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Rescate musical: la obra de José Antonio Bottiroli llega al mundo

El 13 de marzo de 1990, apenas dos jornadas antes de su partida, José Antonio Bottiroli estrechó la mano de un joven estudiante de la Escuela de Música de la Universidad de Rosario. Aquel gesto, cargado de debilidad pero también de intención, sigue siendo un misterio para quien lo recibió. “Hasta el día de hoy trato de interpretar qué intentó decirme el noble maestro con ese último gesto”, recuerda el intérprete. Sin duda, había gratitud, un rasgo muy marcado en su carácter, pero quizás también buscaba transmitir, en ese acto final, la sabiduría de un hombre al que describe como sensible, generoso, culto, elegante y digno.

José Antonio Bottiroli nació en Rosario el 1 de enero de 1920, hijo de Rosa Elena Bertora y Carlos Hermenegildo Antonio Bottiroli. Su madre descendía de genoveses y su padre, de lombardos de Pavía. Creció en un hogar feliz, como tantas familias rosarinas de origen italiano. Con el tiempo, se convertiría en un destacado compositor, director de música clásica, poeta y docente.

Un detalle curioso que el propio Bottiroli jamás mencionaba era su parentesco con el Papa Pío XI, creador del Estado de la Ciudad del Vaticano, a través de su abuela paterna, María Ottone Ratti. “No me sorprendió que no me lo contara”, señala el pianista. Bottiroli no se dejaba cegar por el brillo de un apellido ni por la vanidad de pertenecer a un círculo social o religioso; sabía que la vida equilibra todo.

Durante veinte años, cada sábado, el compositor asistía ad honorem a la cárcel de Rosario para llevar música a los presos. Ese gesto de humanidad, según quien lo evoca, opaca cualquier linaje. Al mismo tiempo, dirigía la prestigiosa Escuela Normal de Maestros Número 3 de la ciudad, manteniendo siempre un pie en la alta academia y otro en la entrega social.

Exactamente 40 años después de aquel último apretón de manos, el 13 de marzo, el sello Naxos – Grand Piano lanzó a nivel internacional el cuarto y último volumen de la obra completa para piano de Bottiroli, interpretada por el mismo pianista que lo despidió. “Con esto no se cierra simplemente un trabajo de puesta en valor, sino que se abre al mundo un museo musical”, afirma. El ciclo discográfico, con una duración de cuatro horas y cuarenta minutos, rescata uno de los muchos legados musicales argentinos que permanecían silenciados en manuscritos olvidados.

El proyecto comenzó en 2018, cuando el musicólogo Diego Orellana presentó al director de Naxos en Alemania tres pistas que el pianista acababa de grabar. Ese fue el germen que llevó a firmar un contrato con la promesa de registrar la obra completa para piano del maestro. “Fue un momento de gran felicidad por la validación que esto representaba para su obra y por posicionar la música inédita de un compositor argentino a este nivel internacional”, recuerda.

La obra completa para piano de José Antonio Bottiroli adquiere reconocimiento internacional gracias al sello Naxos – Grand Piano

Una colección en cuatro volúmenes

El primer volumen, Valses, está dedicado a las piezas inspiradas en esta danza, presente a lo largo de toda la producción de Bottiroli. Siguiendo la tradición de Chopin, el vals fue el vehículo donde el compositor exploró su propio lenguaje armónico, imbuido de una nobleza que evita lo superficial. Allí se introduce el concepto de etopeyas musicales: retratos musicales de la psicología y el alma de la persona invocada. En “Pájaro invisible ‘Crespín’”, este concepto se extiende a un estudio ornitológico inspirado en el Tapera naevia, cuyo silbido melancólico de dos notas recuerda su nombre.

El segundo volumen, Nocturnos, refleja la fascinación del compositor por la noche y el cosmos. Comienza con “Vesperal”, un rezo del atardecer que transporta al oyente al ensueño nocturno. A diferencia del romanticismo estándar, sus nocturnos evocan su percepción del universo. “Micropena ‘Andrómeda’” sintetiza esa inspiración, describiendo el paso lento y silencioso de una galaxia gigante y capturando el misterio del firmamento.

El tercer disco, Elegías, reúne todas las obras de contenido elegíaco. Allí, Bottiroli abre su alma al recuerdo de quienes ya no están, con piezas que trascienden el lamento para convertirse en reflexiones sobre la trascendencia del alma. “En estas, el silencio de la partida se transforma en un recuerdo eterno a través de las resonancias del piano”, explica el intérprete.

El cuarto volumen, Mementos, ofrece un pantallazo cronológico que consolida el pensamiento artístico del autor. Comienza con su primera obra existente: “Impresiones sinfónicas para piano y orquesta”, de 1955, grabada con la Filarmónica de Brno bajo la dirección del argentino Francisco Varela. El sello sugirió añadir la obra completa para dos pianos y de cámara. Este repertorio quedó a cargo del Dúo Antón y Maite de España, mientras que “Melodía Memento” fue interpretada por el Dúo Du Rêve de la República Checa, con Jana Jarkovská en flauta y Bohumír Stehlík en piano.

La colaboración de estos músicos excepcionales, según el pianista, demuestra que la música es un arte de convivencia. En un ambiente donde a menudo imperan los egos, encontrar compañeros que actúen como puentes es uno de los mayores tesoros de la profesión: una fraternidad musical que pone su talento al servicio del rescate de lo olvidado.

Para el intérprete, la música académica es un patrimonio cultural intangible que refleja el pensamiento más profundo de una sociedad. A diferencia de las artes plásticas o la literatura, su naturaleza impalpable la condena a quedar postergada frente a un mundo que celebra la apertura de museos. Por eso, la presentación y preservación de la obra completa para piano de José Antonio Bottiroli constituye “un obsequio para los argentinos; un legado que hoy, finalmente, pertenece con orgullo a todos”.

Fuente: Infobae

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