La Biblioteca del Congreso de Estados Unidos sumó 25 nuevas grabaciones a su Registro Nacional de Grabaciones, entre las que destacan el villancico bilingüe Feliz Navidad del puertorriqueño José Feliciano y el álbum 1989 de Taylor Swift. Con esta adición, la colección alcanzó los 700 títulos preservados. La selección de 2026 abarca obras que van desde 1944 hasta 2014 y refleja siete décadas de transformaciones en la cultura sonora de Estados Unidos.
Fundada en 1800, la Biblioteca del Congreso (LC, por sus siglas en inglés) es la institución cultural federal más antigua del país y funciona como su biblioteca nacional de facto, con sede en tres edificios sobre Capitol Hill, en Washington D.C. Su capital supera los 173 millones de documentos en más de 470 idiomas —libros, manuscritos, mapas, fotografías, grabaciones, películas y publicaciones gubernamentales—, entre los que figuran el borrador original de la Declaración de Independencia y una de las tres copias en vitela de la Biblia de Gutenberg.

Dentro de ese universo documental, el Registro Nacional de Grabaciones (National Recording Registry, NRR) representa el reconocimiento más alto que puede recibir una obra sonora en territorio estadounidense. Su existencia no es un acto discrecional de la institución: la Ley Nacional de Preservación de Grabaciones de 2000 (National Recording Preservation Act of 2000, Public Law 106-474) estableció el marco legal para combatir la pérdida física de grabaciones históricas y asegurar el acceso futuro a la memoria sonora del país.
La misma legislación creó tres entidades interconectadas: el propio NRR, la Junta Nacional de Preservación de Grabaciones (National Recording Preservation Board, NRPB) y la Fundación Nacional de Preservación de Grabaciones.
El papel de la NRPB es central en el proceso: actúa como cuerpo consultivo que asesora al bibliotecario del Congreso en la selección anual de los 25 títulos que deben preservarse. La junta reúne a representantes de la industria musical, académicos, archivistas y compositores, lo que garantiza una perspectiva multidisciplinaria en cada decisión. Desde 2003, cuando se anunciaron los primeros 50 títulos, la cuota anual se fijó en 25 grabaciones a partir de 2006.

El proceso de selección
El camino de una grabación hacia el registro combina participación ciudadana y rigor académico. Cada año, la LC abre un portal donde cualquier persona puede sugerir hasta 50 grabaciones. En 2026, el público envió más de 3.000 nominaciones. Una vez cerrado ese plazo, los curadores y los miembros de la NRPB evalúan los títulos con base en tres criterios: significación cultural, histórica o estética. El registro no busca las grabaciones de mayor calidad técnica o éxito comercial, sino aquellas que dejaron una huella duradera en la cultura del país, lo que permite incluir obras técnicamente imperfectas pero de valor documental incalculable.
El único requisito formal de elegibilidad es que la grabación tenga al menos diez años desde su publicación. Esta cláusula de “periodo de enfriamiento” permite a historiadores y curadores evaluar el impacto de una obra con distancia temporal suficiente. La LC tampoco adquiere la propiedad de los derechos de autor de los títulos seleccionados: la ley la autoriza a trabajar con los titulares para asegurar que una copia de la “versión del registro” quede en sus bóvedas con fines de preservación y estudio académico. El acceso público a esas grabaciones suele estar restringido por las leyes de copyright, por lo que muchas solo pueden escucharse en las instalaciones de la institución en Washington D.C. o en el Campus Packard en Virginia.

La infraestructura de preservación
La inducción al NRR activa un protocolo de conservación física de alta exigencia. La mayoría de las grabaciones —tanto originales como copias maestras— se custodian en el Centro Nacional de Conservación Audiovisual (NAVCC), ubicado en el Campus Packard en Culpeper, Virginia, construido en un antiguo búnker subterráneo de la era de la Guerra Fría. La instalación cuenta con aproximadamente 38.553 metros cuadrados (415.000 pies cuadrados) dedicados a la salvaguarda de la memoria audiovisual, de los cuales 18.580 metros cuadrados (200.000 pies cuadrados) corresponden a bóvedas con control climático de precisión.
Las condiciones de almacenamiento son estrictas: temperatura constante de 10°C (50°F) y humedad relativa del 30%, parámetros que ralentizan el deterioro de los polímeros y previenen la proliferación de hongos o la oxidación de componentes metálicos. Antes de ser manipuladas, las grabaciones deben pasar por una sala de transición para evitar el choque térmico. Cuando un material llega al campus, a menudo requiere intervenciones de conservación previas a la digitalización: limpieza ultrasónica de discos, empalme de cintas magnéticas degradadas o el llamado “horneado” en hornos de convección para tratar el síndrome de pérdida de aglutinante. Hasta finales de 2018, la institución ya había creado más de 84.000 archivos de preservación de alta calidad.

