La conocida filosofía de ‘todo o nada’ puede convertirse en un obstáculo silencioso para alcanzar nuestras metas de condición física. En lugar de eso, los expertos proponen un enfoque más flexible que permite mantener la actividad física sin caer en la frustración.
Imaginemos una noche cualquiera: la intención es salir a correr antes de cenar, pero un correo electrónico retrasa los planes. El tiempo disponible se acorta y, en vez de optar por una carrera más breve, la decisión final es simplemente no hacer nada. Esta es una trampa común, según Michelle Segar, científica del comportamiento de la Universidad de Míchigan, quien advierte que el enfoque de ‘todo o nada’ es una de las principales barreras para cumplir los objetivos de ejercicio.
La trampa del entrenamiento perfecto
Un estudio reciente de Segar y sus colegas reveló que, cuando las personas no pueden realizar ejercicio exactamente como lo habían planeado, a menudo optan por la inactividad total. Aunque esta mentalidad se ha explorado en otros ámbitos, apenas ahora se analiza en relación con el ejercicio. La investigadora la denomina la ‘trampa del entrenamiento perfecto’.
- Impide empezar: esperar las condiciones ideales para entrenar frena el inicio de cualquier rutina.
- Sabotea la constancia: un solo día perdido puede llevar a abandonar el hábito por completo.
Según Segar, la clave no reside en tener más disciplina, sino en cultivar una mayor flexibilidad. El problema suele agravarse por los mensajes populares sobre el ejercicio, que promueven una actitud implacable.
Influencers y entrenadores de fitness impulsan el enfoque ‘sin excusas’. Retos como 75 Hard o el ‘streaking’ (correr una racha ininterrumpida de días) establecen que saltarse un solo entrenamiento implica reiniciar desde cero. Para muchas personas, la recomendación médica de 150 minutos de ejercicio aeróbico y dos sesiones de fuerza semanales resulta inalcanzable. Rick Richey, entrenador principal de la Academia Nacional de Medicina Deportiva en Nueva York, explica: “La gente ve eso y dice: ‘Bueno, ni siquiera puedo conseguir el mínimo, entonces ¿para qué hacer nada?’”
“Si no puedes ser flexible, es fácil que te rompas”, agregó Richey, sugiriendo que la adaptabilidad es la clave para mantener la actividad física.
Algo es mejor que nada
En un mundo ideal, todos tendríamos grandes bloques de tiempo para entrenar de la manera exacta que deseamos. Sin embargo, la realidad suele ser otra. Segar promueve una mentalidad de ‘todo o algo’, donde cualquier cantidad o intensidad de movimiento es una ganancia.
Incluso pequeñas dosis de actividad física reportan beneficios. Caminar, estirarse o bailar en la sala pueden reducir el riesgo de enfermedades cardíacas, controlar el azúcar en sangre y mejorar la salud mental. Una sola serie de ejercicios de resistencia realizada varias veces a la semana fortalece los músculos. Darlene Marshall, entrenadora personal del norte del estado de Nueva York y estudiosa de la psicología positiva, recomienda: “Si el objetivo es estar más sano y tener un mayor bienestar, todo cuenta”. Para motivarse, sugiere visualizar cómo nos sentiremos después de la actividad, en contraste con la sensación de no haber hecho nada.
Prepárate con un plan de respaldo
Edward Phillips, profesor asociado de medicina física y rehabilitación en la Facultad de Medicina de Harvard, aconseja planificar también la adaptación de los entrenamientos ante imprevistos. Es una ‘planificación de contingencias’.
- Si no puedes correr, camina.
- Si no puedes ir al gimnasio, haz ejercicios con tu peso corporal en casa.
- Si llegas tarde a una clase, ve de todas formas y date permiso para llegar 10 minutos tarde.
Segar recomienda crear un ‘menú’ de entrenamientos de distinta duración e intensidad para recurrir a ellos cuando los planes originales fallen.
Mantén la mirada en el largo plazo
Si la tendencia a abandonar tras un entrenamiento perdido te resulta familiar, recuerda que lo que realmente importa para la salud es la constancia a lo largo de los años. Richey afirma: “La vida siempre se interpondrá. Así que debes saber que eso va a pasar, y reconocerlo”. El error está en pensar: “Falté unos días, falté unas semanas, supongo que no voy a regresar”. La solución es simple: volver.
Al retomar, especialmente después de un tiempo, es clave fijarse objetivos pequeños y celebrarlos. “No tienes que hacer los 150 minutos. Simplemente haz algo que no hayas hecho ayer”, añadió Richey. Marshall coincide en que cambiar el enfoque, de lo que no se puede hacer a lo que sí se puede, es un enorme motor de motivación.
En palabras de Phillips, cualquier movimiento físico “es un regalo que te haces a ti mismo”.
Fuente: Infobae