El escritor y editor Luis Amavisca ha lanzado al mercado ‘Princesas de hoy en día’, una obra publicada por NubeOcho que llega como un álbum ilustrado pensado para niños desde los 4 años. El libro, coescrito junto a Dolores Brown, reúne diecisiete microrrelatos sobre princesas contemporáneas. Su principal objetivo es derribar los estereotipos tradicionales que han rodeado a estos personajes, presentando figuras femeninas «alejadas del príncipe azul» y que «también pueden ser solteras, viudas o haberse divorciado».
En una entrevista con Europa Press, Amavisca fue contundente al señalar la necesidad de cambiar el discurso: «No podemos seguir perpetuando esta imagen de ‘se casaron y vivieron para siempre felices y comieron perdices’. ¿Qué pasa si no son felices? Tenemos que ofrecer alternativas». Con esa premisa, el autor busca cuestionar el clásico final de cuento de hadas y abrir paso a nuevas narrativas.
Una evolución de un proyecto anterior
El libro tiene sus raíces en un trabajo previo, ‘Las princesas más valientes’, publicado hace ocho años con textos de Dolores Brown e ilustraciones de Sonja Wimmer. En aquella ocasión, Amavisca colaboró intensamente en los contenidos, pero decidió no figurar como coautor. «Vi que era un libro de princesas y no quise aparecer como coautor», explicó. Sin embargo, en esta nueva edición, que ha sufrido «una transformación de texto muy importante», su nombre aparece acreditado junto al de Brown.
Entre las novedades más destacadas de ‘Princesas de hoy en día’, Amavisca resaltó la inclusión de un prólogo, una conclusión renovada, la aparición de nuevas princesas y un formato narrativo fresco. Ahora, cada doble página alberga un microrrelato independiente, protagonizado por una princesa distinta, lo que permite una lectura más dinámica y variada.
La «obligación» de presentar modelos alternativos
El eje central de la publicación es la ruptura con los patrones clásicos. Amavisca recordó que el concepto de cuestionar qué significa ser princesa le cautivó desde que conoció a Dolores Brown hace aproximadamente una década. «¿Por qué no puede una princesa no querer tener pareja, estar soltera, ser viuda o haberse divorciado?», planteó el autor.
A su juicio, como escritor, siente la obligación de «ofrecer alternativas y mostrar a princesas que existen en la realidad». Estas figuras, afirmó, pueden ser tan cercanas como una madre, una tía, una amiga del colegio, una profesora o una abuela. En todos esos casos, subrayó, «siguen siendo princesas».
El libro también incluye princesas con síndrome de Down, con dislexia, con problemas de pronunciación o con parche en el ojo. Incluso hay espacio para una princesa anciana que tiene novio. «Nuestro objetivo era plasmar el espectro que nos rodea —indicó Amavisca—. Puede cualquier persona ser una princesa».
El cambio en el canon de las princesas
Amavisca repasó cómo ha evolucionado el estereotipo de princesa en la cultura popular y reconoció que, aunque el concepto «ha cambiado mucho» desde su infancia, todavía queda camino por recorrer. «El estereotipo era mucho más rígido. La princesa era estática, esperaba que el príncipe la salvara, vestía de una determinada manera y no participaba de la acción. Veíamos de niños casi todas estas princesas de raza blanca y a ser posibles rubias. Ser una princesa morena ya era casi una pequeña transgresión», sostuvo.
Citó como referentes de este cambio títulos como ‘Me ha aburrido ser una princesa rosa’, de Raquel Díaz Herrera, que este año cumple quince años, o libros como ‘Las princesas también se tiran pedos’, que vinieron a desafiar las normas de comportamiento impuestas a las niñas.
También se refirió a la evolución de Disney, que «hizo mucho daño» con su modelo clásico de princesa. Sin embargo, valoró que hace quince años la compañía incorporó a su primera princesa negra y antes ya había presentado personajes como Mulan, la princesa guerrera. «Siempre hay matices que pueden no gustarnos, pero lo que sí es cierto es que ha habido cambios», apuntó.
«Ser princesa no es una élite inalcanzable»
Para Amavisca, el mensaje central del libro es claro: ser princesa no debe entenderse como un privilegio reservado a unos pocos, sino como «una metáfora de sentirse especial». «Ser princesa no tiene por qué ser una élite y algo inalcanzable, sino que es más un mensaje de sentirse especial», subrayó.
En esa línea, invitó a los lectores a buscar sus propias figuras de referencia en su entorno más cercano. «¿Por qué admirar a un tipo de princesa estática, lejana y que no se parece en nada a quienes nos rodea, cuando podemos admirar y acompañar a nuestras amigas, a nuestras hermanas, a nuestras madres?», planteó.
El objetivo final, concluyó, es que cualquier niña que se sumerja en el libro «cierre el libro sonriendo» y pueda decir, si así lo desea, «que ella también es una princesa». Todo ello enmarcado en una obra que el propio autor define como «una reescritura y reinterpretación del mito de la princesa desde una perspectiva moderna, contemporánea e igualitaria».
Fuente: Infobae