La partida de Bob Marley sacudió a Jamaica y marcó un antes y un después en la historia musical del mundo. Tras una larga batalla contra un cáncer de piel, el cantante falleció el 11 de mayo de 1981 en el Hospital Cedars of Lebanon, en Miami.
Su despedida fue un evento sin precedentes que detuvo por completo la vida en Kingston. Se calcula que más de 100 mil personas tomaron las calles para rendirle tributo y acompañar la caravana fúnebre hasta Nine Miles, la aldea donde encontró su descanso final junto a su inseparable guitarra Gibson Les Paul.
En los últimos meses de vida, el artista lidió con el avance de la enfermedad, que se originó a partir de una herida en el pie sufrida en 1977. Los médicos diagnosticaron melanoma lentiginoso acral, una forma agresiva de cáncer. A pesar de que los especialistas recomendaron amputar el dedo afectado, Marley optó por un tratamiento limitado, fiel a sus convicciones rastafaris. La enfermedad continuó expandiéndose y, para 1980, los facultativos confirmaron que el cáncer ya se había diseminado a otros órganos.
En busca de alternativas, Marley viajó a Alemania para recibir terapias no convencionales y mantuvo su apretada agenda de conciertos hasta que su estado de salud se agravó de forma irreversible. Cuando intentó volver a Jamaica, el avión tuvo que aterrizar de emergencia en Miami, donde finalmente murió. La noticia conmocionó al país caribeño y preparó el camino para un funeral histórico.
Kingston se paraliza por el adiós al rey del reggae
La mañana del 21 de mayo de 1981, Kingston se convirtió en el escenario de un homenaje multitudinario. Miles de personas abarrotaron las calles y llenaron el Estadio Nacional para despedir al hombre que llevó el reggae a todos los rincones del planeta.
De acuerdo con informes del diario británico The Guardian, las autoridades de Jamaica suspendieron todas las actividades oficiales, incluida la presentación del presupuesto nacional, como muestra de respeto. Las principales avenidas quedaron vacías de tráfico y los comercios cerraron sus puertas.
Desde el amanecer, miles de seguidores rodearon el estadio. Por los altavoces se escuchaban los himnos de Marley, mientras largas filas de personas daban cuenta de la magnitud del fenómeno. En el interior del recinto, banderas jamaiquinas y símbolos rastafaris decoraban las gradas, creando un ambiente de profunda espiritualidad.
Música, fe y política se unen en la ceremonia
El acto central fue oficiado por el arzobispo Abuna Yesehaq, líder de la Iglesia Ortodoxa Etíope. La música no podía faltar: The Wailers y las I-Threes, el trío vocal liderado por Rita Marley, pusieron el ritmo a la jornada. Los hijos del cantante, Ziggy y Stephen, subieron al escenario y bailaron ante la multitud, como si el espíritu de su padre estuviera presente.
A la ceremonia asistieron altos funcionarios, familiares y personalidades clave de la vida pública jamaiquina. El entonces primer ministro Edward Seaga y su predecesor Michael Manley dirigieron discursos ante el público. La ovación más fuerte fue para Allan ‘Skill’ Cole, amigo personal de Marley y leyenda del fútbol en Jamaica.
El funeral y el sentir de una nación

La despedida del ícono del reggae fue mucho más que el adiós a un artista. La multitud desbordó las tribunas y los alrededores del estadio, expresando un sentimiento de unidad nacional. En el ambiente se instaló la idea de que “Bob Marley seguía presente”.
Fuera del recinto, la enorme concentración de personas generó algunos momentos de tensión. La policía tuvo que intervenir con gases lacrimógenos para dispersar a ciertos grupos, pero la calma regresó rápidamente y el homenaje continuó entre música, oraciones y discursos cargados de emoción.
La ceremonia incluyó lecturas de salmos y actuaciones llenas de simbolismo. Uno de los instantes más recordados fue la interpretación de “Natural Mystic” por parte de The Wailers, acompañados por Ziggy y Stephen Marley. Más tarde, Cedella Booker, madre del músico, emocionó a todos al cantar “Amen” frente a la multitud.
Después del acto en el estadio, el féretro de bronce con los restos de Marley emprendió el viaje hacia Nine Miles, su localidad natal en la zona rural de Jamaica. Cientos de seguidores y rastafaris esperaban desde la madrugada para rendirle homenaje.
El cantante fue sepultado junto a su Gibson Les Paul en un mausoleo edificado en la cumbre de una colina. Su tumba se convirtió en un lugar de peregrinación que recibe a miles de visitantes cada año.
Para sus seguidores, Bob Marley trascendió la música. Sus letras denunciaron la desigualdad social, defendieron la identidad afrodescendiente y propagaron un mensaje de paz y libertad. El pueblo jamaiquino encontró en Marley un referente mundial que sigue vigente.
Fuente: Infobae