Los casos de 2026: Swift y Feliciano
La inclusión de 1989 de Taylor Swift (2014) es la más reciente de la clase de 2026, con apenas el mínimo de diez años de antigüedad. La LC justificó su elección señalando que el álbum marcó la transición definitiva de Swift del country al pop, con una sofisticación en la composición que la crítica comparó con los grandes estándares de la industria. Más allá del valor estético, la defensa de Swift por la propiedad intelectual y el control sobre las grabaciones maestras la convirtieron en una figura de peso en la economía musical del siglo XXI, lo que otorga a sus grabaciones un valor documental adicional.
La inducción de Feliz Navidad (1970) responde a una lógica distinta: Feliciano compuso el villancico para evocar la nostalgia por su Puerto Rico natal y lo concibió como un estándar bilingüe capaz de llevar el sentimiento navideño puertorriqueño al resto del mundo. Su regreso anual a las listas de éxitos lo convierte en una de las piezas más resilientes de la cultura popular estadounidense. El artista manifestó sentirse “bendecido” por haber compartido su música durante más de seis décadas y por el impacto duradero que la canción mantiene en el público.

El resto de la selección de 2026
La lista completa incluye el sencillo Single Ladies (Put a Ring on It) de Beyoncé (2008), Mambo No. 5 de Pérez Prado, que consolidó al músico cubano como el “Rey del mambo”, y el álbum debut de Weezer, conocido como The Blue Album (1994), piedra angular del rock alternativo de los años noventa. Se incorporan también Beauty and the Beat de The Go-Go’s (1981) —el primer álbum de una banda femenina en llegar al número uno—, Modern Sounds in Country and Western Music de Ray Charles, que fusionó soul y country, y Teardrops from My Eyes de Ruth Brown (1950), considerada un punto de giro en el R&B temprano. La selección integra además la banda sonora del videojuego Doom (1993), la narración radiofónica de The Fight of the Century: Ali vs. Frazier (1971) y obras de Reba McEntire y Vince Gill.
La inclusión de la banda sonora de Doom consolida la presencia de los videojuegos en el canon cultural oficial: es apenas la tercera obra de ese tipo en ser seleccionada, tras Super Mario Bros. y Minecraft. Esta expansión del concepto de “grabación significativa” refleja una realidad generacional: para quienes crecieron en la era digital, la música de un videojuego posee una carga cultural tan profunda como un hit de rock o una sinfonía.

Representación latina y debates en torno al registro
La inclusión de Feliciano y Pérez Prado en 2026 se enmarca en un proceso de mayor visibilidad para los artistas latinos que arrancó con presión política directa. En noviembre de 2022, el Caucus Hispano del Congreso (CHC) envió una comunicación formal a la LC en la que señaló que las obras de músicos latinos representaban apenas el 3,8% del total del registro —23 de 600 grabaciones en ese momento— y exigió una mayor representación. Bajo el liderazgo del representante Joaquin Castro, el caucus presentó una lista de 33 nominaciones específicas que incluía éxitos como Hips Don’t Lie de Shakira, Gasolina de Daddy Yankee y Amor Eterno de Juan Gabriel. La presión tuvo resultados concretos: Gasolina ingresó al registro en 2023 y El Rey de Vicente Fernández lo hizo en 2025.
El NRR también enfrenta debates sobre la clasificación de géneros —el punk y el heavy metal suelen quedar agrupados bajo la categoría genérica de “pop”— y sobre la omisión de artistas masivamente influyentes cuya vida personal o letras generan controversia. Álbumes como The Marshall Mathers LP de Eminem o My Beautiful Dark Twisted Fantasy de Kanye West son señalados con frecuencia como ausencias notorias por especialistas que argumentan que el criterio de “significación histórica y estética” debería primar sobre cualquier consideración de aceptabilidad pública.

La colección completa de la LC supera los cuatro millones de documentos sonoros bajo custodia, lo que sitúa al NRR como una selección de apenas el 0,02% de ese acervo total. La Ley de Modernización de la Música (Music Modernization Act) ha comenzado a abordar la paradoja de un archivo nacional que el ciudadano promedio no puede escuchar libremente, al permitir que grabaciones anteriores a 1923 entren al dominio público, pero la gran mayoría de los 700 títulos del registro permanece bajo estricto control de copyright.
Fuente: Infobae