Rafael Grossi: la crisis de la ONU refleja una falta de confianza global

Miami, Estados Unidos – Rafael Mariano Grossi se ha consolidado como una de las figuras argentinas más influyentes en el ámbito internacional. Al frente del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) desde 2019, ha navegado por uno de los periodos más complejos de la historia nuclear: la guerra en Ucrania con la amenaza constante sobre la central de Zaporiyia, el programa nuclear iraní y el rearme silencioso de las potencias. Ahora, Grossi aspira a la Secretaría General de las Naciones Unidas.

En una entrevista exclusiva con DEF, realizada durante la XI Conferencia Hemisférica de Seguridad, el diplomático ofrece un análisis profundo del sistema internacional actual. Advierte que la tendencia en el número de armas nucleares va en aumento, con China como protagonista central al pasar de 180 o 200 ojivas a 600, con “una declarada ambición de avanzar hacia la paridad con las otras potencias”. Sin embargo, lo que más le preocupa es que países que antes mantenían una postura firme de no proliferación ahora empiezan a reconsiderar esa decisión, al percibir que el paraguas nuclear de sus aliados “aparece erosionado”.

Grossi no evade el diagnóstico sobre la ONU. La crisis financiera que enfrenta la organización, según él, “se debe a la falta de confianza” en su conducción. La decisión de Estados Unidos –que financia cerca del 25 % del presupuesto– de retirar aportes es una respuesta política a esa desconfianza, que califica de “discutible pero no ilógica”. Para Grossi, la solución no está en recortes presupuestarios –“apenas migajas”– sino en recuperar la orientación estratégica de la institución.

Rafael Mariano Grossi es hoy uno de los argentinos con mayor proyección en la escena internacional

¿Nueva era de proliferación nuclear?

-Según su experiencia en el OIEA, ¿estamos entrando en una etapa de mayor proliferación nuclear?

-Estamos en un punto complejo que exige atención. La creciente fragmentación internacional ha despertado un renovado interés por las armas nucleares, tanto en países que ya las poseen como en aquellos que aspiran a tenerlas. Aunque no estamos en los niveles de la Guerra Fría, con 30.000 ojivas, la tendencia decreciente se ha detenido y ahora la curva comienza a ascender.

-¿Quiénes impulsan este cambio?

-Estados Unidos y Rusia siguen a la cabeza, pero China destaca con un incremento notable: pasó de 180-200 armas a 600, con la ambición declarada de equipararse a las otras potencias. Además, hay una tendencia emergente: países que antes rechazaban las armas nucleares ahora revisan esa postura, al considerar que los esquemas de alianza que garantizaban protección bajo un paraguas nuclear aparecen erosionados. Muchos, con capacidad tecnológica, empiezan a evaluar la posibilidad de contar con este armamento.

Durante su panel en la XI Conferencia Hemisférica de Seguridad, Rafael Grossi estuvo acompañado de John Mearsheimer y Brian Fonseca.

Factores desencadenantes

-¿La guerra en Ucrania fue el punto de quiebre?

-Hubo una convergencia de factores. La guerra ruso-ucraniana visibilizó que no hay una visión estratégica convergente entre los miembros de la OTAN. La Alianza Atlántica no está quebrada, pero existen divergencias que antes no se veían. El conflicto actuó como catalizador de algo que ya se gestaba.

Diplomacia en tiempos fragmentados

-¿Cómo se trabaja en un mundo sin consensos previos?

-No es imposible, pero es diferente. Hay que evitar el catastrofismo. Existen puntos de convergencia, aunque la situación es más caleidoscópica. Por ejemplo, pueden darse visiones convergentes entre Washington y Moscú en algunos temas, mientras surgen divergencias dentro de la OTAN. También vemos la emergencia del Indopacífico como categoría política, donde nuevos actores convergen. Hay que trabajar de otra manera.

Diálogo con Irán

-¿Es posible dialogar con regímenes como el iraní?

-Es posible, aunque no fácil, frustrante y a veces peligroso. Pero es indispensable. No es imposible alcanzar consensos, teniendo en cuenta el cálculo geopolítico de cada interlocutor. Esto aplica no solo a Irán, sino a cualquier actor.

-¿Cómo actúa el OIEA en Medio Oriente?

-Es una zona históricamente compleja en no proliferación. La mayoría de las crisis en esta materia –excepto Corea del Norte– han ocurrido allí: Libia, Irak, Irán, Siria. En Irak, Siria y Libia los intentos de obtener armas nucleares fracasaron y derivaron en conflictos armados. La proliferación es generadora de casus belli, como con Irán, donde además confluyen la navegabilidad del estrecho de Ormuz, los misiles balísticos y grupos armados como Hamás, Hezbolá y los hutíes. Pero el casus belli de las guerras de 2025 y 2026 ha sido el programa nuclear iraní. Ignorarlo es obviar un factor determinante.

Crisis de confianza en la ONU

-Sobre su candidatura a secretario general, ¿cómo enfrentaría la crisis financiera de la ONU?

-La crisis de liquidez se debe a la falta de confianza en la dirigencia. Estados Unidos, que aporta casi el 25 % del presupuesto, ha retenido pagos como medida de presión. Esto es “discutible pero no ilógico”. El actual secretario general inició la reforma “ONU 80”, que reduce un 15 % del presupuesto y un 18 % del personal. Pero la reforma va más allá: esos recortes son migajas en un presupuesto de 3.600 millones de dólares, similar al de la policía de Nueva York. Lo crucial es reordenar las prioridades estratégicas.

-¿Es un problema de confianza?

-Absolutamente. Muchos me preguntan por qué quiero ser secretario general en esta situación, pero se resuelve rápido: con confianza. Cuando los que financian el organismo creen en él y no dudan de su rumbo, la ecuación cambia.

Fuente: Infobae

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