Hoy en día, más de 1.800 millones de personas en todo el mundo usan un iPhone. Quienes no tienen uno, probablemente trabajan con un MacBook, escuchan música en AirPods o llevan un AirTag en la maleta por si acaso se pierde durante un viaje. Desde que Apple fue fundada en 1976, la compañía ha sabido innovar en el ámbito tecnológico. Y si hay un nombre que inmediatamente se asocia a esa marca, ese es el de su creador, Steve Jobs (San Francisco, 1955 – Palo Alto, 2011).
Sin embargo, una de las reflexiones más recordadas del fundador de Apple no se refería a ningún teléfono inteligente, sino a la pasión por el trabajo. «La única forma de hacer un gran trabajo es amar lo que haces«, aseguró durante el discurso de graduación de la Universidad de Stanford en 2005, evento al que fue invitado como orador. Con el paso de los años, esta frase se ha convertido en una de las intervenciones más emblemáticas a nivel mundial. Hasta la fecha, el video oficial publicado por la universidad supera los 48 millones de visualizaciones en YouTube.
Jobs pronunció aquella cita mientras recordaba uno de los momentos más difíciles de su trayectoria: su salida de Apple en 1985. La empresa que había fundado junto a Steve Wozniak en el garaje de sus padres, cuando él tenía apenas 20 años, se había transformado en una multinacional valorada en millones de dólares. «En diez años, Apple pasó de ser solo nosotros dos en un garaje a una empresa de 2.000 millones de dólares con más de 4.000 empleados«, dijo Jobs.
El origen de la reflexión
Fue precisamente el ritmo acelerado de crecimiento de la compañía lo que obligó a Jobs a contratar a otra persona para codirigir la empresa: «Durante el primer año, más o menos, todo marchó bien. Pero luego nuestras visiones del futuro empezaron a divergir. Y finalmente, tuvimos un desencuentro. Cuando eso sucedió, nuestro consejo de administración se puso de su lado. Así que, a los 30 años, me marché, y de forma muy pública».
A pesar de que ya no lideraba la empresa que él mismo creó, se dio cuenta de que salir de Apple fue lo mejor que le pudo pasar: entró en uno de los periodos más creativos de su vida. «Estoy convencido de que lo único que me mantuvo en marcha fue que amaba lo que hacía«, explicó Jobs.

Durante los siguientes cinco años, fundó la empresa informática NeXT y se incorporó a Pixar, donde conoció a su esposa. En 1995 produjo Toy Story, la primera película de animación por computadora del mundo. «Estoy bastante seguro de que nada de esto habría pasado si no me hubieran despedido de Apple», afirmó.
Con esta idea en mente, Jobs pronunció la famosa cita: «Hay que encontrar lo que uno ama, y esto es tan cierto para el trabajo como para las relaciones amorosas. El trabajo ocupará una gran parte de tu vida, y la única manera de sentirte verdaderamente satisfecha es haciendo lo que consideras un gran trabajo. Y la única manera de hacer un gran trabajo es amar lo que haces».
El discurso también incluyó otras reflexiones personales sobre su vida. Jobs recordó cómo abandonó la universidad pocos meses después de empezar sus estudios y cómo, tras dejar las clases obligatorias, comenzó a asistir a cursos de caligrafía simplemente porque le parecían interesantes. Años después, aquellos conocimientos terminaron influyendo en la tipografía y el diseño del primer Macintosh, uno de los ordenadores más influyentes de la historia.
Esa filosofía acompañó toda la trayectoria de Steve Jobs, quien se convirtió con el tiempo en una de las figuras más influyentes de la historia reciente de la tecnología. Nacido en San Francisco en 1955 y adoptado por una familia de clase media, fundó Apple junto a Steve Wozniak en 1976 desde el garaje de sus padres.
Tras su salida, el magnate regresó a la empresa en 1997. Jobs falleció en 2011 a causa de un cáncer de páncreas, pero sus reflexiones sobre el éxito, la intuición y la pasión por el trabajo siguen teniendo impacto dos décadas después.
Fuente: Infobae