.
Según Liddle, una vez que se abandona la lectura, resulta casi imposible retomar el hábito. Aprender a leer exige tiempo y paciencia, dos recursos escasos en la actualidad. “La lectura ha pasado a ser una de esas pequeñas dificultades de la vida que podemos evitar”, sostiene.
Frente a este panorama, Liddle recuerda que la alfabetización fue clave en el surgimiento de la Revolución Industrial y en la expansión global del conocimiento. Para el autor, la lectura estimula la imaginación y permite el contacto con ideas diferentes, contribuyendo a evitar el aislamiento narcisista que se observa hoy. “La lectura inspira, y cuanto mejor es el libro, mayor es la inspiración”.
Liddle considera que la desaparición de este hábito convertirá a las personas en individuos más limitados, aunque duda de que la sociedad preste atención a esta transformación.
En su artículo, sostiene que la “Desilustración” avanza” avanza de modo inexorable, con una sociedad que prioriza la inmediatez y la expresión sentimental por encima del conocimiento estructurado. Advierte que este proceso no solo afecta la cultura y la educación, sino que impacta en la capacidad de las sociedades para enfrentar retos colectivos y mantener el progreso científico y democrático.
El diagnóstico del periodista británico invita a reflexionar sobre el papel de la lectura y el conocimiento en la vida contemporánea. La caída de la alfabetización, según el análisis publicado por The Times, pone en riesgo la continuidad de los valores ilustrados que dieron forma al mundo moderno.
Fuente: Infobae