El reconocido bioquímico Mariano Barbacid, quien lideró el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), ha manifestado su firme intención de continuar con su labor científica. Su objetivo es reivindicar que el ruido no debe opacar el conocimiento, defendiendo una ciencia basada en el debate honesto y el respeto hacia quienes disienten.
Barbacid recibió la Medalla de Honor de Madrid de manos del alcalde José Luis Martínez-Almeida, durante las festividades de San Isidro. La distinción se le otorgó por sus investigaciones oncológicas de alcance mundial, su trayectoria científica estrechamente ligada a la capital, y por demostrar que España puede formar grandes investigadores reconocidos globalmente.
Desde el Palacio de Cibeles, el científico detalló que continúa trabajando en los mismos oncogenes que comenzó a estudiar hace 52 años, cuando se trasladó a Estados Unidos para integrarse en el Instituto Nacional del Cáncer. Fue allí donde logró descubrir y aislar el primer oncogén humano, determinando que provocaba cáncer debido a una mutación puntual.
El investigador expresó su gratitud por el abrazo colectivo que representa la Medalla, especialmente por ser madrileño de pura cepa. Con tono nostálgico, recordó: Mis abuelos ya eran madrileños. Mi familia paterna era de Cuatro Caminos, una zona en la que viví mis primeros doce años, en una pequeña calle, pero con un nombre muy ilustre, Don Quijote. Los doce años siguientes, hasta que me fui a Estados Unidos, también seguí habitando por esa misma zona. Pero ya, gracias al ascensor social que experimentaron muchas veces en la dictablanda, nos movimos un poquito hacia la calle Orense.
Desde esa ubicación, podía contemplar a diario el Estadio Santiago Bernabéu, confesándose un ferviente seguidor del Real Madrid, aunque su padre y tíos eran seguidores del Atlético de Madrid, en un guiño al alcalde Almeida, reconocido aficionado colchonero.
Un llamado al rigor científico
Barbacid subrayó la necesidad de centrarse en hechos verificables: En estos tiempos, más que nunca, debemos centrarnos en los hechos ciertos, en la evidencia, en el rigor que la ciencia exige. Cuando el ruido sustituye al conocimiento, la ciencia nos enseña que la verdad se construye con datos, con un debate honesto y respeto al disidente. Esa voluntad de diálogo es la que hace grande a Madrid.
Finalmente, el bioquímico reafirmó su compromiso inquebrantable con la investigación: Por eso quiero dejar algo muy claro, mi labor científica seguirá adelante, con más determinación si cabe que nunca, concluyó.
Fuente: Infobae