La inteligencia artificial en el entorno corporativo ya no es una amenaza lejana, sino una realidad que avanza rápidamente. Cada vez más empresas recurren a estas herramientas para recortar gastos, lo que pone en jaque la estabilidad de múltiples empleos, especialmente aquellos conocidos como “de cuello blanco”, es decir, los de oficina.
Durante el evento Mobile World Capital Barcelona, celebrado este miércoles en la capital catalana, María Luz Rodríguez, Catedrática de Derecho del Trabajo y Seguridad Social en la Universidad Castilla-La Mancha, lanzó una alerta: “Los call center anuncian que graban las llamadas para mejorar el servicio, registrando tu voz, pero también la del trabajador, porque con su voz entrenan a los bots para que, la siguiente vez que llamemos, nos conteste una voz automática”.
En este contexto, la catedrática subrayó que resulta “esencial” preguntarse a quién pertenecen los datos de entrenamiento de los algoritmos y la IA, ya que “el contrato laboral no permite capturar nuestros datos durante todo el día”. Por ello, Rodríguez insistió en que los representantes de los trabajadores deben participar en la gobernanza de la transformación tecnológica, garantizando que los datos sean moldeados con diversas perspectivas para formar a la inteligencia artificial.
Competitividad versus calidad laboral: un falso dilema
Un mito recurrente en torno a la implementación de la IA es que las compañías deben elegir entre ser competitivas o cuidar la calidad del trabajo. Eva Rimbau, Co-Directora del MBA online de la Universitat Oberta de Catalunya, desmontó esta idea: “Se ha demostrado que las compañías que cuidan a sus trabajadores, con formación, salarios dignos o estabilidad laboral, tienen mejores rendimientos”. Además, indicó que los empleados con mayor capacidad para utilizar estas tecnologías contribuyen a extraer un mayor provecho de la inteligencia artificial.
El control excesivo genera desapego
Otro aspecto clave es la productividad empresarial vinculada a la IA. La idea de que esta tecnología permite al empleado delegar las tareas más rutinarias sigue vigente, pero las expertas advierten sobre el peligro del control desmedido. “No cabe duda de que el control, ejercido de forma excesiva, como ver cuántas veces haces clic mientras teletrabajas, genera desapego, porque se rompe el contrato psicológico, que es algo que no está escrito y por el que la persona se siente legitimada para no comportarse de la forma más ética, porque siente que la empresa no lo ha hecho con ella”, explicó Rimbau.
La experta añadió que esto podría acarrear problemas para las empresas, ya que en la conducta del trabajador influye su “percepción de justicia”: “Si hay un despido derivado de la IA, pero se entiende que el procedimiento es justo, la reacción es de aceptación, pero si se percibe que no hay justicia, esto se rompe. Las empresas deben mirar más allá del corto plazo y ver qué se están ganando a medio y largo plazo”.
Asimismo, Rimbau recordó que la tecnología “lleva tiempo comiéndose las tareas de oficina”, aunque antes lo hacía de forma complementaria, como simplificar la elaboración de facturas. “La tecnología complementaba las actividades humanas. Ahora, con la IA, lo que hace es sustituir”. Como seres humanos, la experta destacó que “nos quedan las competencias más transversales, de criticar, poner en cuestión, las capacidades humanas que están a salvo y debemos desarrollar”.
¿Jóvenes o inteligencia artificial?
Otro debate candente es la empleabilidad de los ‘juniors’. Rodríguez reveló que, desde 2024, se ha registrado una reducción del 16% de trabajadores jóvenes, vinculada directamente al uso de la inteligencia artificial. A su juicio, las empresas han optado por reemplazar a los jóvenes con la IA, ya que “son más rápidas y baratas”.
La catedrática también alertó que “la IA va a ser un tsunami en el mercado laboral que afectará al 70% de los trabajos”, repitiendo las palabras de la directora del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, durante la última reunión en Davos con la presidenta del Banco Central Europeo. No obstante, aclaró que esto no implica necesariamente una pérdida masiva de empleos, sino una creciente desigualdad: habrá puestos muy vinculados a la tecnología, bien valorados social y económicamente, y otros, como los cuidados, con bajo valor añadido y salarios escasos.
El uso de la IA no se limita al ámbito laboral. Fuera de su jornada, los empleados también delegan tareas cotidianas en estas herramientas para ahorrar tiempo, lo que puede traer consecuencias. “Te acostumbras a que la IA haga el trabajo difícil y olvidas cómo se hace. Esto se llama descarga cognitiva y está en nuestra mano individual decidir qué dejamos que haga la IA por nosotros”, señaló Rimbau.
Por su parte, Rodríguez consideró que, al utilizar esta tecnología, debemos ser conscientes de que “le donamos capacidades intrínsecamente humanas, lo que debería hacernos reflexionar”. Según la experta, Europa ha comenzado a “poner un coto a los elementos más perniciosos” de la IA mediante leyes como la Declaración Europea de Derechos y Principios Digitales, que promueve un “constitucionalismo digital” para el uso de estas herramientas.
Regulación y el “efecto Bruselas”
En cuanto a la regulación del uso de inteligencia artificial en las empresas, las especialistas mencionaron el denominado “efecto Bruselas”: las multinacionales no europeas terminan adoptando las normas de protección de datos de la Unión Europea a nivel global, lo que permite a Bruselas influir en decisiones políticas mundiales más allá de sus fronteras.
Rodríguez consideró “esencial” el diálogo social y la negociación colectiva para forjar una sociedad tecnológica que incluya todas las voces. Por ello, abogó por la co-dirección y co-gobernanza empresarial, para “escuchar todas las voces que vayan a verse afectadas”.
Finalmente, Rimbau instó a “huir del cortoplacismo”, especialmente desde el lado empresarial, y a evaluar “las implicaciones a medio y largo plazo de las decisiones tecnológicas que se tomen”. Advirtió: “Empezamos a hablar de los cementerios de agentes de IA. Hay organizaciones que empezaron animadamente a desarrollar sus agentes de inteligencia artificial y, cuando este proceso cambió, estas dejaron de servir. No nos creamos que la IA va a venir a hacer todo, porque estas empresas ya están muriendo”.
Fuente: Infobae