Durante las últimas tres décadas, la selva atlántica de Brasil ha experimentado una transformación profunda debido a la deforestación continua. Aunque la cobertura de bosque nativo se ha mantenido relativamente estable, entre 28 y 30 millones de hectáreas entre 1989 y 2018, este equilibrio aparente oculta una realidad dinámica: la pérdida de árboles antiguos y biodiversos ha sido contrarrestada en superficie por el crecimiento de ejemplares jóvenes, que no ofrecen los mismos servicios ambientales ni albergan la misma riqueza biológica.
Entre 2000 y 2015, la pérdida anual de bosques maduros osciló entre 220.000 y 80.000 hectáreas, según un estudio de la revista Science Advances. En 2015 se registró el mínimo de esa serie, con 76.200 hectáreas perdidas. Sin embargo, el reemplazo por bosques más jóvenes ha provocado un rejuvenecimiento progresivo de la cobertura forestal. Actualmente, cerca del 11% de la selva atlántica está compuesta por vegetación joven, y un tercio tiene menos de 10 años.

El avance de la agricultura y las plantaciones comerciales ha sido el principal motor de la deforestación, con cultivos de soja, caña de azúcar y café expandiéndose rápidamente. En los últimos 40 años, la selva atlántica perdió 2,4 millones de hectáreas de vegetación nativa, según datos de Agencia Brasil, lo que representa una reducción del 8,1% respecto a la superficie de 1985. Actualmente, la región solo conserva el 31% de su vegetación original, y aproximadamente la mitad de la deforestación reciente afecta áreas con más de 40 años de antigüedad, cruciales para la biodiversidad y el almacenamiento de carbono.
La menor deforestación en Brasil en 40 años
La selva atlántica de Brasil ha alcanzado un hito histórico en 2025, con la cifra más baja de deforestación en cuatro décadas: 8.658 hectáreas, según un informe de SOS Mata Atlântica. Es la primera vez desde 1985 que la pérdida de cobertura forestal cae por debajo de las 10.000 hectáreas anuales. Este bioma, el más poblado del país y hogar del 80% de la población brasileña, incluye grandes urbes como Río de Janeiro y São Paulo.

Los resultados han sido recibidos con optimismo por organizaciones ambientalistas, que consideran posible alcanzar la “deforestación cero” en los próximos años si la tendencia se mantiene. Sin embargo, persisten riesgos significativos de retroceso. Entre las amenazas principales destaca la aprobación en el congreso del llamado “proyecto de ley de devastación”, que debilita la legislación ambiental, y la posibilidad de un cambio político hacia un gobierno menos comprometido con la protección ambiental en las elecciones presidenciales de octubre.
La disminución del 40% en la deforestación entre 2024 y 2025 fue confirmada por dos conjuntos de datos diferentes, ambos elaborados en colaboración con organizaciones no gubernamentales. Sin embargo, la ONG advierte que “la deforestación sigue siendo elevada” y señala que cada fragmento de bosque perdido tiene un impacto considerable en este bioma, que solo conserva un 24% de su cobertura forestal original.
Un elemento clave de la tendencia a la baja ha sido la presión pública, la movilización social y la aplicación de políticas ambientales y medidas de control. Pese a este escenario, la nueva ley ambiental, que elimina la necesidad de aprobación federal previa para autorizar la deforestación y transfiere esa potestad a autoridades locales, representa un retroceso sin precedentes desde la década de 1980. Aunque el presidente Luiz Inácio Lula da Silva intentó vetar partes de la ley, el congreso anuló dichos vetos, dejando la constitucionalidad de la norma en manos del tribunal supremo.

Iniciativas de restauración ecológica
Brasil ha puesto en marcha un ambicioso sistema de restauración forestal a gran escala en la Mata Atlántica, con el objetivo de recuperar 15.000 hectáreas de tierras degradadas en el norte del estado de Río de Janeiro, informó TV Brics. Esta iniciativa, considerada un hito en la sostenibilidad ambiental y la acción climática, integra la recuperación ecológica con el desarrollo económico regional.
La restauración se centra en áreas protegidas y sigue la normativa ambiental nacional orientada a la preservación de la biodiversidad. El programa, respaldado por el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES), forma parte de la Estrategia Forestal, que combina herramientas financieras y técnicas para impulsar tanto la regeneración ecológica como la bioeconomía.

Entre 2023 y 2025, esta iniciativa movilizó alrededor de USD 1.400 millones, con el potencial de plantar 280 millones de árboles, generar 70.000 empleos y capturar 54 millones de toneladas de carbono. El proyecto, citado por TV Brics, contempla la creación de más de 800 puestos de trabajo directos en viveros, recolección de semillas y labores de mantenimiento forestal, contribuyendo así a fortalecer la resiliencia climática y a proteger los hábitats naturales.
Como muestra de los avances ecológicos, se ha registrado la reproducción del guacamayo escarlata en la Mata Atlántica por primera vez en casi 200 años. Autoridades ambientales destacan que el regreso de esta especie, clave para la dispersión de semillas y la regeneración del bosque, refleja una tendencia positiva en la restauración del ecosistema y el fortalecimiento de la biodiversidad.
Fuente: Infobae