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Paul McCartney y los Stones: su histórica colaboración en estudio

“Me senté y el sonido que escuchaba, el disco que estábamos haciendo, ¡Eran los Stones! Después de ese día en el estudio, la gente me preguntó cómo había sido. Y contesté: ‘¡Fue increíble! Fui un músico de sesión con los Rolling Stones’”. Con estas palabras, Paul McCartney describió su participación como bajista en Covered In You, un tema del próximo álbum de los Rolling Stones, Foreign Tongues, que verá la luz el 10 de julio. La anécdota, narrada con total naturalidad, resume un encuentro sorprendente: los músicos de dos de las agrupaciones más influyentes del siglo XX, históricamente consideradas rivales, compartieron estudio para grabar una canción.

En una extensa entrevista con la revista británica Mojo, la leyenda de Los Beatles ofreció detalles de esa histórica sesión con los Rolling Stones, habló de su nuevo disco, The Boys Of Dungeon Lane —que se publicará el viernes 29 de mayo—, opinó sobre una nueva tendencia de conciertos íntimos “sin teléfonos” y reflexionó sobre el peso de un legado cultural que, a sus 83 años, sigue construyendo con un espíritu envidiable. “Es maravilloso poder tener ese efecto en la gente”, confesó.

Paul McCartney y Los Rolling Stones

La noticia habla por sí sola: Paul McCartney tocó el bajo en Covered In You, un tema del venidero disco de los Rolling Stones. Se trata de una colaboración entre dos nombres que durante décadas ocuparon bandos opuestos en el imaginario del rock. McCartney no evitó el dato ni lo exageró. Lo contó como quien recuerda una buena jornada de trabajo: “Me senté y el sonido que escuchaba, el disco que estábamos haciendo, ¡eran los Stones!”. Para él, la experiencia tuvo algo de revelación instantánea. No hubo que construir nada ni forzar un estilo ajeno. El sonido simplemente estaba ahí, intacto y reconocible. “Después de ese día en el estudio, la gente me preguntó cómo había sido. ‘¡Fue increíble! Fui un músico de sesión con los Stones’”, contó con una sonrisa.

La observación no es menor. McCartney distinguió con claridad entre trabajar para otros y trabajar para sí mismo. Con los Stones, la meta era preservar una identidad sonora ya consolidada. “Si trabajás con los Stones, tienen el sonido de los Stones, así que creo que lo que buscás es conseguir ese sonido. Y es natural en ellos: es la manera en que suenan”, explicó.

El legado de Los Beatles

A sus 83 años, Paul McCartney sigue escuchando una historia que conoce de memoria y que, sin embargo, no lo aburre. Es siempre la misma: alguien (y no cualquiera, como se verá) vio a Los Beatles en televisión en aquel histórico show del programa de Ed Sullivan, el 9 de febrero de 1964, y algo cambió en su interior para siempre. “Bruce Springsteen, a quien conozco como amigo, cuenta una historia muy similar a la que cuentan muchos estadounidenses: ver a Los Beatles en The Ed Sullivan Show y quedar tan impresionado que dijo: ‘Bueno, eso es lo que quiero hacer con mi vida’”, recordó McCartney. El detalle que se repite con precisión casi cómica es el de los peinados de aquellos cuatro jóvenes ingleses que irrumpieron en la televisión nacional de Estados Unidos un domingo de invierno por la noche. Springsteen bajó a desayunar al día siguiente con el pelo peinado hacia adelante, imitando a Los Beatles. “Tom Petty hizo lo mismo; David Letterman, también”, cuenta McCartney.

Consultado sobre cómo mantiene el entusiasmo después de haber escuchado esa historia miles de veces, McCartney fue directo: “Porque es una gran historia. Si viniera de una sola persona, ya sería impresionante. Pero como viene de muchísima gente, es impresionante muchas veces”. Cada vez que alguien se la cuenta, dice, la recrea desde el principio. “Me los imagino sentados frente a un televisorcito, con los padres que casi siempre nos detestaban y el padre que casi siempre decía: ‘Ah, llevan pelucas’”, dice con una sonrisa.

Shows íntimos “sin teléfonos”

Paul McCartney llena estadios, bien lo sabemos en Argentina y América latina. Pero hay algo que los estadios no pueden darle, y él lo sabe. En los últimos tiempos, el músico ha intercalado sus giras masivas con presentaciones en teatros pequeños: el Fonda en Los Ángeles, el Bowery en Nueva York. Recintos donde el público entra sin teléfono. Las bolsas para guardar los dispositivos son obligatorias, y esa diferencia, según McCartney, lo cambia todo. “Cuando hacés algo como el show del Fonda, no hay teléfonos. Es completamente diferente. Es una descarga real. Te lleva de vuelta a tus orígenes”, describió.

La queja sobre los teléfonos no es nueva en el mundo del espectáculo, pero Sir Paul la formula con una imagen precisa: “La mayoría de la gente quiere grabarlo, así que desde el escenario lo que ves es una marea de teléfonos”. En los shows íntimos, en cambio, hay caras. Hay reacciones. “El público te está escuchando. Está escuchando la música. Está reaccionando en lugar de grabar”, dijo. Y agregó que la diferencia la sienten todos por igual: él, su banda y los invitados que suelen pasar por esos conciertos. “Es increíble. Es completamente diferente”, repiten, según contó, quienes los presencian.

