La lagartija de las Pitiusas (Podarcis pityusensis) es una especie que solo habita en las islas baleares de Ibiza y Formentera. Al vivir en decenas de islotes cercanos, el aislamiento genético ha generado que este reptil, único en el planeta, presente coloraciones distintas según la zona: verdes, marrones, grises, azules y negros. De hecho, es una de las especies con mayor variedad cromática a nivel mundial.
Además de ser un símbolo por no encontrarse fuera del archipiélago balear, la lagartija pitiusa cumple un rol ecosistémico fundamental: poliniza flores, controla plagas al alimentarse de insectos y dispersa semillas.
Si la especie desapareciera, se perdería un animal irremplazable, con un valor cultural profundo para las islas y una función vital en sus hábitats. Esta extinción podría estar más cerca de lo que se imagina.
Así lo revela el equipo de científicos liderado por Oriol Lapiedra, del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF), que desde hace seis años estudia la amenaza que enfrenta la lagartija. Durante este tiempo han publicado varios estudios, y uno de los más importantes salió recientemente en la revista Ecology. Este trabajo confirma que la lagartija endémica está siendo arrasada por una serpiente invasora que puede nadar en el mar para desplazarse entre islotes: la culebra de herradura (Hemorrhois hippocrepis).
Poblaciones enteras ya han desaparecido
La culebra de herradura llegó a Ibiza hace más de veinte años por acción humana, aparentemente escondida en olivos traídos desde la Península. Desde entonces, la lagartija pitiusa ha sufrido una caída drástica, coincidiendo con la expansión de la serpiente por casi toda la isla. Actualmente, esta invasora ocupa más del 90 % del territorio.

La culebra devora a la mayoría de las lagartijas endémicas, al punto de que ya se han registrado extinciones de poblaciones con coloraciones exclusivas en varios islotes cercanos, como Santa Eulària o s’Ora. Desde 2024, la lagartija de las Pitiusas está clasificada como “en peligro de extinción” por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).
El estudio —en el que participaron el COFIB, el Servicio de Agentes de Medio Ambiente, la Asociación Herpetológica Española (AHE) y la Universidad de Granada— señala que esta capacidad de colonizar áreas separadas por mar nadando no se había observado antes en esta especie ni en casi ningún otro caso en el mundo. Una posible razón es que las serpientes ya han agotado gran parte del alimento en la isla principal.
“Cuando empezamos a detectar las primeras serpientes [en islotes] pensábamos que se trataba de introducciones accidentales, quizá vinculadas a embarcaciones o al transporte humano”, explica Lapiedra. “Pero, a medida que recopilamos vídeos, fotografías y testimonios de serpientes nadando en mar abierto, entendimos que eran capaces de llegar por sí mismas”.

Dado que son islotes pequeños, la extinción de las lagartijas pitiusas puede ocurrir muy rápido. Unas pocas serpientes pueden eliminar toda la población en cuestión de meses. Por eso, el equipo trabaja a contrarreloj para salvarlas: una colaboración entre el Zoo de Barcelona y el Govern de les Illes Balears está permitiendo trasladar algunos ejemplares al centro para su cría ex situ.
Para documentar el declive de las lagartijas y la expansión de las culebras, el equipo combinó trabajo de campo, trampas para serpientes, comparación de censos, filmaciones, fotografías y observaciones verificadas de pescadores y residentes. Por ejemplo, en el islote de Santa Eulària, en 2016 se contaron 72 lagartijas; en 2023 solo 3; y en 2025 ninguna, lo que “confirma la extinción local de la población”, según Guillem Casbas, investigador predoctoral del CREAF y uno de los autores principales del estudio.
Una invasión veloz que se extiende a Formentera
La culebra de herradura llegó a Ibiza a principios del siglo XXI. Aunque al principio solo invadió zonas muy concretas, entre 2010 y 2015 se expandió sin control. Mientras que en 2010 ocupaba aproximadamente el 5 % de Ibiza, en 2016 ya era el 40 % y en 2025 alcanza el 90 %.

Lapiedra explica que, cuando la serpiente conquista una nueva área, “puede tardar menos de tres años en extirpar toda la población de lagartijas; la invasión se mueve como un incendio, con un frente que avanza a medida que se acaba la comida”.
Las culebras de herradura no solo se alimentan de las lagartijas pitiusas, sino que también acaban con ratones, murciélagos, aves y musarañas. “Esto provoca efectos ecológicos en cascada muy preocupantes, porque dejan de realizarse funciones clave para polinizar flores y plantas cultivadas; la dispersión de semillas; la regulación de la población de insectos, que puede evitar plagas, o el desplazamiento de otros depredadores que se quedarán sin alimento, como algunas aves que se alimentan de pequeños mamíferos”.

Además, esta especie no tiene competidores y, al estar tan bien alimentada, puede alcanzar tamaños considerables. El equipo ha capturado ejemplares de hasta dos metros, “un 200 % más grandes que los de la península”.
En Formentera también han comenzado a observar el problema: la lagartija de las Pitiusas es igualmente endémica de esa isla y ya se han encontrado culebras de herradura. Los investigadores creen que, debido al tamaño de esta zona, una explosión demográfica de la especie podría provocar la desaparición de las lagartijas en pocos años.
Fuente: Infobae