Un momento icónico en la historia de Los Beatles, cuando se presentaron por primera vez en la televisión de Estados Unidos, en el show de Ed Sullivan (Captura de video)

Para McCartney, la experiencia remite a algo esencial y anterior a toda tecnología: “Siempre podías ver a la gente de cerca y podías interactuar con ellos”. Eso, dijo, “definitivamente eleva la potencia de un show”.

El nuevo disco de Paul McCartney

Cuando Paul McCartney se sentó a trabajar con el productor Andrew Watt en The Boys Of Dungeon Lane, la consigna no era recuperar ningún sonido. Era exactamente lo contrario. “Estamos tratando de no hacer eso”, dijo sobre la posibilidad de recurrir a fórmulas conocidas. La diferencia con su trabajo junto a los Rolling Stones es, para él, conceptual: con los Stones, el objetivo es preservar una identidad. Con su propio material, la búsqueda apunta en otra dirección. “Cuando trabajo en mis cosas, estoy abierto a ideas”, explicó. Como ejemplo, mencionó los tape loops, una técnica que practica desde los años 60 y que, según él, mantiene una cualidad difícil de replicar. “Aunque ahora es una tecnología vieja, suena nueva. Es definitivamente inusual. No es sintética”, describió. McCartney aclaró que los loops no necesariamente aparecen en este disco, sino en otro conjunto de canciones que tiene en proceso. Pero los mencionó como representativos de una actitud que sí atraviesa The Boys Of Dungeon Lane: la de no tomar el camino conocido, la de buscar siempre algo que no se haya hecho antes.

La filosofía detrás del álbum, dijo, se puede resumir en una frase: “Eso ya lo hicimos, hagámoslo diferente”. Y la razón es tan simple como honesta: “El motivo principal es que es tan, tan aburrido” repetirse.

La infancia y la nostalgia como materia prima

Paul McCartney no se propuso hacer un disco nostálgico, pero las canciones llegaron solas y cuando las miró, hablaban de Liverpool, de su infancia, de sus padres. “No tomé una decisión consciente”, admitió. “Simplemente ocurrió que estaba escribiendo eran en gran medida recuerdos de infancia o pensamientos de ese período de mi vida en Liverpool”.

El nuevo disco de McCartney, 'The Boys Of Dungeon Lane', apuesta por la innovación, evitando repetir las fórmulas clásicas de Los Beatles

Dos canciones en particular anclan ese territorio. Days We Left Behind nació de memorias directas de su niñez. Salesman Saint, en cambio, partió de una pregunta que se hizo casi sin querer: ¿Cómo habrá sido criar hijos en tiempos de guerra? “Un día simplemente pensé: la gente hoy, criando hijos, familias jóvenes, amigos jóvenes, es difícil. Es una gran experiencia, pero hay que trabajarla”, contó. De ahí saltó a sus propios padres durante la Segunda Guerra Mundial. “Eso era completamente diferente a todo lo que conocemos en este momento. Estas guerras están ocurriendo, pero en otros países. En el caso de ellos, era en su propio país donde caían las bombas”. Su padre fue bombero durante la guerra; y su madre, enfermera y partera. “Me pareció un hecho asombroso que mis propios padres hubieran atravesado todo eso, y sin embargo hubieran salido adelante. Hubieran sobrevivido”, dijo.

Pero no todo en el disco viene de la memoria. McCartney también escribe personajes que no conoce, situaciones que inventa. Momma Gets By, hacia el final del álbum, es una de esas canciones. “Es un vuelo de fantasía. Estoy imaginando a esta mujer enfrentada a este tipo que parece un poco vago. Estoy inventando dos personajes en una obra de teatro”, explicó. Para él, escribir es moverse libremente entre esos registros. “Tomás partes de vos mismo, partes de la vida que conoces”, dijo. Y sobre el pasado como fuente, fue contundente: “El pasado está lleno de cosas. Es un lugar rico para extraer ideas”.

Una canción redescubierta por accidente

No todas las canciones de The Boys Of Dungeon Lane nacieron durante las sesiones con Andrew Watt. Una de ellas llevaba dormida más de dos décadas en un casete olvidado. La historia comienza con Eddie Klein, el ingeniero que construyó el estudio de McCartney y que llegó originalmente de Abbey Road. Un día, mientras digitalizaba cintas antiguas en un segundo plano, Klein interrumpió el trabajo con una pregunta: “¿Recordás alguna vez una canción llamada ‘Lost Horizon’?” McCartney no la recordaba. Klein insistió: “No está mal. En realidad es muy buena”. La escucharon.

“Lo que me sorprendió fue, primero, que la había olvidado por completo. Debo haberla grabado en un casete una tarde de vacaciones”, contó McCartney. La fecha aproximada: principios de los 2000. Pero la segunda sorpresa fue mayor porque la canción estaba terminada. “A veces, si me siento de vacaciones a escribir una canción, puedo llegar a conseguir apenas un par de estrofas. Pero esta tenía las estrofas, los estribillos, los puentes. Todo estaba ahí”, recordó.

El proceso de producción respetó la estructura del demo original. Se regrabaron algunos elementos, se mantuvieron otros tal como estaban. Andrew Watt sugirió sumar una guitarra eléctrica. McCartney tomó una Telecaster del 56 y se puso a tocar con una referencia clara en mente: “Estaba imaginando lo que haría Steve Cropper, así que lo estaba canalizando”. El resultado, dijo, tiene la marca de ese hallazgo fortuito. “Todas las canciones tienen estas pequeñas historias de origen, y esa se trata de una reliquia encontrada por el bueno de Eddie Klein. ¡Gracias a Dios por él!”.

Fuente: Infobae

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